Armas financieras
Whitney Webb
La periodista sostiene, con base en documentos filtrados por WikiLeaks, que los organismos internacionales, entre ellos el FMI y el Banco Mundial, forman parte de las herramientas del poder estadounidense para defender sus intereses, del mismo modo que los dispositivos militares.
Texto y fotos: Francisco Peralta

Estadounidense, oriunda de Florida, radicada en las afueras de la bella ciudad de Pucón, un pequeño paraíso turístico y natural del sur chileno, la joven periodista, antropóloga y bióloga, escribió sus primeras notas en un blog personal en el que fundamentalmente difundía las consecuencias del desastre ecológico de la marea roja creada por el impacto de las empresas salmoneras en Chiloé. Tiempo después, la editora dueña del sitio Mintpressnews, Mnar Muhawesh, le ofreció publicar sus artículos luego de haber leído una nota suya acerca del rechazo de Bolivia a las imposiciones del FMI y otras entidades financieras. Desde entonces escribe allí regularmente como analista internacional, basándose en hechos e informaciones que los medios hegemónicos se ocupan de no difundir masivamente. El destacado documentalista australiano-británico y corresponsal de guerra John Pilger, comparte con ella el elenco independiente y estable de ese sitio de noticias, que permanentemente propone una relectura geopolítica de los principales acontecimientos mundiales, desde una mirada antiimperialista. Colabora con medios de comunicación que impulsan agendas informátivas alternativas, entre ellos, Global Research, EcoWatch y el Instituto Ron Paul.
El interés de Acción en el trabajo de Whitney Webb surge de un artículo que se titula «Un documento filtrado de WikiLeaks revela el uso que hace el ejército estadounidense del FMI y del Banco Mundial como armas de guerra no convencional», publicado en febrero de este año en mintpressnews.com.
–En tu artículo mencionás que si bien existía esta información desde diciembre de 2008, sale a la luz por WikiLeaks y no por los medios de comunicación. ¿Cómo funciona el uso de entidades financieras como armas de guerra no convencional?
–El manual es sobre operaciones del ejército en guerra no convencional y tiene varios instrumentos financieros que se usan con la intención de hacer ese tipo de guerra. En Estados Unidos dicen que hay varios motivos para eso. Uno que llama bastante la atención tiene que ver con abrir mercados cerrados a empresas estadounidenses. Venezuela viene siendo un buen ejemplo de eso, donde por ejemplo el sector del petróleo está cerrado a las empresas estadounidenses. Hace poco John Bolton (asesor de seguridad nacional de Donald Trump) dijo abiertamente que quería tener empresas estadounidenses produciendo el petróleo en ese país. Allí ya han hecho mucha guerra económica. El exrelator de la ONU en Venezuela, Alfred de Zayas, en un informe sobre la situación humanitaria, señaló que las sanciones económicas impuestas pueden compararse con un arma medieval, que se usaba desde fuera para atacar a las ciudades antiguas, la catapulta. Técnicamente las sanciones son un bloqueo que tiene como objetivo generar descontento social para que la misma gente del país haga un golpe. Cuando en ese manual hablan de las herramientas financieras, plantean abiertamente el uso de la influencia persuasiva de instituciones como el FMI (Fondo Monetario Internacional), el Banco Mundial y la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), entre otros. Y eso es solo una parte del documento, también hablan del uso de herramientas diplomáticas. Son más de 240 páginas en las que se detallan todas las armas que deberían ser parte de cualquier guerra no convencional que ejecutan el ejército y el Gobierno de EE.UU. Se nota en muchos países cómo las utilizan. Especialmente donde hubo intervención militar, el gobierno primero impuso sanciones económicas, por ejemplo, en Irak en los 90. La invasión de Irak no tuvo que ver con la existencia de armas de destrucción masiva, sino que, como todos sabemos, fue un saqueo planificado años antes por Bush y su gente. Lo mismo está pasando en Irán y en Venezuela. Vamos a ver si eso desemboca en una guerra, pero es muy probable. John Bolton tiene una obsesión y durante años viene escribiendo que hay que bombardear Irán, incluso inventando informes de inteligencia para justificarlo. Ese hombre es muy peligroso.
–¿Cómo deben operar los organismos financieros según este documento?
–En el manual se habla de cómo estas herramientas financieras, los organismos internacionales, que usan el Gobierno y el ejército de Estados Unidos, también son herramientas para el saqueo de países. Por ejemplo, piden ajustes estructurales y, además, les piden a los países que vendan los recursos del Estado y los pasen a manos privadas. Y lo que pasa es que esas empresas por lo general tienen conexión con el gobierno nuevo o gente poderosa de la oligarquía. Y ahí empiezan a sacar provecho de los recursos que han tomado. Cuando se privatizó el agua de Bolivia, la empresa Suez ofrecía un peor servicio que antes y le cortaba la prestación a mucha gente. Por suerte, la gente luchó por el agua y tuvieron éxito en eso, pero es uno de los pocos ejemplos. Pero hay muchos países donde no ocurre eso. En Grecia, por ejemplo, casi todas las empresas están en manos privadas, de capitales de Alemania o Francia. Recordemos que antes de ser presidenta del FMI, Christine Lagarde era la ministra de Economía de Francia. En la Argentina, por ejemplo, Mario Blejer, que es el segundo en el directorio del Banco Hipotecario, fue parte de ese organismo internacional y fue presidente del Banco Central. En la investigación que estoy haciendo actualmente para un reportaje surge que hubo varios casos de gente que trabajó en el Banco Central de la Argentina y después fueron parte del FMI. Eso se repite en varios países.
–¿El manual hace referencia a una articulación entre el ejército de Estados Unidos, los organismos financieros y los ejércitos de los países de Latinoamérica?
–En ese manual no se habla directamente de regiones mundiales, como podríamos decir Asia o América Latina. Es más general. Pero por la misma información que ya está abierta sabemos que el ejército estadounidense tiene mucha cooperación con las fuerzas armadas en casi toda Latinoamérica. Colombia, Perú y Brasil son un buen ejemplo de eso. Hace unos años había una especie de juegos de guerra entre estos países, y Estados Unidos estableció una base militar temporaria en Brasil que aún existe. La influencia del ejército estadounidense existe a través de esa cooperación, pero eso depende de cómo está el vínculo con el gobierno de cada país latinoamericano. Por ejemplo, Venezuela, Nicaragua, Cuba y Bolivia no hacen eso.
Como ese manual muestra, el ejército estadounidense tiene conexión con esas instituciones financieras y las puede utilizar como armas. Y además, en el manual se explica que el Área Operativa de Guerra No Convencional (UWOA) decide, en conjunto con la CIA y el Departamento de Estado, dónde aplicar esas armas financieras para lograr un mayor efecto. También hay que prestar atención al rol que cumple
 Israel como fabricante de armas y su ejército entrenando ejércitos en el mundo, cosa que se nota claramente en varios países
latinoamericanos.
–¿No lo decide el Congreso de EE.UU. o el presidente?
–No, pero el Consejo de Seguridad Nacional (NSC), cuyo líder es el mismo John Bolton, tiene un rol importante en aprobar el uso de las armas financieras. Bolton es elegido por el presidente, de manera que el presidente participa indirectamente. El Congreso de Estados Unidos tiene muy poco poder, especialmente después de 2001. Desde entonces, los presidentes han declarado guerras con la excusa de luchar contra el terrorismo, no oficialmente, sin la aprobación del Congreso. Por ejemplo, Yemen, Nigeria. También cuando enviaron fuerzas a Siria. Libia tampoco pasó por la aprobación del Congreso.  
–En décadas anteriores Estados Unidos entrenaba represores en la Escuela de las Américas y exportaba economistas formados en la escuela de Chicago para gerenciar sus intereses en los países de América Latina. ¿Hay nuevas formas de entrenar dirigentes para que operen en los países en los que pretenden librar esas guerras no convencionales?
–Hay otras herramientas más sofisticadas que utiliza Estados Unidos, como la Fundación Nacional para la Democracia (NED), que entrena activistas en varios países y que han estado vinculados con golpes de estado o a intentos de golpes suaves. En Venezuela, por ejemplo, Juan Guaidó estudió en la Universidad George Washington, en la capital de los Estados Unidos y recibió plata de la NED y otros grupos así. Esa sería la clase de político y activista que entrenan en varios países. Hace poco intentaron hacer un golpe contra Daniel Ortega en Nicaragua, y creo que puede empezar de nuevo próximamente. En 2009 fue el golpe en Honduras y eso recibió muy poca atención en los Estados Unidos.

–¿Qué rol juega internet en esta disputa?
–Hay un libro muy bueno de Yasha Levine que se llama El valle de la vigilancia, la historia militar secreta de la internet, en el que se muestra evidencia de que el Gobierno de Estados Unidos originalmente aportó a la creación de la internet en los 60 como una herramienta futura del ejército contra el terrorismo y también para usarlo como arma de guerra. Y el rol de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa (DARPA) que es como el arma de investigación del Pentágono que ha tenido un rol muy importante en la historia, principalmente en los 90. También hubo gente que desde que se creó tuvo una visión utópica de que internet serviría para un intercambio de ideas, libre y no regulado por el Estado. En la historia de internet está esa lucha entre el intercambio libre de información y las formas de controlar esa información para hacer daño. Ahora mismo esa tensión existe, hay noticieros independientes que intentan presentar información para que la gente pueda formar sus propias opiniones.
–¿Creés que el flujo de información en las redes sociales puede ser inmovilizante?
–Eso tiene que ver con aspectos psicológicos que generan las redes sociales. Han hecho estudios sobre el uso de Facebook, por ejemplo, y cómo se relaciona con el comportamiento antisocial o la dispersión de la gente y se concluyó que pueden tener un efecto muy negativo en las emociones de las personas. Y a pesar de que Facebook se supone que es para conectar más a la gente, al final se sienten menos conectados, porque si bien se interactúa con personas reales, se hace a la distancia, virtualmente. Yo opino que se va a necesitar una situación bastante grave para despertar a esa gente y que logre salir de esa adicción a las redes sociales y esa manera muy perezosa de manejar la información.
–Más allá de lo virtual, en las calles y en otros ámbitos se cuestiona esa estructura oligárquica moderna de la que hablás en tus artículos. ¿Qué creés que les falta a esas expresiones populares para conseguir lo que reclaman?
–Yo encuentro que todo ese movimiento ha tenido éxito a su manera, pero también veo que en casi todos los casos falta encontrar una manera efectiva de luchar la guerra informativa. Por ejemplo, en Haití, cuando se desataron las protestas contra el gobierno, en Estados Unidos, con la idea de deslegitimar la protesta, mostraron fotos de un haitiano manifestándose con una foto de Vladimir Putin e intentaron vincular a Rusia y generar un ambiente de «rusofobia». Lo mismo con los chalecos amarillos en Francia, después de varios meses de movimiento popular, el presidente Macron está diciendo que son antisemitas. Entonces estamos viendo que la gente que participa de esas protestas no cree esa información, saben que eso no es así, pero la gente de otros países no lo sabe, ve esos reportajes y piensa que eso es cierto. Por eso se necesita difundir información que muestre lo que realmente está pasando. La mayoría de los noticieros que difunden esa información son pequeños noticieros independientes, pero para mí esos movimientos populares necesitan entender cómo es la lucha informativa y si no tienen algo para hacerle frente al establishment y las mentiras que van a decir sobre ellos, van a estar en problemas muy rápidamente.