Breves amores eternos
Pedro Mairal - Planeta - 336 páginas

Si en La uruguaya, la novela que fue un fenómeno editorial, Pedro Mairal seguía las curvas del deseo de un hombre, Breves amores eternos traza un circuito por el que transitan distintos personajes disparados como asteroides hacia el sexo. Con una capacidad sobresaliente para introducir al lector en la historia de distintas formas, los cuentos del autor organizan un tejido de la diversidad que invita a evocar al placer de las formas más curiosas. Desde el hombre de clase media que en las vacaciones le dice a su mujer que se va a jugar al golf, cuando en realidad va a encontrarse con una prostituta («Un verano feliz»), a la historia de una mujer que es seducida por un compañero, del cual deduce que hace bien el amor porque conduce bien su auto («Cero culpa»), pasando por la historia del marido que, en el medio del sexo con una amante joven, pierde el anillo de compromiso en la bañera («El anillo»), en la primera parte del libro cada uno de los personajes responde a una urgencia, trata de escapar de una vida que aprieta lo suficiente como para buscar el goce en otro lado. En la segunda parte, titulada «Hoy temprano», el relato corto parece reconocer otro tiempo, como si el autor inspeccionara sus nuevos pasos. A partir de entonces se observa un tono menos trepidante, más detallista y más poético en la escritura de Mairal. En este tramo de Breves amores eternos, de una polifonía más armónica que la del comienzo, se destaca la historia del encuentro entre los sobrevivientes de un accidente de la adolescencia («Los héroes») y el de una mujer que no logra quedar embarazada («El nieto del viejo Pintos»). Un libro que se despliega con una felicidad pocas veces vista.

Damián Damore