Creed 2: Defendiendo el legado
Steven Caple Jr.

En esta, la octava película de Rocky Balboa, Sylvester Stallone acata el manual del género deportivo con su personaje emblema, al ceder finalmente el podio a su discípulo Adonis Creed (Michael B. Jordan). La fórmula indica que el aprendiz debe sacrificarse en el entrenamiento superando a su maestro, para luego él mismo, en otra faceta, pasar el trono y convertirse en mentor. Allá por 1990, Stallone había pateado el tablero en Rocky V, cuando Balboa enfrenta a su discípulo y se rehúsa a resignar el estrellato. Recién en Creed, la primera entrega que tiene como protagonista al hijo de Apolo Creed, Rocky oficia de entrenador, aunque tiene su propia lucha –contra el cáncer– que le impide dejarle el protagonismo a su aprendiz. Al fin, en esta segunda parte, Adonis adquiere la atención que merece cuando debe aceptar el reto de Viktor Drago (Florian Munteanu), hijo del ruso Iván Drago (Dolph Lundgreen), quien asesinó en el pasado a su padre. La venganza obsesiona al joven boxeador, distanciándolo de sus afectos, tanto de su mujer y su hija como de Balboa. La película corre con la misma suerte que la saga original: si Creed: corazón de campeón rememoraba a la primera y mejor de la saga, esta continuación imita a Rocky IV, la más exitosa, con la familia como valor a conservar. Stallone vuelve a intervenir en la escritura guiando el destino del personaje que lo llevó a la fama y, a sus 72 años, sabe que es hora de mirar las peleas desde abajo del cuadrilátero. Aunque con Rocky, nunca se sabe.

Emiliano Basile