Cambiantes
Rodrigo López
Economista

Decían los filósofos presocráticos que una persona no puede meterse al mismo río dos veces, incluso ni siquiera una vez, porque el río y la persona ya no son los mismos. El cambio continuo es lo único estable. Algo parecido puede decirse del régimen cambiario argentino.
En los últimos tres años y medio pueden identificarse al menos cinco regímenes distintos. El actual gobierno comenzó quitando los controles de cambio y liberalizando el dólar. En 2018 ensayaron una política de intervención en el mercado, mostrando una gran oferta de dólares para controlar su precio. Según datos del BCRA, de enero a agosto salieron 22.817 millones de dólares. En el último año se pasó de un sistema de bandas mínima y máxima de no intervención, con una amplitud entre bandas cercana al 25% y un sendero de devaluación de las bandas programado en el tiempo. Al salirse de la banda superior, el BCRA podía intervenir con 150 millones de dólares diarios. Luego se congeló el tope de la banda de arriba hasta fin de año, de forma de asegurar la intervención hasta las elecciones. Finalmente, tras un «me gusta» a regañadientes vía Twitter del FMI, se eliminó la banda de arriba, habilitando de forma inmediata la llamada «intervención libre».
En este derrotero del cambio permanente, el dólar pasó de $9 en diciembre de 2015 a $47 en abril de 2019. En vano se trató de intervenir subiendo la tasa de interés, que ha vuelto a alcanzar valores superiores al 70%.  
Estos cambios espasmódicos de los regímenes cambiarios son síntomas de agudización de la restricción externa. Suele pasar en los modelos neoliberales. Macri quitó retenciones, eliminó la obligación de liquidar divisas, abolió los controles para la compra y venta de moneda extranjera y endeudó al país con vencimientos inminentes. De nosotros depende un cambio verdadero.