Coronavida (Tobías y Rebequita)
En el bar
Rudy

(Ilustración: Hugo Horita)


En el bar casi vacío, el mozo está con barbijo, guantes y quizás un traje de buzo. Hay un (o una) cliente envuelto como una momia, otra metida en un traje de neoprene, y un último, que quizás sean dos, dentro de un disfraz de jirafa. Extraño panorama en el fin del verano porteño.
–¿Prbrperetresobtyusert, Gynporateuys, Pbgohjiñlans?–. Esta fue Rebequita.
–Rebequita de mis amores en tiempos de coronavirus, ¿podrías por favor sacarte eso que te cubre la cabeza y que me impide verte, escucharte, y por supuesto, entender qué es lo que me estás diciendo?
–Mnpotrufko, Minpoaretuis…¡Olytregotra!
–Creo comprender que lo que me estás diciendo es que no vas a hacerlo, porque en casi contrario, en lugar de decírmelo, simplemente te hubieras quitado el atuendo. ¿Me equivoco, Rebequita de mis interferones interferidos?
–Gpli, Mrtopsiptbias vosreglupsi Prefutabulibanoito
–¿Vos me estás diciendo que me equivoco? Hagamos esto, Rebequita de mis riñones a la provenzal… voy a ponerme a un metro de distancia, y vos te vas a sacar esa cosa.
De pronto, emergieron enguantadas las dos manos de Rebequita, y tomó un extraño objeto, definible tal vez como un tonel, un yacaré o una bolsa de papas que le cubría la cabeza, y se lo sacó.
–¡Claro que te equivocás, Tobías de mis entretejidos neuronales! ¡íiempre te equivocás, cada vez que hablás. Te equivocás, y cuando callás, también!
–¡Rebequita, no seas tan agresiva!
–¿Agresiva yo? ¿Agresiva yo? No, Tobías, vos sos el agresivo, diciéndome que me saque lo que tenía puesto, y que podría salvar mi vida, a fin de que pudieras entender lo que te estaba diciendo. ¡Y resulta que yo no «te» estaba diciendo nada! «Me» estaba diciendo cosas, y me las entendía perfectamente.
–Pero Rebequita, yo también estoy acá.
–No, Tobías, vos estás «allá», «acá» estoy yo. ¿No sabías que con esto del virus cambió el concepto de “acá” y «vallá»?
–Bueno, Rebequita, está bien. Yo también me cuido y te cuido, me lavo las manos…
–¿Las manos? ¡Tenés que lavarte todo! Ponerte alcohol en gel en las falangetas, en las sudoríparas, en el astrágalo, en las fantasías eróticas, ponete.
–Bueno, Rebequita de mis amores…. Mejor un poco de cariño. El amor vence. ¡Poné el codo derecho para arriba así acerco mi pierna izquierda y nos damos un beso a la manera actual.
–Ay, Tobías. ¿Acá? No… mejor hagámoslo más pacato, ¡juntá las uñas de tus dos meñiques, y yo les paso el lóbulo de mi oreja derecha!
Y así lo hicieron.