Bajo consumo
Macroeconomía
Como todos los agregados económicos nacionales, también el gasto privado cae en picada, en particular en alimentos y bebidas. Cambios de hábitos por incrementos desmedidos de precios. Las tres principales alimenticias locales en rojo.
Mirta Quiles


Canasta básica. Los aumentos de los productos de primera necesidad llegan al 53% interanual a enero de 2019 y se prevé que seguirá la tendencia. (NA)

Pese a los vaticinios de consultoras privadas y del mismo presidente de la Nación, la inflación de enero fue de 2,9%, por encima del 2,6% de diciembre, y fueron los alimentos y bebidas los que empujaron la suba: en enero fue de 3,4%, llevando el aumento de los precios en los últimos doce meses al 53%. Por su parte, en la Ciudad de Buenos Aires, el aumento mensual fue superior: 3,8%, mientras que el rubro alimentos y bebidas no alcohólicas llegó a 3,6% impulsados por carnes y derivados (4,9), leche, productos lácteos y huevos (3,9) y pan y cereales (3,1).
De acuerdo con datos de la Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables (RIPTE), que elabora el Gobierno, en 2018 los salarios de los trabajadores formales aumentaron 30,6%, cuando la inflación del mismo período ascendió a 47,6% según el INDEC. La pérdida ascendió a 17%, con un retroceso del poder de compra de los salarios del 11,5% anualizado. Este impacto de la devaluación en los salarios junto con el fuerte incremento de precios en los productos de primera necesidad (como consecuencia de la corrida cambiaria de mayo) afectó en forma directa e inmediata en el consumo, en particular, de productos alimenticios que verificaron aumentos superiores al promedio de otros bienes y servicios. Y puede constatarse –al desagregar el conjunto de alimentos y bebidas–, que son los más básicos y esenciales los que muestran mayores incrementos. Harinas y derivados (como el pan) y productos lácteos (leche y yogurt) picaron en punta en el ranking.
Un estudio de la consultora Focus Market registró para todo 2018 una caída de las ventas de consumo masivo del 4,6%, verificándose las bajas más importantes en diciembre (13,1%) y noviembre (10,1%). Mientras que los descensos –en todos los rubros– se notaron con mucha más fuerza en el interior del país, seguido por el área metropolitana de Capital y Gran Buenos Aires. Señala el trabajo, además, que los productos alimenticios que más aumentaron durante el año pasado fueron: harinas (131,6%), pastas secas (96,6%), jugos líquidos (78,9%), hamburguesas (71,6%), aceite (69,2%), yerbas (57,8%) y dulce de leche (54%). Por su parte, un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) sostiene que, «el incremento de la canasta básica en el mes de enero fue de 3% (2,9% según el Indec) respecto de diciembre de 2018, 63% respecto de enero de 2018 y 244% respecto de octubre de 2015».


De salto en salto
El salto de los precios en productos como el trigo, el arroz, el maíz y el girasol, y sus derivados, se explica por su destino de exportación: en consecuencia, su precio está atado a la cotización internacional. Para el tercer trimestre de 2018, en los precios promedio informados por el INDEC, la harina encabezaba el ranking, con un alza de 144%, arrastrando al pan, que se incrementó 65,8%, a los fideos, que subieron 68,8% y a las galletitas, que aumentaron 26%.
Mientras que en el segmento de carnes y lácteos, en su mayoría destinado al mercado interno, los precios se definen en el ámbito local, devaluación mediante. Sin embargo, y en línea con la caída del consumo de productos de la canasta básica, la Dirección de Estudios Económicos de la Secretaría de Agroindustria informó que el volumen de carne bovina destinado al mercado interno, medido por su consumo aparente, registró en diciembre de 2018 una disminución de 10,9% con respecto a igual mes del año anterior. Mientras que las exportaciones de carne bovina acumularon un crecimiento de 77,8% con respecto a 2017. En lo que se refiere a lácteos, de acuerdo a un trabajo de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV), durante los últimos tres años «los aumentos promedio de precios en lácteos fueron del orden del 170% acumulado». Y en lo referido a consumo señala: «Las ventas de leche fluida cayeron por tercer año consecutivo y ya acumulan una retracción del 10%».
«Pensemos en un hogar de nivel socioeconómico bajo inferior –representado por el 17% de los hogares argentinos– que destina el 57% de su salario a productos de consumo masivo,  si sus ingresos crecen debajo de la inflación, su único camino es consumir menos», señala Federico Filipponi, director comercial de la consultora Kantar Worldpanel Argentina. Pero no solo los deciles más bajos cambiaron forzosamente sus hábitos de consumo como consecuencia de la fuerte suba de precios de los alimentos. También los sectores medios y altos los modificaron. De acuerdo a una encuesta sobre consumo del CEPA y el Instituto Proyección Ciudadana de septiembre de 2018 en el Área Metropolitana, el 34% de los consultados señaló que redujo el consumo de lácteos, el 54% el de carnes y el 63% el de frutas. «La evolución del consumo muestra que en todos los niveles socioeconómicos (alto, medio, bajo) hubo un porcentaje relevante que disminuyó las cantidades consumidas», señala el relevamiento.
Y para lo que resta de 2019 no se presenta un panorama con  mejores expectativas. «Por un lado, la inflación permanecerá en un nivel muy elevado y estará condicionada a la evolución del tipo de cambio, lo que afectará al consumo. Por otro lado, en un contexto de continuidad de suba de tarifas, pérdida de dinamismo del mercado de trabajo y un exigente ajuste del gasto público, no será posible compensar el arrastre estadístico de la baja del consumo, estimado en -5,0% para el año», señalan desde el Instituto de Trabajo y Economía (ITE).