Cuentos blancos
Marina Arias - Desde la gente - 116 páginas

Una vida compuesta por unas pocas fotos tomadas al azar, como quien intenta organizar un álbum caótico: un vaso roto, una competencia de natación, una obra de teatro, bailes, viajes en colectivo, una casa de fin de semana, la playa de Villa Gesell. La implícita progresión en el tiempo, desde la niña que baila junto con su madre a la joven que se inserta por primera vez en el mercado laboral. «La infancia que dejábamos atrás»; «hacerse grandes era aprender a manejar la hipocresía», dicen personajes que evidencian el costo de ese crecimiento. Que buscan ser registrados, aceptados, tenidos en cuenta. Que sufren en la periferia y ansían convertirse en el centro, que tratan de hacer pie sobre la delgada línea que separa el éxtasis de la decepción. Que viven la tensión del deseo latente, el primer beso, el despertar sexual, el gran viaje. De mujeres que vivencian eso hablan los Cuentos blancos, de Marina Arias. De la incomodidad que implica la comprensión de un mundo hostil, de situaciones inasibles, de la vergüenza, el pudor, la obscenidad, los celos. Del costo de la sociabilización, sea en la familia o con los amigos (sinceros o calculadores, auténticos o ilusorios, muchas veces fugaces), en la escuela, los clubes, en las vacaciones. Los de Arias son relatos que llevan la marcan de una época: ambientados en los 80 y principios de los 90, van de la música de Rafaela Carrá, Silvina Garré, Lionel Richie y la «liturgia ricotera», a la hiperinflación, los «asaltos» y la cupé Sierra. Valen, en ellos, la pintura de los personajes, la transición de las escenas, la forma en que se imprime la experiencia. Esa pátina hace que nos preguntemos de qué color es el blanco de los cuentos.

Hernán Carbonel