Espíritu social
Buenos Aires
La Sociedad Cooperativa de Crédito, Consumo y Vivienda de Villa Pueyrredón inició, en 1962, una fecunda trayectoria de trabajo colectivo en pos del bien común. Hoy es la filial 22 del Credicoop.
Maximiliano Senkiw



Acto.
Vecinos y dirigentes asisten a la apertura del edificio definitivo de la caja de crédito de Villa Pueyrredón, en avenida Mosconi 2793.



Al calor de un movimiento cooperativo de crédito que tomaba fuerza y se expandía rápidamente por todo el país, un grupo de dirigentes barriales decidió formar, en 1962, Villa Pueyrredón Sociedad Cooperativa de Crédito, Consumo y Vivienda, que impulsó, con el acompañamiento del IMFC, el desarrollo de comerciantes, industriales, profesionales y trabajadores del norte de la ciudad de Buenos Aires.

La caja creció de manera vertiginosa: en menos de dos años logró tener una masa societaria consolidada que obligó a los dirigentes a trasladarse a un nuevo espacio, dejando las humildes instalaciones de la avenida San Martín en las que había comenzado su actividad. La primera mudanza fue a un local de avenida Mosconi 2309, para luego, unos años después, adquirir un espacio definitivo, en el 2793 de la misma calle. «Fuimos creciendo vertigino-

samente, tanto es así que teníamos que buscar un local mucho más grande  y conseguimos el de Mosconi 2793, donde actualmente está la filial 022 del Banco Credicoop. Desde ahí se proyectó el trabajo de nuestra entidad», explicaba al Archivo Histórico del Cooperativismo de Crédito, Jacobo Guinzburg, secretario y gerente de la caja y uno de los dirigentes pioneros de la entidad. «Nosotros buscamos crear ese movimiento cooperativo con el fin de aunar a la pequeña y mediana empresa», añadía el dirigente.



Rol protagónico

La caja de Villa Pueyrredón fue además un gran articulador social. Su impacto y su tarea en el barrio afianzaron el vínculo con muchas organizaciones de su entorno, construyendo así una importante red de acción comunitaria. Clubes, bibliotecas, escuelas y otras instituciones trabajaban conjuntamente y se apoyaban en la caja para desarrollar sus proyectos. «Éramos muy amplios dentro de la dirección de la comisión. Se hizo un trabajo muy positivo con todas las instituciones de bien público. La cooperativa era muy renombrada», afirmaba Guinzburg. Y agregaba, en un artículo publicado en Acción en 1970: «Es justamente este espíritu abierto lo que nos ha significado la sincera y calurosa amistad de las más diversas organizaciones vecinales. Es más, podemos decir que la representatividad alcanzada por nuestro consejo de administración nunca fue tan amplia como hoy; es sin duda alguna el fruto y el testimonio de esa orientación». Ese perfil institucional se acompañaba además de una nutrida labor cultural: la cooperativa organizaba permanentemente conferencias, debates y espectáculos artísticos.

Santiago Bressani, entonces presidente de la cooperativa, expresaba en la mencionada nota de Acción: «A todos se mide con la misma vara y todos reciben iguales beneficios». Con esos principios solidarios y democráticos la caja porteña logró dejar una huella significativa en el barrio. Algunos de los hitos que los dirigentes recuerdan son la construcción de la clínica de Villa Pueyrredón, el desarrollo del centro comercial del barrio, los terrenos propios que pudieron adquirir diversas instituciones vecinales y las piletas de natación que construyeron distintos clubes. Todas esas iniciativas contaron con el apoyo de la cooperativa.

Miguel Roitenburd, Ángel Barberessi y Tobías Goldfrab fueron dirigentes que formaron parte del grupo que dio vida a Villa Pueyrredón Sociedad Cooperativa de Crédito, Consumo y Vivienda, una entidad que llegó a superar los 8.000 asociados. Esos cooperativistas, y muchos más, consolidaron la propuesta de un modelo de economía popular y equitativa que encontró en las dictaduras de 1966 y 1976 sus dos obstáculos más duros. La caja de Villa Pueyrredón pudo recuperarse del embate de la dictadura de Juan Carlos Onganía y se plegó, una década después, a la fusión de las cajas que derivó en la fundación de bancos cooperativos, alternativa que se propuso cuando el gobierno de facto de la junta militar estableció por decreto la aún vigente «ley» de entidades financieras. Fueron severos ataques a la economía cooperativa, a sus principios y a sus dirigentes. Sin embargo, la caja de Villa Pueyrredón logró sostenerse hasta el momento en el que pasó a ser filial del Banco Credicoop. «A las cooperativas desgraciadamente nos obligaron a ser banco. Bueno, fuimos banco, pero no dejamos la esencia de la cooperativa», decía Guinzburg.

Solidaria, participativa, atenta a la construcción de una economía justa y dispuesta a intervenir en el mejoramiento de la sociedad, Villa Pueyrredón Sociedad Cooperativa de Crédito, Consumo y Vivienda fue otro de los ejemplos de entidades gestadas con el acompañamiento del IMFC, que trazó un sendero indeleble en la historia del cooperativismo de crédito. Supo conjugar voluntades en pos del bien común y dejó como legado un sinfín de dirigentes formados en el ideario de la economía solidaria. «Tenemos la certeza de que la salida no pasa por el individualismo sino que pasa por el colectivo –resumía Guinzburg–. Vamos a poder volver a luchar y a esclarecer a ese pequeño y mediano empresario cuando su salida no pase por cerrarse dentro de su empresa sino por reunirse con sus pares».