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es la cantidad de empresas que se destruyeron en los últimos cuatro años, lo que equivale a un 3,4% menos de firmas que en 2015. Pese a que los funcionarios aseguran que existe una creación neta de empresas, lo que responde a una selección darwiniana de las más aptas y competitivas, las cifras de la AFIP muestran que la desaparición de compañías fue más intensa entre aquellas que generaban mayor valor agregado y empleo. «Tomando solamente el último año, la caída alcanza al 2,7%, la mayor pérdida desde la crisis de 2001-2002, lo que da cuenta del fuerte impacto de la corrida cambiaria y las posteriores medidas de ajuste fiscal y monetario», señala un informe de la consultora Radar.
«Todo indica que esta dinámica se mantendrá en lo que resta del año», agrega el informe de la consultora que conduce la economista Paula Español, elaborado antes de las elecciones primarias.
Los cierres responden a menor demanda interna, incremento de los costos financieros, falta de previsibilidad en los negocios y recesión económica con niveles de inflación por las nubes. Los sectores más perjudicados fueron el comercio y la logística y más atrás servicios e industria.