Cruje el triunvirato
Internas de la CGT
La conducción de la central obrera atraviesa una crisis cuya resolución es incierta. Divergencias acerca del posicionamiento ante la reforma laboral y otras medidas del gobierno y surgimiento de nuevas corrientes sindicales que desafían a la cúpula.
Daniel Vilá
Bajo la lupa. Acuña, Schmid y Daer, cuestionados por algunos de sus pares del consejo directivo y delegaciones regionales. (Télam)
La ficción de una CGT unificada y conducida por un triunvirato en el que están supuestamente representadas las principales corrientes del movimiento obrero, parece estar arribando a su fin y no se vislumbra que la culminación pueda ser feliz. Es que, tras las multitudinarias movilizaciones contra la reforma previsional, el desprestigio del organismo se hizo inocultable, fundamentalmente porque, además de no haber participado masivamente, tampoco pudo garantizar el paro de actividades que había  declarado a regañadientes y sin demasiada publicidad y porque sus decisiones fueron abiertamente confrontadas por varios gremios, entre los que sobresalió por su importancia la Unión Tranviarios Automotor (UTA), que a último momento resolvió no acatar la medida de fuerza.
Todas las fracciones de la central obrera, que tienden a multiplicarse al calor de la crisis de representatividad, coinciden en que la solución adoptada en su momento para morigerar las querellas internas no resultó práctica ni eficiente. El trío conformado por Juan Carlos Schmid, Carlos Acuña y Héctor Daer, hizo lo imposible por navegar entre dos aguas. Por un lado, procuró exhibir una combatividad discursiva que los hechos desmentían. Por el otro, negociaba intensamente con el gobierno una reforma laboral que, aún con las modificaciones que se le introdujeron, puede significar un retroceso de casi un siglo en materia de legislación laboral (ver recuadro).
El debate sobre la urgencia de una salida digna para atenuar el desgaste dejó numerosos heridos. En la Unión Obrera Metalúrgica, por ejemplo, Antonio Caló, que sostenía una actitud de diálogo y colaboración con el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, fue perdiendo espacio en la interna en beneficio de Francisco «Barba» Gutiérrez, quien renunció a su cargo en el Consejo Directivo de la CGT por discrepar con la tibieza negociadora de sus colegas. Caló se apuró a aclarar que ello no significaba una ruptura orgánica, sino una señal de rechazo a la estrategia adoptada, al tiempo que reclamó una amplia convocatoria y «si es necesario, el recambio de la conducción», una instancia a la que se opone fuertemente el debilitado moyanismo que cuenta con el respaldo de Gerardo Martínez, el polémico referente del gremio de la Construcción y con estrechos vínculos con el oficialismo.
También en el Movimiento de Acción Sindical Argentino (MASA), que permanece al margen de la central, se produjo un fuerte enfrentamiento entre los representantes de la Unión Ferroviaria, Luz y Fuerza y el taxista Omar Viviani, quien se negó a acatar el paro. Por su parte, la Corriente Federal encabezada por el bancario Sergio Palazzo y el gráfico Héctor Amichetti, manifestó reiteradamente la necesidad de articular fuerzas con las dos Cta, los movimientos sociales y gremios y regionales dispuestos a enfrentar el ajuste.

Desde abajo
Aquellos que se jactan de conocer los pormenores de la interna aseguran que en estas condiciones el triunvirato solo podrá sobrevivir unos pocos meses. La gran pregunta es, si se opta por volver a una conducción unipersonal, ¿quién podría concitar la adhesión de las infinitas piezas del rompecabezas? Por el momento no se vislumbra ninguna figura capaz de tal hazaña, sobre todo porque los posicionamientos respecto del oficialismo van desde el sometimiento al enfrentamiento, pasando por una supuesta neutralidad.
En la cúpula, pues, no hay demasiadas novedades. Sigue rigiendo la lógica que indica,  «el enemigo de mis enemigos es mi amigo», matizada con la que establece «el amigo de mis enemigos, no es necesariamente mi enemigo» e infinitas variantes que dependen de la coyuntura y de la correlación de fuerzas. En esta etapa, la confusión y la debilidad están repartidas y nadie puede sacar chapa de ganador.
En cambio, si se mira hacia abajo, se han producido interesantes transformaciones en los últimos dos años. El relativo fortalecimiento de las Cta y las corrientes combativas, fruto de la defección de la CGT, favorecieron la aparición de una nueva camada de dirigentes y delegados que encabezaron importantes conflictos. La particularidad de estos actores es que han sacado conclusiones y ampliado su perspectiva a partir de la propia pelea sindical, carecen de antecedentes políticos y creen en la unidad de acción para enfrentar a las conducciones enquistadas desde hace décadas. No por casualidad, la consigna que se ha impuesto en los últimos tiempos, ha sido: «Unidad de los trabajadores, y al que no le gusta, se jode, se jode». Por otra parte, en gremios como la construcción, metalúrgicos, textiles, alimentación, aeronáuticos, se han consolidado agrupaciones pluralistas que ya no son testimoniales sino que disputan las direcciones de los gremios.
Esta actitud de rebeldía contra los comportamientos autoritarios de los eternizados directivos cegetistas, pudo verificarse, por ejemplo, en el último Comité Central Confederal, cuando centenares de delegados abuchearon a los triunviros y reclamaron un paro general y un plan de lucha. Incluso, comenzó a reflejarse en las regionales que hasta hace poco respondían incondicionalmente a los dirigentes nacionales. Por caso, a la última gran movilización contra el ajuste, convocada por ambas CTa, la Corriente Federal y el gremio de los camioneros, adhirieron siete regionales de la CGT entrerriana, las de Córdoba, Tucumán, Chaco, Mendoza, Mar del Plata, Tierra del Fuego y, un dato nada menor, las más importantes del Conurbano bonaerense como las de La Matanza, Lomas de Zamora, Moreno, Merlo y José C. Paz.
El punto más alto de este proceso fue la reciente conformación del Movimiento Obrero Santafesino (MOS),  tras una decisiva reunión realizada en la sede de la Federación de Sindicatos de Trabajadores Municipales (FESTRAM), en la cual se concretó un acuerdo para «la defensa irrestricta de los Convenios Colectivos de Trabajo, del Sistema Previsional Solidario y de las Obras Sociales de los trabajadores», del que forman parte las CTa provinciales, las regionales de la CGT de Santa Fe, San Lorenzo, Venado Tuerto, Rafaela y Reconquista, el Movimiento Sindical Rosarino, la FESTRAM, los docentes de la AMSAFE y ATE provincial. Uno de los párrafos de la declaración acordada expresa con claridad la postura de esa articulación: «Las trabajadoras y trabajadores santafesinos no vamos a permitir que, por favorecer a las corporaciones económicas, se vulneren derechos y garantías laborales que el conjunto de los argentinos hemos conseguido con nuestro esfuerzo y lucha durante décadas».