Contar el crimen
Mujeres y noticias policiales
Un mundo que parecía estrictamente masculino, poblado por policías, jueces y cronistas varones, está siendo transformado por una nueva generación de periodistas que aportan una mirada enriquecedora. Las pioneras de un género plagado de prejuicios.
Osvaldo Aguirre


Excluidas. Hasta hace unos años, las mujeres solo aparecían como víctimas o, eventualmente, como autoras de algún delito resonante. (Pablo Busti)


El programa informático Columnistos registra cada día cuántas mujeres firman columnas de opinión en los diarios argentinos tradicionales, y lo tuitea. La medición arroja un registro invariable de la escasa representación de las mujeres en los medios, que llega con frecuencia a un porcentaje del 0% y podría extenderse a otras secciones de la prensa. La crónica policial, en particular, «un género periodístico que tradicionalmente ha estado copado por hombres, así como antes a las mujeres solo se nos dejaba la cobertura de la pobreza o de temas de salud», según dice la periodista mexicana Cecilia González.
La crónica policial desplegó por convención un mundo que parecía estrictamente masculino: policías, jueces, médicos, peritos, criminales y cronistas hombres. Las mujeres solo podían ingresar como víctimas, y eventualmente como autoras de algún delito resonante. «Pero hay una generación nueva de periodistas que está cambiando las cosas», agrega González, corresponsal en Argentina de la agencia Notimex.
Martha Ferro (1942-2011) fue una de las pioneras. Periodista del diario Crónica y la revista ¡Esto! se destacó no solo por ser la única mujer en esas redacciones –como mostró el documental Tinta roja (1997), de Marcelo Céspedes y Carmen Guarini– sino por la particular lucidez en comprender el contexto social del delito y en asociar la búsqueda de impacto de la prensa sensacionalista con la reflexión política. «En ¡Esto! fue donde terminé de pulir el lenguaje policial; hasta teníamos permitido crear palabras. Como hienario. O la expresión un ajuste de amor», declaró en una entrevista. Otra de sus «categorías» fue «policial tramontina», para describir los crímenes en situaciones de pobreza extrema, a los que veía como la otra cara de las noticias sobre economía.
Si es difícil encontrar antecedentes –en la sección policial del diario Noticias (1973-1974) trabajaron Alicia Barrios y Patricia Walsh–, la presencia de mujeres se vuelve creciente a partir de los años 90 y es relevante en Pistas, revista que dirigió Enrique Sdrech (1997-1999). Marta Dillon escribió allí una saga de crónicas a partir de visitas al penal de mujeres de Ezeiza, con fotografías de Adriana Lestido, y Raquel Rosemberg, «La cocina del crimen», un cruce de gastronomía y delincuencia que incluía recetas de bombones para acompañar la historia de Yiya Murano, «la envenenadora de Monserrat», o analizaba fenómenos como la mafia rusa o siciliana desde el punto de vista de las comidas tradicionales entre sus padrinos. También colaboraron Virginia Thjellesen y Raquel Robles, entre otras.
«Las mujeres se autoexcluyen a veces de lo policial porque lo encuentran duro, escatológico, o lo ven como un lugar donde se hacen concesiones al amarillismo», dice Miriam Lewin, que comenzó como cronista en el mensuario Delitos y castigos (1991-1992) y posteriormente integró la producción del programa televisivo Cámara del crimen, que conducía Sdrech y donde también trabajaron otras periodistas como Milena Zapata, Fabiana Ramírez y Florencia Etcheves. «Cuando las mujeres se comprometen con el periodismo policial tienen un punto de vista enriquecedor», agrega.
Marta Dillon comenzó a escribir sobre mujeres detenidas después de visitar una cárcel cuando se iniciaba en el oficio. «De inmediato –dice en el libro Corazones cautivos– quedé fascinada por ese mundo cerrado sobre sí mismo en el que una lengua paralela da cuenta de leyes y lealtades propias». Virginia Messi trabajó como redactora de Información General en el diario Clarín hasta que en 1992 hizo una nota sobre la banda de los comisarios –el grupo de policías que secuestró a Mauricio Macri, entre otros casos resonantes entre fines de los años 80 y principios de los 90– y la convocaron a la sección de policiales, donde todavía se desempeña.
«Las mujeres que estaban en Clarín se dedicaban a otra cosa –recuerda Messi–. Pero yo tenía alguna experiencia: en la revista Somos me habían tocado la rebelión carapintada de Semana Santa, el levantamiento de Monte Caseros, el asalto al regimiento de La Tablada. Hacer policiales no significó chocar contra un mundo machista ni sentir que me discriminaran por ser mujer. En pocas entrevistas me pasó que el entrevistado le contestara al fotógrafo cuando yo hacía las preguntas». No obstante, si bien «el machismo es un problema general de la sociedad», como apunta Lewin, la escasa presencia de mujeres como editoras o jefas de sección, agrega Messi, es un registro del fenómeno en el ambiente del periodismo.


Fuentes
«El mundo policial es sumamente machista, y también lo son las redacciones –puntualiza Silvina Tamous, editora de policiales del diario El Ciudadano, de Rosario–. Los policías, salvo excepciones, no hablan con mujeres. Mucho menos entienden que una mujer sea jefa de sección. Es distinto con las víctimas, ahí no veo barreras. Con el tiempo, el trabajo se va amoldando, pero no es el mismo resultado el que a veces tienen los compañeros hombres que las mujeres: a la hora de buscar fuentes, a las mujeres les cuesta más».
Pero los prejuicios pueden aportar una ventaja inesperada. «Siempre se asume que las mujeres se manejan mejor en las cuestiones sensibles –dice Miriam Lewin–. Cuando era muy necesario el testimonio de la víctima o de sus familias, percibía que yo tenía prioridad. En el equipo de Sdrech solíamos decir que un buen caso policial debía tener sangre, semen y lágrimas. No como un golpe bajo sino porque el dolor acerca a la gente y hace posible que personas diferentes puedan identificarse, por ejemplo, con una historia que clama por justicia. El llanto por la pérdida o la denuncia de la brutalidad policial pueden superar la grieta de las ideologías».
Dirigida por Mauricio Cohen, Delitos y castigos introdujo los procedimientos del periodismo narrativo en la crónica policial. Cada entrega actualizaba un gran caso de la agenda criminal –el asesinato de Alicia Muñiz, la historia de los Schocklender, la muerte de Norma Penjerek, entre otros– a través del relato de un escritor apoyado con entrevistas a testigos y protagonistas. «Fue una escuela. Las notas se publicaban cuando se alcanzaba un nivel de excelencia. Aprendí que lo principal es leer el expediente judicial porque a veces lo que la gente declara en Tribunales no es lo mismo que dice ante la prensa, donde se atreve a fantasear más porque por un lado la prensa la azuza y por otro porque lo que se dice en Tribunales se tiene que probar», apunta Lewin.
Entre sus notas más antiguas, Virginia Messi recuerda una entrevista con Fabián Tablado poco después de que asesinara de 113 puñaladas a su novia, Carolina Aló. «En esa época, si le caías bien a un oficial te abría la puerta de la comisaría y podías hacer una nota con quien fuera», dice. Ahora trabaja en un libro sobre lavado de dinero, después de publicar Narcolandia: por qué Argentina se convirtió en el paraíso de los narcotraficantes colombianos (2014).
Catherina Gibilaro (editora de policiales del diario Uno, de Mendoza), María Sol Amaya (subeditora de Seguridad en La Nación), María Helena Ripetta (Crónica), Cecilia Di Lodovico y Nadia Galán (Perfil) y María Laura Cicerchia (La Capital, de Rosario) son otras especialistas en el género. Más allá de la práctica, destaca Silvina Tamous, «el policial es fundamental en la formación de un periodista», por lo que enseña en el trabajo con las fuentes de información, la búsqueda de noticias y la respuesta ante la inmediatez.
«De a poco te vas enamorando de esas historias, que siempre son distintas. Y además el policial te muestra el momento social, el escaso valor de la vida fuera del centro de las ciudades, los distintos tipos de delitos que se producen de acuerdo con las distintas épocas económicas y también las distintas formas de cometer un crimen», destaca la periodista rosarina. Una revelación más amplia y profunda que cualquier noticia del día.