Acuñar la desmesura
Pablo Imen
Vicerrector del Instituto Universitario de la Cooperación (IUCOOP)

CABA. Rodríguez Larreta con Acuña: expresiones que revelan un modelo de educación. (NA)

La intervención desmesurada de la ministra de Educación porteña, Soledad Acuña, despertó una masiva reacción de repudio expresada por organismos de derechos humanos, sindicatos docentes y universidades públicas.
La retórica de Acuña, repleta de descalificaciones, se dirigió contra docentes, instituciones educativas, sindicatos docentes y el kirchnerismo: una incontenible pieza del clasismo más odiador, que no ahorró adjetivos ni llamamientos a la delación. ¿Cómo puede entenderse esa táctica de confrontación abierta contra las comunidades educativas, las instituciones, los educadores y educadoras, los «pobres»?
A partir de este evento vale la pena señalar tres elementos que van más allá de la estupefacción por esa catilinaria anunciando clarines de guerra. En primer lugar, esas palabras agresivas han sido la contraparte consistente de una política educativa que, desde 2007, ha intentado reducir el espacio de lo público a través de una gestión autoritaria y privatizadora. La temprana prohibición en 2008 del entonces ministro Mariano Narodowski a los y las docentes de hacer declaraciones públicas por medios de comunicación o la instalación del 0800 Buchón para denunciar presuntas actividades políticas promovido por Esteban Bullrich se continúan en la gestión de Acuña, quién convoca a las familias a denunciar toda «bajada de línea». O, al menos, toda «bajada de línea» que discrepe de la oficial. Un informe producido por Familias por la Escuela Pública revela que el presupuesto de educación en la Ciudad descendió entre 2007 y 2020 del 26,19% al 16,8%. Es en los hechos donde se terminan las promesas.
En segundo lugar, es importante señalar que el Gobierno de CABA expresa un proyecto civilizatorio, el neoliberalismo. En el campo de la educación, la propuesta hegemónica usa el concepto llave de «calidad educativa» para encuadrar las relaciones pedagógicas en torno a la preparación eficaz para los operativos estandarizados de evaluación. Las respuestas correctas a un conocimiento incuestionable resulta ser no solo el sentido del aprendizaje de los y las estudiantes sino el asfixiante yugo que se proponer regular y condicionar el trabajo de los y las educadoras. Otro componente del proyecto aún predominante es el establecimiento de la informática y las comunicaciones como dispositivo pedagógico privilegiado. La pandemia no ha hecho sino potenciar la centralidad de la educación virtual reduciendo el aprendizaje a la transmisión acrítica de conocimientos a través de una computadora. Y en tercer lugar, arrecian las críticas de tecnócratas y mercaderes contra los y las profesoras, las instituciones escolares y el propio sistema educativo. Estos elementos se han apreciado durante los gobiernos del PRO. En la Ciudad, el proyecto de Secundarias del Futuro –que se propone concentrar el 70% del tiempo escolar en el hogar con una computadora– es un botón de muestra del modo en que las grandes ideas de las usinas neoliberales se traducen en las políticas públicas. La creación de UNICABA es una operación complementaria para vaciar los Institutos de Formación Docente, demasiado rebeldes ante el proyecto enajenante de «calidad educativa» del oficialismo porteño, con el objetivo de disciplinar a los futuros educadores.
El tercer punto es que estos debates y combates adquieren ribetes de urgencia en tiempos de la transición a la pospandemia. La coincidencia unánime sobre el hecho de que ya nada volverá a ser como antes abre el interrogante sobre si la sociedad –y la educación– será más o menos justa, democrática, diversa y libre. Los dichos de Acuña no son sino el tambor de guerra que se propone convertir el sistema educativo de CABA en un pantano pedagógico neoliberal. ¿Qué harán frente a esta declaración quienes son visualizados como acusados o como víctimas? Los colectivos docentes, las instituciones educativas, los gremios de educadores deberán contestar con su propia voz, no solo resistiendo los avances en curso sino generando una alternativa pedagógica que alumbre una educación emancipadora que contribuya a que la Humanidad encuentre la senda, en el siglo XXI, para ser más humana.