Casa Museo Ernesto Sabato
Santos Lugares – Pcia. de Buenos Aires

Una casa, sostiene el personaje de Sobre héroes y tumbas, muere «cuando se retiran para siempre los seres que la habitan y, sobre todo, que sufrieron y se amaron en ella». Curiosamente, la casa en la que Ernesto Sabato escribió esta línea y toda su obra constituye un contraejemplo perfecto. Irradia vida pese a que la ausencia del escritor suma ya 8 años y la de Matilde, su mujer, más de 20. El prodigio se debe en parte a los encargados de guiar el recorrido por su historia y sus ambientes: el propio Sabato –a través de testimonios fílmicos– y sus nietos Luciana y Guido, en cuyas evocaciones asoma más el abuelo tozudo y ocurrente que el ganador del Cervantes o el presidente de la CONADEP. Una restauración minuciosa redondea la propuesta. Saverio Langeri 3135, su hogar durante más de 60 años, luce como si Sabato hubiera salido apenas por unos minutos. El jardín del frente, fiel a los designios del escritor, sigue acumulando hojarasca bajo las frondas de un bosquete. Sus típicos sombreros, colgados de un perchero, parecen esperarlo en el recibidor. Dostoievski, Sartre y Nietzsche comparten con Estudiantes de La Plata el ala predilecta de la biblioteca. En el patio interior está la estatua de Ceres que alguna vez pobló el Parque Lezama y figura al principio de Sobre héroes y tumbas. En el estudio, la Olivetti con la que tecleó sus últimos textos. Y en el atelier, las pinturas que produjo tras abandonar las letras. Todo remite a un Sabato tan vivo como su literatura.

Roberto Cinti