Crisis cultural
Juano Villafañe

La crisis en la cultura está asociada a diversos temas. Uno de ellos, el más visible, tiene que ver con la forma en que impacta la situación económica en el poder adquisitivo de los argentinos, ya que lo primero que se deja de consumir son los bienes culturales.
La Fundación El libro ofreció un balance de la situación que vive hoy el mercado editorial basado en informes de la Cámara Argentina de Publicaciones (CAP) y de la Cámara Argentina del Libro donde se indica que la producción de libros cayó un 40%. Esto implica que las empresas editoras limitan sus fondos editoriales, cierran librerías y se reduce el personal en la cadena de producción del libro. La Federación Argentina de la Industria Gráfica asegura que son miles los despidos producto de la recesión comercial.
La industria del cine, en tanto, ha perdido millones de espectadores tal como se verifica en contrastes comparativos con años anteriores. Los tanques de Hollywood, como siempre, siguen dominando el mercado. Si bien subsiste el impuesto del 10% sobre las entradas destinado a la producción cinematográfica, se ha denunciado que los subsidios están paralizados para el fomento al cine nacional. A ello hay que agregar que es difícil encontrar alguna película argentina posicionada con un buen número de tickets vendidos. La cuota de pantalla que establece un mínimo de proyecciones para las películas argentinas ha demostrado que es muy poco eficiente para defender la industria nacional.
En el teatro comercial, oficial e independiente ocurre lo mismo. Se venden menos entradas, algunas cifras indican un 40% menos que hace cuatro años y la producción de espectáculos también se ha reducido. Muchas obras comerciales no cubren los gastos mínimos que ocasionan sus montajes. Por cierto, las cifras se van modificando según el momento del año y según la industria cultural a la que uno se refiera. La producción editorial es sin duda el rubro más castigado. Pero a la vez, cada sector vive de distintas formas la propia crisis económica, considerando que el Estado se ha retirado casi completamente de la vida cultural tanto comercial como independiente. La crisis de las industrias culturales y de las artes escénicas es estructural, ya que no hay consumo.
Además, a la propia crisis comercial hay que agregar que las políticas de entidades como el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) o el propio Instituto Nacional del Teatro carecen de orientaciones claras de fomento. A esto se suman los cambios en los hábitos de consumo de los espectadores producto de las nuevas tecnologías y de las redes virtuales de comunicación.
La crisis cultural se asocia entonces a la propia recesión económica, a las nuevas maneras de intervenir que tienen los públicos y a la ausencia de debates sobre los imaginarios y las condiciones artísticas y literarias que deben abordar los libros, el teatro, la música o el cine. La crisis cultural no solo está radicada en la variable económica, que sin duda es la más visible, sino también en el uso de las nuevas tecnologías, en la forma en que deben expresarse los relatos artísticos y en la ausencia a la vez de un debate en el propio núcleo social de la cultura sobre el sentido del fomento económico: con qué política producimos, cuáles son los públicos y los propios relatos que se difunden.
La crisis cultural se ha instalado en un momento complejo, cuando se ha deteriorado profundamente el propio circuito cultural, sus instituciones, las políticas públicas. Paralelamente se producen cambios tecnológicos y de paradigmas muy fuertes. Con todo, estamos ante una gran oportunidad para redefinir todo un sistema cultural que está montado sobre un viejo modelo heredado del siglo XX; y la nueva época demanda no solo definir presupuestos, sino también considerar la forma en que se establecerán las nuevas relaciones entre los artistas, los productores, los públicos y el Estado.



Libros. El sector editorial es uno de los más afectados por la retracción del consumo. (Jorge Aloy)