Aniversario. Treinta y cinco años, ¿de qué?
Ulises Gorini

La polémica se instaló antes de que Raúl Alfonsín asumiera la presidencia el 10 de diciembre de 1983. ¿Cómo había que llamar al proceso político que se iniciaba? ¿Transición a la democracia o postdictadura?
Podía interpretarse como un mero debate de intelectuales, pero, en realidad, se trataba de una cuestión fundamental, que hacía tanto a la comprensión del momento que se vivía como a las políticas que debían implementarse sobre la base de ese entendimiento.
Los que optaban por hablar de transición a la democracia hacían hincapié en el ostensible cambio de escenario y protagonistas, en el desplazamiento de los militares de los órganos de gobierno y su reemplazo por autoridades designadas constitucionalmente, y en la recuperación de los derechos civiles y políticos consagrados en la Carta Magna.
Los que cuestionaban esa denominación sostenían que si bien se sabía qué dejaba atrás esa supuesta transición, nadie podría asegurar que el destino final de la misma fuera la democracia. Había que referirse, entonces, a una postdictadura. Era una necedad desconocer la importancia de la recuperación de libertades esenciales que habían sido conculcadas por la dictadura. Pero eso, por sí solo, no alcazaba para hablar de un futuro democrático asegurado.
En efecto, la amenaza latente de un partido cívico-militar que había gobernado durante los últimos siete años y que, cíclicamente, en un pasado que se remontaba a la década del 30 del siglo XX, había asumido el poder y condicionado a los gobiernos constitucionales, los críticos problemas económicos que dejaba –entre ellos la enorme deuda externa–, la continuidad de un sistema de medios de comunicación cómplice con el terrorismo de Estado, la persistencia de un poder económico que no solo se había beneficiado con el régimen depuesto, sino que había sido sostén del mismo, no podían menospreciarse y tornaban incierto el futuro democrático.
Los embates militares carapintadas y los golpes económicos que sufriría el propio Alfonsín probaron esos límites. Y, en general, más allá de su presidencia, los altibajos, y los avances y retrocesos de los 35 años transcurridos tienen que ver tanto con las rupturas como con las continuidades relativas al régimen depuesto en 1983.
El debate sobre transición o postdictadura tiene, pues, una actualidad indiscutible. Poner en duda la importancia de los derechos y libertades conquistados sería ceguera. Pero, ¿no son extremadamente notorios los límites a esos derechos y libertades?
La Universidad Católica Argentina difundió en diciembre una estadística según la cual los pobres en nuestro país alcanzaron el 33,6% de la población. Entre los menores de 17 años, ese porcentaje llega al 51,7%, más de la mitad de los habitantes. ¿Cuánta pobreza resiste la democracia? O, planteado de otro modo, ¿es democracia un país con estos niveles de pobreza?
Si la democracia tiene como sujeto al ciudadano, ¿la pobreza no corroe hasta su desintegración la noción de ciudadanía? La pobreza no solo es falta de recursos económicos. Es falta de alimentación adecuada, vivienda digna, salud y educación. En una sociedad en la cual la enorme mayoría de los derechos constitucionales dependen de la solvencia económica, ¿qué derechos le quedan al pobre?
De algún modo, el debate sobre si el macrismo representa una derecha democrática tiene que ver con estos interrogantes y reactualiza el debate sobre transición o postdictadura. ¿Puede afirmarse que una derecha que aplica políticas neoliberales que profundizan la pobreza y la desigualdad es democrática? Y más esencialmente: ¿es escindible la democracia de las relaciones económicas y las sociales?
«Con democracia se come, se cura y se educa» predicaba Alfonsín durante su campaña electoral en 1983. El eslogan podría interpretarse como una promesa, pero también como un concepto de la democracia. Entonces, cumplimos 35 años, ¿de qué?
Basta compartir la frase del expresidente radical para saber la respuesta.



Pregunta. ¿Es democrático un país en el que la mitad de los menores de 17 años son pobres? (Jorge Aloy)