Casco histórico de La Rioja
Pcia. de La Rioja

Juan Ramírez de Velasco fundó la ciudad de Todos los Santos de la Nueva Rioja en 1591. Dos años más tarde, un santo en ciernes evitó que la bronca indígena acabara con el flamante poblado. Era el misionero Francisco Solano, de la orden franciscana, que sería canonizado en 1726 por haber trajinado media América predicando en las lenguas de la tierra, endulzando corazones con su violín y prodigando milagros. El Convento de San Francisco no es hoy el que era en tiempos del fraile, pero aún conserva el naranjo que plantó y la celda donde presumiblemente se alojaba. La iglesia contigua atesora la imagen del Niño Alcalde, que cada 31 de diciembre sale al encuentro de San Nicolás de Bari en hombros de una cofradía diaguita para tonificar la convivencia inaugurada por Solano. El Museo Inti Huasi, cuya colección arqueológica revista entre las más importantes del Noroeste, completa la oferta de la Manzana Franciscana. A pocas cuadras, en la esquina de Lamadrid y Pelagio Luna, se alzan los únicos ejemplos de arquitectura colonial que le quedan a la capital riojana: el templo de Santo Domingo y el convento anexo, uno de cuyos salones funciona como museo de arte sacro. La gira patrimonial merece concluir frente a otro monumento histórico nacional: el castillete de ladrillos a la vista, con torretas almenadas y ventanas góticas, que habitó el escritor Joaquín V. González mientras fue gobernador de la provincia.

Roberto Rainer Cinti