Cortes
Santiago Varela


(Pablo Blasberg)

Hay gente que es desconsiderada, negligente y torpe frente a los acontecimientos de nuestra realidad nacional. Hace poco tuvimos un apagón importante que dejó sin luz a todo el país y, al poco tiempo, un remezón en la provincia de Buenos Aires que apagó a la ciudad de La Plata. Pues bien, la gente, los políticos (algunos), los periodistas (algunos) se pusieron como locos en una actitud irreflexiva y dañina. No, señores. Así no vamos a salir del brete. Distinto es ver el lado bueno de las cosas, porque incluso un corte tiene su lado bueno. Veamos.
Antes se quejaban por el aumento de un chiquicientos por ciento en las facturas de las empresas de los amigos del Gobierno y ahora que por el apagón no consumen, que no gastan nada, que el medidor quedó congelado, se quejan. Que los motores de la heladera y del lavarropas no anden puede ser un inconveniente menor, pero es un ahorro superlativo. Eso es lo que hay que ver.
Que doña 10º C deba bajar y subir por la escalera acarreando un bidón de agua parece un incordio, pero hacerlo un par de veces al día es un ejercicio saludable y seguramente le dejará los cuádriceps como para correr una maratón. El ascensor no es bueno para cuidar la musculatura, ablanda todo.
Algunos se habrán quedado sin agua y se quejan porque no se pueden bañar, como si bañarse fuese algo instintivo en el ser humano. Lo es, pero no todos los días, porque sucede que los mamíferos nos reconocemos por el olor y para eso, obviamente, debemos tener olor. Que la cultura, con los siglos, quiera imponer el jabón por sobre los olores primordiales vinculados con la sexualidad, es algo aprendido, pero no natural. Y si no que lo pregunten en la corte de Luis XIV.
Y lo más significativo de todo: pensar que el estudio científico de la electricidad y su utilización en la sociedad se produce recién a finales del siglo XIX. Esto quiere decir que la humanidad pasó, por lo menos, 7.000 años sin electricidad. 7.000 años sin luz y haciendo cosas maravillosas. La torre de Pisa no tiene ascensor, tampoco las pirámides, ni la Giralda. Miguel Ángel pintó el techo de la Sixtina usando solo velas, lo mismo que Mozart, que nunca supo lo que era una lamparita para iluminar las partituras. Beethoven escribió nueve sinfonías utilizando una pluma de ganso y una lámpara de aceite. ¡Y le salieron bárbaras! Y así millones de obras de arte que se crearon en una sociedad que no tenía electricidad. Y en miles de años que duró el apagón ni un enojo, ni una protesta, ni una rabieta, ni un piquete... nada.  
Aprendamos, entonces, de la historia y agradezcamos que nuestro país es verdadera vanguardia en la fabricación de velas.