Cambio de expectativas
Carlos Heller
El complejo escenario económico, las perspectivas políticas tras el resultado de las Primarias de cara a la elección de octubre y el rol del sector solidario, analizados por el dirigente cooperativista. Un balance del gobierno de Mauricio Macri y sus graves consecuencias sociales.
Jorge Vilas - Fotos: Horacio Paone

Sostener que el voto ciudadano está condicionado por los mercados es gravísimo. Bajo esa premisa, la democracia es sumamente restringida, porque solo se puede elegir entre opciones que resulten satisfactorias para los mercados. Es algo absolutamente inaceptable». La reflexión de Carlos Heller, presidente del Banco Credicoop, exdiputado nacional y presidente del Partido Solidario, hace referencia al discurso propalado desde el Gobierno y sectores afines tras el contundente resultado de las Primarias, vinculando la crisis económica, generada por sus propias políticas, con el revés electoral sufrido por el oficialismo. Para el dirigente cooperativista, si en los comicios del 27 de octubre se ratifica la decisión ciudadana en favor de un cambio de rumbo profundo en el país, se abre una nueva etapa con perspectivas de recuperar una visión enfocada en el desarrollo productivo y una mejor distribución de la riqueza.
–¿Cómo evalúa las medidas adoptadas por el Gobierno nacional en el marco de esta suerte de transición anticipada?
–El Gobierno venía instalando desde hace tiempo el tema de las dos votaciones, la del 11 de agosto y la del 12 de agosto. Según esa mirada, el 11 votaba la gente, el 12 los mercados. Si los mercados no están conformes con lo que votó la gente, reaccionan de manera negativa. Es lo que Mauricio Macri expresó el lunes 12, enojado con el resultado y los votantes. Antes de las PASO, el Gobierno había centrado su estrategia en medidas, que hemos denominado anabólicas, que consistían en cierto alivio de los efectos de sus propias políticas para conseguir el voto de la gente. Después, tal como el presidente le dijo a Mario Vargas Llosa, el plan era hacer lo mismo que en estos cuatro años, pero más rápido. En ese marco los aumentos de tarifas se pospusieron para después de octubre, aparecieron los planes Ahora 12 y Precios Esenciales, y se sentaron sobre el tipo de cambio para que el humor de la clase media no empeorara y, además, para que el valor del dólar no repercutiera en precios de alimentos y otras cuestiones. He dicho reiteradamente antes de las elecciones que el Gobierno se había sentado sobre un resorte, ya que estaba atrasando el tipo de cambio. El discurso oficial sostenía entonces que lo peor ya pasó, se quebró la inercia inflacionaria, y que estaban consolidadas las condiciones para empezar a crecer.


–A la vista del resultado, no lograron el efecto deseado.
–La gente no le creyó y se produjo un hecho de alguna manera inesperado: las PASO tuvieron una contundencia tal que quedó explícito el muy probable resultado electoral y, por lo tanto, propios y extraños comenzaron a hablar del inicio de una transición, cuando en realidad no debería ser así, porque las Primarias solo definen candidaturas. El 12 de agosto el Banco Nación abrió las operaciones del día con el dólar en más de 51 pesos, es decir, corrigió el atraso que se había forzado para generar un mejor escenario electoral. Y a partir de entonces, con la idea generalizada de que el Gobierno ha perdido la chance de la continuidad y en virtud de todo lo que ellos instalaron acerca del cuco que iba a venir, se desencadenan los efectos esperables en ese contexto. A tal punto que el Gobierno termina tomando en un breve lapso medidas que están en la antípoda de su filosofía. Si hay algo que el Gobierno no quería hacer es lo que hizo en el fin de agosto y comienzo de septiembre. ¿Qué hizo? Primero, reconoció que la deuda así como estaba estructurada no se puede pagar. E informó la decisión de iniciar cuatro caminos de reestructuración. En realidad usaron la palabra reperfilamiento porque no cambian el monto de capital ni los rendimientos, solo estiran los vencimientos, mientras que reestructuración incluye, desde el punto de vista de la semántica de los mercados, un concepto de cambio de montos, quitas, etcétera. Entonces, cuatro caminos. Uno referido a las Letras del Tesoro, que tienen en general vencimiento de corto plazo y cuya postergación por hasta 180 días produce un inmediato alivio en las erogaciones del Tesoro. La segunda medida es enviar al Congreso Nacional un proyecto de ley para modificar los vencimientos de la deuda emitida bajo ley local. La tercera, negociar con los bancos la deuda en bonos bajo legislación extranjera. Y la cuarta es iniciar la negociación con el FMI para reprogramar vencimientos que, nos hemos cansado de decirlo, tal como estaban planteados, no se podían asumir. Con estas medidas el Gobierno alivia la necesidad de afectar reservas. Lo hace con la clara intención de mostrar que todas las reservas están para respaldar el normal funcionamiento del sistema financiero y que no se traslade esta crisis de pagos de la deuda al sistema financiero. Pero no toma en ese primer momento un conjunto de medidas imprescindibles –lo dijimos de inmediato– para el control del mercado de capitales externos. Reperfila la deuda pero no regula la fuga de capitales, la compra de dólares sin límite y su giro al exterior y no obliga a los exportadores a liquidar las divisas. Sin embargo, ésas fueron las medidas que finalmente anunciaron el domingo 1º de septiembre. Con eso cierran un círculo abarcativo, y considero que son medidas correctas, haciendo dos aclaraciones. Primero, lo que sucedió es responsabilidad del Gobierno, se llegó a esta situación por sus políticas. Y segundo, reaccionaron tarde. Con estas medidas el flujo de divisas debería revertirse porque los exportadores tienen que liquidar divisas y la posibilidad de adquirir moneda extranjera se ha reducido de manera significativa. Es esperable que el sistema financiero cuente con toda la holgura que necesita para que los depositantes estén tranquilos, que el que quiera llevarse su dinero se lo lleve, pero no hay ninguna posibilidad de una crisis en el sistema.
–¿Cree que puede prosperar la estrategia oficial de compartir el costo político de la crisis con la oposición?
–Insisten en planteos de ese tipo, sostienen que la culpa la tiene el Frente de Todos porque le propone a la gente, y la gente lo vota, una alternativa de cambio de modelo. Cuando Alberto Fernández habla de recuperar la producción, de mejorar los salarios y las jubilaciones, desdolarizar las tarifas de los servicios públicos, defender las economías regionales, proteger a las pymes frente a la competencia innecesaria de los productos importados, entre tantas otras cosas, evidentemente conforma una propuesta que va en un sentido contrario al que lleva adelante el Gobierno. Parafraseando a Macri, que siempre decía: es por acá; la respuesta de la ciudadanía fue: no es por acá, es por allá.


–¿Cuál es su análisis, a modo de balance, de la gestión de la alianza Cambiemos?
–No hay un solo indicador que permita señalar alguna mejora. Cuando termine este gobierno el Producto Bruto va a ser más chico que en 2015 y la deuda será inmensamente más grande. Va a ser mayor el desempleo, la inflación sigue más alta que la existente al asumir, aumentaron la pobreza y la indigencia, hay más gente en situación de calle, creció la cantidad de población con déficit alimentario, en el país de los alimentos. Ni siquiera resolvieron el problema fiscal que fue uno de los caballitos de batalla del macrismo. Realizaron un enorme ajuste en el gasto público, afectando salud, educación, ciencia y tecnología, ítems fundamentales para la vida de la ciudadanía y para el desarrollo de un país. Sin embargo, todo ese «ahorro» es inferior al incremento en los intereses de la deuda que se contrajo para intentar darle sustentabilidad a su proyecto. Además, el ajuste produce achicamiento de la actividad económica y consiguientemente menos ingresos fiscales, por lo tanto, no termina nunca, porque al haber menos ingresos hay que seguir reduciendo los gastos. Pero también hay que decir que algunos de sus objetivos fueron cumplidos. El valor del salario se redujo considerablemente y lo mismo ocurrió con las jubilaciones. Han generado desregulación laboral, aunque no pudieron sancionar un paquete de leyes en ese sentido. Mediante algunos decretos y con la coerción que genera el desempleo, lograron una actitud de aceptación de condiciones más flexibles de trabajo en algunos sectores. Además impulsaron el desarrollo de ciertas formas laborales, entre ellas las de emprendedurismo, que no son otra cosa que trabajo absolutamente precarizado. También eliminaron las moratorias previsionales y creció la cantidad de trabajadores y trabajadoras informales, un dato gravísimo para el país. Cuando el gobierno anterior tuvo que hacer una moratoria previsional para incluir a tres millones y medio de personas, esa gente estaba sin ningún tipo de protección social. Hoy un 35% de la población económicamente activa está en situación de informalidad. ¿Qué va a pasar con esa gente cuando llegue a la edad de jubilación? No va a tener un ingreso, no va a tener obra social, ¿quién se va a hacer cargo de esas personas? Es una hipoteca muy importante para el futuro.
–¿Puede producirse un cambio profundo de modelo económico en un plazo corto teniendo en cuenta el complejo escenario que afrontará el próximo gobierno?
–Suponer que no hay complejidad sería subestimar la situación. Pero un cambio de rumbo genera inmediatamente un cambio de expectativas y un cambio de ánimo. Si la sociedad percibe que cambió la política y que vamos para otro lado, muchas cosas serán distintas. Si se cumple el objetivo de que el nuevo gobierno comienza poniendo plata en el bolsillo a la gente, y acompaña con un acuerdo económico y social que fije por un tiempo determinado precios y salarios, ¿qué va a pasar? Esa gente no irá a comprar dólares, sino que va a comprar lo que no pudo comprar en los meses y años anteriores, va a satisfacer las carencias actuales. Entonces se producirá un aumento del consumo, y eso hará que el comerciante que hoy está desilusionado y pensando en cerrar, no cierre y quizás en unos meses tome un empleado más. Y ese nuevo empleado se convierte en consumidor. Así se puede lograr que el casi 50% de ociosidad que tiene el sistema productivo argentino se revierta poco a poco. Porque hoy la Argentina no necesita inversión para recuperar la producción, sino que funcione la capacidad productiva que está ociosa. Hay gente que tiene un ahorro y no lo gasta, porque no sabe si va a tener trabajo; si tiene un negocio, no sabe si lo va a mantener abierto. La gente no se anima a endeudarse por las tasas de interés. El crédito, desde el punto de vista de las familias, es una manera de anticipar el ahorro. Si necesito comprar una heladera tengo dos maneras de hacerlo: junto plata hasta reunir lo que vale la heladera, o saco un crédito, compro la heladera y lo voy pagando. Pero cuando las tasas de interés tienen esta dimensión, nadie puede pensar en eso. Entonces ¿qué sucede? No compro la heladera. El que fabrica heladeras, cierra, despide gente. El comercio no vende la heladera y también está en problemas, y así de corrido. Cuando se revierta esta percepción negativa vamos a sentir el alivio en la sociedad.