Constelaciones
Remedios Varo

«Remedios despeja la tela y sobre su superficie transparente acumula claridades. Remedios no inventa, recuerda. Pinta lentamente las rápidas apariciones. Remedios ríe, pero su risa resuena en otro mundo», escribió su amigo, el poeta y escritor Octavio Paz. Es que Remedios Varo dejó huella en México, aunque había nacido en un pueblito catalán llamado Anglès, en la provincia de Girona. Migró a la tierra azteca cuando escapó del franquismo, primero, y luego de los nazis, en Francia (donde se inició en el surrealismo de André Breton). México fue donde más creó y también donde murió. Allí se codeó con Frida Kahlo y Diego Rivera, entre otros. Esta muestra, la primera dedicada a la artista que se realiza en el país, cuenta con unas 35 pinturas, 11 dibujos y 60 bocetos; es una porción de su producción más relevante, centrada entre 1938 y 1963, durante los años de su exilio. La botánica y la zoología son dos disciplinas de las ciencias naturales que tienen un rol protagónico en sus obras. Su estética está cargada de alquimia y cosmogonía, de magia y astrología. Y también en sus pinturas y dibujos, realizados en formatos pequeños, circulan sus propios sueños, algunas ideas alrededor del espacio, la fantasía y los enigmas: inquietudes que reaparecen en todas sus imágenes. Un bosque habitado por ciervos y aves en una noche de luminosa («Valle de la luna»); una ventana abierta en el pico de una montaña, de la que sobresale una mano encantada («Cambio de tiempo»), o un vaso de agua que se derrama e inunda una habitación donde una mujer con pies como colas de un animal acaricia a su gato («Simpatía») son algunas de las imágenes que pueden verse. También integran la exposición una serie de cuadernos de notas, cuentos fantásticos y hasta alguna correspondencia que intercambió con otros artistas. Varo murió muy joven, en año 1963, a la edad de 55, pero le dejó al surrealismo americano una obra de enorme valor artístico. (Malba)

Viviana Vallejos