Covidiotas
Santiago Varela

(Pablo Blasberg)

La acción en el café.
–La verdad es que este asunto de la pandemia ya me tiene podrido. Yo no creo que sea para tanto –dijo el gordo Amargura mientras le daba a la medialuna como si estuviera desnutrido.
–Escuchame Gordo –intervino el Flaco García–, pensando en salames como vos la Real Academia Española, que no se distingue por su propensión al cambio, introdujo un nuevo término: «covidiota». Eso sos vos, un covidiota.
–Pobre Gordo, además de todo, covidiota –intervino el Sapo que le daba a los maníes.
–Leo –siguió el Flaco–: así se define a «las personas que se niegan a cumplir las normas sanitarias dictadas para evitar el contagio de la covid». Y ojo no solo hay aquí, sino en todo el mundo, incluso los hay con partido político propio, como el que tenemos acá. Cuesta creer.
El Gordo, sin reaccionar y con cara de filósofo zen pontificó: –Ma sí, a la final, cuanto peor, mejor.
–Claro, cuanto peor, mejor siempre y cuando los muertos sean otros y no ustedes.
–Lo que pasa –acotó el Sapo– es que el gordo es anti y cree que si se mueren muchos el Gobierno pierde votos.
–Eso –sumó el Flaco–. Seguro que a ustedes las cocherías les bancan la campaña.
–Como quieran, pero yo no le tengo confianza a la vacuna –se defendió el Gordo.
–Me imagino –intervino el Sapo–, vos hablás porque ahora sos un experto en vacunas, sabés más que los médicos y los infectólogos.
–Este sabe lo que escucha por la televisión cuando mira a esos periodistas que supimos conseguir, que saben menos que él, pero tienen su kiosco.
–La verdad –se sumó el Flaco–, es que este es el negocio más descomunal de la historia. Escuchame: cada año tenés que vacunar, escuchá bien –recalcó con medio cuerpo arriba de la mesa–, cada año a 4.000 millones de giles que les dan con una jeringa algo que puede llegar a valer 40 dólares. ¡En el mundo no existe tanta guita, creeme!
–Eso es cierto –asintió el gordo que le seguía dando a las medialunas–. Aquí, además de la salud, está el negocio.
–40 dólares es mucho, otras valen solo 4 dólares –intervino el Sapo–, a lo mejor son calidades distintas.
–No, son de la misma calidad, son marcas distintas –gritó el Flaco–, países distintos, lobbies, como le dicen ahora, distintos, negocios distintos. Tenés que tener cuidado con todo lo que te dicen porque en el fondo lo que quieren es venderte algo... y caro.
–¿Y la gente? –preguntó el Gordo.
–La gente somos nosotros –señaló el Sapo–, que somos los que nos contagiamos, los que ponemos el hombro para el pinchazo y los que al final vamos a tener que poner la guita. ¿O te pensás que esto lo paga el virus?
Y la cosa siguió, y sigue, y seguro seguirá.