Cambio de paradigma
La pandemia empujó la producción cultural al streaming
Recitales, películas, obras de teatro y visitas a museos encontraron en el mundo virtual una forma para sortear el distanciamiento social. De las transmisiones gratuitas a la búsqueda de generar ingresos para sostener la actividad. Federalización de contenidos y nuevos desafíos a la creatividad.
Mariano del Mazo - Jorge Dubatti

A domicilio. El show que dio Andrés Ciro Martínez ante un Luna Park vacío en el marco del Cosquín Rock fue seguido por sus fans desde el living. (Jorge Aloy)

Acinco meses del comienzo del aislamiento social preventivo, la nueva «normalidad» continúa mutando como dicen que muta el mismísimo virus. Así como se apagaron los aplausos de las nueve de la noche y el furor por el Zoom se transformó en una «pesadilla», el flujo cultural vio cómo sedimentaba la catarsis de las primeras semanas para definir maneras de seducir audiencias. Parecería que lo urgente dejó lugar a lo importante y cierta idea de profesionalismo se impone sobre lo amateur. El arco va desde la grilla del Cosquín Rock hasta un poeta como Guilllermo Saavedra diciendo cada noche un poema y, lo mismo que antes, se desliza entre las propuestas de entidades públicas y los esfuerzos privados por resistir en la adversidad.
Sería extenuante detallar eventos, porque la modalidad virtual cubre prácticamente todo el panorama. Karina Nisinman, directora artística del club de jazz Bebop, señala que el inicio de la cuarentena fue como ingresar a una «dimensión desconocida» y que en el mundo del espectáculo también existieron fases. «Primero pensamos con el dueño, Aldo Graziani, un ciclo de entrevistas con artistas que suelen presentarse en el club. Superado el primer momento, que fue muy impulsivo, hubo una etapa intermedia donde artistas y gestores culturales comenzaron a indagar el mundo del streaming y sus posibilidades». Hoy Bebop está a la cabeza de una interesante cartelera por streaming de jazz y aledaños.
En estas pantallas del mundo nuevo resultaron clave las empresas vendedoras de entradas (las llamadas «ticketeras»), que rápidamente pusieron en práctica el negocio de la transmisión en vivo desde  plataformas. A partir de la elaboración y aprobación del protocolo general para la actividad musical, apareció mucha gente que se tiró a la pileta a producir vía streaming. Margarita Bruzzone, manager de Natalia Lafourcade, Kevin Johansen y Conociendo Rusia, habla de oportunidades. «Ayer nomás, la gente iba a un concierto, lo grababa en su celular, subía partes del show a las redes y alguien, en el medio de la nada, con su teléfono, revivía la experiencia. Ahora recreamos esa progresión, pero de modo profesional. Y un concierto de Lafourcade lo puede disfrutar, en buenas condiciones, mi hermana que vive en la Patagonia o un fan de Tilcara». Johansen, por su parte, realizó un ciclo de conciertos en La Tangente.
A diferencia de los conciertos presenciales, ahora no existen impedimentos de capacidad de salas ni limitaciones geográficas. El público de las provincias de pronto cumplió el sueño de «ir» a conciertos que son habituales en CABA y espaciados en el Interior. Mateo Sujatovich fue sorprendido por la pandemia cuando el muy buen segundo disco de Conociendo Rusia, Cabildo y Juramento, empezó a rodar y pintaba con arrasar mercados. Lejos de amilanarse, encaró las vías disponibles con decisión. «Primero hice un vivo por Instagram el mismo día que hubiera tenido el concierto pautado para el Gran Rex. Y después nos fuimos animando a ir más allá, y armamos el E-World Tour y tocamos focalizados en diferentes países de América Latina», cuenta.
Uno de los aspectos a puntualizar es la diferencia entre los recitales gratuitos y los pagos. A pocos días de decretada la cuarentena, Fito Páez dio un recital al piano desde el living de su casa, gratuito, ante centenares de miles de espectadores de distintos países. El 15 de mayo repitió la experiencia como parte del lanzamiento de La conquista del espacio: Páez en América. «Las cosas no tienen que volver a la normalidad, tienen que volver a empezar y ser mejores, no me gusta la normalidad», dijo Páez frente a sus fans. Sony Music informa que es imposible cuantificar la llegada al público de esta segunda experiencia, pero que la «ampliación ha sido impresionante». «Se refieren al acompañamiento de la RAE (Radiodifusión Argentina al Exterior) y de una veintena de medios de toda América Latina que se sumaron a la trasmisión. Eso marcó la diferencia», explica Jorgela Argañarás, asistente y vocera del rosarino.



Transmisión. La banda peruana Inyectores. (Télam)

Además de su posición ideológica al respecto –su generosidad es insondable–, es cierto que Páez tiene espalda para sostener la gratuidad. No es el caso de la mayoría. Entre su actitud y la de un cantautor que enchufa la guitarra tirado en un sofá para Instagram, se abre un abismo. El trompetista Gillespi tiene una mirada amplia de la encrucijada actual. Opina, para empezar, que tocar gratis o no es una cuestión personal. «No juzgo, cada uno hace lo que puede. Yo soy un solista, pero tengo banda. Y cobro, porque mis shows involucran a músicos y asistentes. Lo recaudado es todo para ellos. Yo por suerte nunca necesité vivir de la música. Después está el tema artístico, que no es menor. Uno se mata por lograr cierto sonido, por utilizar tal boquilla, y de pronto el que está escuchando lo hace por un celular. La situación, al fin y al cabo, es más parecida a un ensayo que a un show. Ahora, ¿eso vale lo mismo que un concierto en el Gran Rex, con buen sonido, luces, butacas? No. Tengo amigos talibanes que dicen que es imposible tocar en esas condiciones. Es aceptable, cada uno tiene su mambo. Creo que tocar es mantenerse vivo, no dejarse arrasar por la pandemia y que así como todos pagan por los contenidos audiovisuales que se consumen, la música no hay que regalarla».
Los valores para acceder a estos recitales oscilan entre 300 y 600 pesos. Nisiman agrega que, en el caso de Bebop, instrumentaron cómo sumar la gastronomía. «Nuestra experiencia es que no se trata solo de disfrutar un concierto. Es apelar a los sentidos, sumergirse en el ambiente a la manera de los clubes de jazz de Nueva York, con el plus de la gastronomía y bebida. La cocina es de un restaurante y estamos complementando cada show con opciones de delivery de tablas y vinos». Lo mismo ocurre en otros sitios, como Circe o Café Vinilo.

Desafíos y respuestas
La reformulación atraviesa cada una de las disciplinas culturales. Cada página web de las entidades oficiales –desde el CCK hasta el Teatro Cervantes, desde La Usina del Arte hasta el Teatro Colón– ofrece menúes para todos los paladares. La Televisión Pública empezó un ciclo de cine argentino y plataformas como CINE.AR intensificaron la dinámica de estrenos. Hay museos con visitas interactivas y hasta se puede cumplir el sueño de «ingresar» a templos del arte como el MoMa neoyorquino o el British Museum de Londres.


Sin Público. Kevin Johansen realizó un ciclo de conciertos online en La Tangente. (Ministerio de Cultura de La Nación)

Literatura. El homenaje a Borges realizado en el CCK, con la presencia de María Kodama. (Ministerio de Cultura de La Nación)

En nuestro país, en el Instagram de la Dirección Nacional de Museos aparecen maneras originales de atravesar la cuarentena. Por ejemplo, en el ítem «Las formas de la privacidad» se despliegan fotografías de los baños de los museos que alguna vez fueron residencia (las casas de Ricardo Rojas o Rogelio Yrurtia, entre otras), documentos como el acta original de la Independencia en la Casa de Tucumán o lo que se llaman «Conversatorios», que son maneras interactivas de charlas y conferencias.
María Fukelman, directora de la Casa Nacional del Bicentenario, señala: «Intentamos no paralizarnos, seguir trabajando en un universo variado de proyectos y promover su adaptación  a la “nueva normalidad”. Y en esta línea se enmarca la convocatoria a Somos, un concurso virtual de ilustración e historieta sobre diversidad sexual e identidad de género que celebra los 10 años de la ley de Matrimonio Igualitario. También avanzamos virtualmente con, por ejemplo, la generación de recursos lúdicos para pintar con motivos de la muestra que teníamos vigente al momento del cierre (Fondo Nacional de las Artes), los ciclos de cine con películas para ver desde casa, y la participación como una de las sedes virtuales del Festival Internacional de Danza Emergente, que originalmente se iba a hacer en la Casa Nacional del Bicentenario».
Como ocurre con el teletrabajo, una sensación atraviesa las industrias de entretenimiento y culturales: ya nada va a ser lo que fue. La cuarentena precipitó fenómenos y cambios de paradigma. El vivo presencial es intransferible pero, en el sentido opuesto, la virtualidad ofrece una insoslayable federalización de los contenidos y nuevos desafíos a la creatividad y la imaginación. Mientras ya se debate el acceso a la conectividad como un derecho humano más, como una forma de inclusión social, el mundo se puso patas para arriba. Y en ese escenario la cultura tiene mucho para aportar, revelar y cuestionar. Ante tanta incertidumbre, las respuestas y las señales de cara al futuro vendrán, seguramente, del campo de las artes.  

Mariano del Mazo



Presente y futuro del teatro en la web

Escena virtual
 


Cultura tecnovivial. Los actores frente a una sala vacía, sin espectadores a la vista. (Télam)

El teatro, desde sus orígenes ancestrales, se define y diferencia de otros espectáculos por la presencia de los cuerpos en reunión. Los actores, los técnicos y los espectadores se reúnen en un mismo espacio físico y en proximidad. La disciplina forma parte de la llamada cultura convivial o de la reunión territorial. El convivio, que nació con la humanidad misma (el primer, mítico convivio fue el de Adán y Eva), se expresa en múltiples actividades sociales: en lugares públicos y privados, las calles y las casas, clases y canchas, fiestas y espectáculos, mítines políticos y congresos científicos. Es parte fundamental de nuestras vidas cotidianas. Difícil imaginar, por ejemplo, un asado sin convivio.
Por el peligro del contagio, la pandemia restringió los contactos y favoreció una avanzada de la cultura tecnovivial. Llamamos de ese modo a aquellas prácticas sociales que se realizan a distancia través de las tecnologías y las máquinas, que permiten la comunicación sin reunión en el mismo territorio. Reemplazan la presencia física por la presencia telemática o virtual. El tecnovivio también es parte fundamental de nuestras vidas cotidianas: se expresa en los libros, las computadoras, el cine, la telefonía, la televisión, la radio, el video, las redes, la web, entre otros.
En cuarentena, el cierre de los espacios teatrales (solamente en CABA hay 550 salas y centros culturales que realizan actividad escénica) excluyó la posibilidad de ofrecer espectáculos y de dar clases. El sector de los trabajadores teatrales perdió sus ingresos y salió enseguida a tomar los espacios tecnoviviales a través de grabaciones de obras, transmisiones por streaming, WhatsApp, Facebook, Instagram, Zoom, YouTube y plataformas wifi especialmente ideadas. Estas prácticas ya existían antes, pero frente a la necesidad de una salida laboral inmediata para el sector se hicieron más visibles y se multiplicaron. Crecieron las producciones de los artistas teatrales en la web y la cantidad de teleespectadores.

Voces y matices
Tomemos las variables de fines de julio, ya con 130 días de aislamiento social. Un ejemplo de ese crecimiento se observaba en Teatrix, el portal de grabaciones de teatro ideado y sostenido por Mirta Romay (hija de Alejandro). Suscribirse a Teatrix cuesta 399 pesos por mes, lo que permite acceder a más de 160 obras filmadas en calidad HD. Los contenidos se pueden ver en múltiples dispositivos. Cuando comenzó el aislamiento, la plataforma tenía 12.000 suscriptores; a mediados de julio atesora 42.800. Éxito contundente. Las piezas más vistas son las del circuito comercial: Bajo terapia, Terapia amorosa, Campi, Bossi. Solo un espectáculo proviene del teatro independiente, La omisión de la familia Coleman.
En el circuito estatal, también crecieron los índices: la señal online del Teatro Nacional Cervantes tiene actualmente 30.500 suscriptores y 74 videos de su producción, con acceso gratuito. El Complejo Teatral de Buenos Aires (que reúne la producción de cinco salas oficiales porteñas: Teatro San Martín, Alvear, Sarmiento, Regio y de la Ribera) emite a través del canal web Vamos Buenos Aires (dependiente del Ministerio de Cultura de CABA, con otras áreas artísticas incluidas) y cuenta con 66.800 suscriptores. Cada obra tiene su registro de visualizaciones; por ejemplo, El niño argentino, de Mauricio Kartun, suma más de 35.000 vistas.
El Instituto Nacional del Teatro también multiplicó las ofertas pedagógicas gratuitas en su canal de YouTube y tiene ya 1.830 suscriptores (antes de marzo eran 500). Sin embargo, con más de 150 días de cuarentena, muchos teleespectadores se manifiestan cansados de las pantallas y se advierte una tendencia de descenso general en los visionados.
Frente a la nueva situación, los teatristas asumen tres posiciones básicas. Están los que se niegan a trabajar en la web porque «no es teatro», o lo hacen solo provisoriamente, a la espera de que la actividad presencial vuelva. «Ya comprendí la virtualidad, pero tengo que empezar adaptarme a hacer arte a través de la virtualidad», explica Mosquito Sancinetto, uno de los gestores del colectivo Artistas Solidarios (@artsolidarios). «Me está empezando a atraer por la necesidad y la emergencia que estamos viviendo. Extraño el teatro: uno se ve más lindo arriba del escenario. Me ves en Zoom y estoy muy cerca. Apenas termine todo esto, me arrojo de cabeza a los escenarios».


Muerde. Alfonso Dibos se luce en la pieza con una notable actuación unipersonal. (Fernando Castaneda)

En línea. Un domingo en familia, la obra de Gómez que emite el canal del Cervantes.

Integrante del grupo Malayerba, maestro argentino radicado en Ecuador y varado por la pandemia en Madrid, Arístides Vargas afirma que el confinamiento le pesa por su historia de exiliado. «Malayerba ha seguido trabajando, pero siento una extrañeza, no es solo un cambio de chip, un pasaje de lo presencial a lo virtual. Tenemos que preguntarnos qué estamos haciendo y si nos interesa esta nueva manera. No me resulta ni entretenido ni divertido hablarle a una pantalla».
Por su parte, están los artistas que han decidido pasarse definitivamente a la web y consideran que el teatro ya nunca volverá a ser el mismo. Los más jóvenes, más radicalizados, ya dan por «muerto» el teatro en su formato ancestral y hablan de un «nuevo teatro digital», un «teatro futuro». Opinan que el «tecnoteatro» ofrece muchas posibilidades experimentales, otras formas de actuación y, sobre todo, amplía el público, porque no existen los límites de aforo (localidades), lo que genera nuevas perspectivas económicas.
La tercera posición es la más avalada: sostiene que el trabajo escénico en las redes llegó para quedarse y convivirá de igual a igual con los espectáculos conviviales. La dramaturga y directora Agustina Gatto, por caso, presenta Por siempre Marisol. «Es un material que nació en Microteatro y decidí convertir en serie cuando comenzó la pandemia. El género al que pertenece, la telenovela, me pareció ideal para el formato Zoom, ya que los actores en general buscan la cámara y no se persigue ningún realismo. ¡Nos encanta lo que hemos hecho y la respuesta del público es hermosa! Pasamos de tener una obra de 15 minutos a una serie de 60 minuto, en donde aparecieron nuevos personajes», destaca.
En colaboración con Perú, el director y dramaturgo Francisco Lumerman presenta Muerde en Tevi.live, con notable actuación unipersonal en streaming de Alfonso Dibos. «No sé cómo nombrar esta experiencia. Opté por poner una cámara fija y trabajar en muchos sentidos, como si fuera teatro. Se arma una mixtura muy particular. Para el actor no es lo mismo trabajar para el público presente o para una cámara».
En el caso del director y dramaturgo Juan Pablo Gómez, su obra Prueba y error se emitió online en la web de Timbre 4 y Un domingo en familia se puede ver en el canal de YouTube del Cervantes. «Tuve algunas experiencias vinculadas con el teatro en soporte digital en este tiempo, un amplio abanico en el que incluyo las entrevistas a creadores, performances audiovisuales en streaming, piezas auditivas donde solo hay palabra y la creación de colectivos como Profesores Independientes de Teatro, que van a modificar el pensamiento y la cara del campo escénico por venir», señala.
Todo parece indicar que la salida será pluralista: artes teatrales y tecnoviviales comparten el presente y también el futuro, seguirán cruzándose, ampliando los préstamos y las combinaciones posibles. La disciplina que aprendió a convivir e hibridarse con el cine, la televisión, la radio y el video, también lo hace y lo hará con el mundo digital.

Jorge Dubatti