Debate con consecuencias
Presupuesto y después
Lo ocurrido dentro y fuera del Congreso Nacional configuró un parteaguas para las principales fuerzas políticas. Avanzada represiva del gobierno, divisiones y nuevas articulaciones en el peronismo y disputas internas en la alianza oficialista.
Franco Mizrahi

Redada. Un violento operativo policial, telón de fondo de la discusión legislativa. (Guido Piotrkowski)

El gobierno está decidido a mostrar su cara represiva sin titubeos. Así quedó de manifiesto el 24 de octubre cuando, mientras la Cámara de Diputados discutía el proyecto oficial de Presupuesto, se produjeron incidentes en las inmediaciones del Congreso. Las redadas policiales en el centro porteño, que incluyeron gases lacrimógenos y balas de goma, recordaron las secuencias violentas de diciembre pasado cuando se aprobó la reforma previsional. Las imágenes de los agentes circulando en motocicleta, disparando con armas largas o capturando dirigentes sociales y sindicales se repitieron por los noticieros y redes sociales para que no quedasen dudas del mensaje que el presidente Mauricio Macri está dispuesto a avalar con tal de que no se modifique la línea político-económica que necesita aplicar hasta el final de su mandato.
A la respuesta policial, la Casa Rosada sumó como novedad el pedido de expulsión del país de cuatro extranjeros que fueron detenidos en los alrededores del Parlamento el día de los incidentes. La solicitud la realizó el ministro de Interior, Rogelio Frigerio, en conferencia de prensa sin siquiera esperar a que se desarrollara una investigación judicial que brindase certezas sobre el rol que tuvieron los dos venezolanos, el paraguayo y el turco apresados aquella jornada.
Macri está atento a cómo ven a su gobierno en el exterior. No fue azaroso que el Fondo Monetario Internacional (FMI), cual acto reflejo, tras la media sanción aprobase el nuevo acuerdo solicitado por la Argentina por 56.300 millones de dólares un día después de que los diputados dieran media sanción al Presupuesto que impone un duro ajuste en 2019 y medidas perjudiciales para la sociedad, entre ellas, una reforma previsional. Menos aún, el despliegue de las fuerzas de seguridad comandado por la ministra Patricia Bullrich, cuando se espera a los principales líderes mundiales en Buenos Aires entre el 30 de noviembre y el 1° de diciembre, en el marco de la cumbre del G20.

Tejiendo para 2019
Además de una treintena de detenidos y escandalosas peleas políticas en el recinto, el debate por la ley de leyes mostró fisuras partidarias, tanto en la oposición como en la alianza de gobierno, y también aprestos de cierta articulación entre sectores del justicialismo.
Por un lado, en la previa de la discusión se oficializó la ruptura del bloque de diputados del Frente Renovador. Felipe Solá, Daniel Arroyo y Facundo Moyano pegaron el portazo y abandonaron la bancada que se referencia en Sergio Massa. En total, se fueron del espacio massista cinco legisladores, quienes crearon un interbloque con Victoria Donda y el Movimiento Evita.
Fue un doble desplazamiento el de Solá. Por un lado asestó un duro golpe a Massa, que no define su destino político y vuelve a acercarse a Margarita Stolbizer (ver página 16), por otro, decidió integrarse a la Mesa de Acción Política del PJ Nacional, creada en junio para impulsar la unidad del peronismo. Lo hizo junto con el triunviro de la CGT Héctor Daer, quien también rompió con el tigrense el año pasado. Ambos se sumaron a la estructura partidaria que conduce José Luis Gioja como presidente del Consejo Nacional. Previamente, desde el PJ se había anunciado que se incorporaban a la misma mesa tanto el secretario general de Camioneros, Hugo Moyano, como el del SMATA, Ricardo Pignanelli. Es decir que Daer y Moyano, a pesar de que tienen un viejo enfrentamiento personal, compartirán un mismo espacio de discusión en pos de amalgamar al PJ. Lo mismo sucede entre Solá y Daniel Scioli, quien también integra esa mesa, al igual que el dirigente kirchnerista Eduardo Wado de Pedro; el jefe del bloque de diputados del FPV, Agustín Rossi; el pampeano Rubén Marín; y Ginés González García, por citar otros miembros del núcleo de acción política. «Todos tienen un mismo objetivo: terminar con las políticas de ajuste macristas, por lo que decidieron dejar sus diferencias de lado», aseguran a Acción desde el PJ Nacional, donde desde hace unos seis meses están trabajando con intensidad por la cohesión de la oposición.



PJ. Crece la mesa de acción política. (NA)

Con los comicios de 2019 en el horizonte, en la sede de Matheu 130 se tejen distintas estrategias. «Calculamos que para el año próximo vamos a lograr aglutinar al 70% o 75% del peronismo. Con ese nivel de unidad nos podremos imponer en las próximas elecciones», se entusiasman. Por motu proprio quedarían excluidos Massa, Miguel Pichetto, Juan Manuel Urtubey y Juan Schiaretti, quienes lanzaron a fines de septiembre un armado que le disputa poder al peronismo institucional. Para estos dirigentes, el kirchnerismo es un límite y no están dispuestos a compartir una misma fuerza política con esa corriente. Los gobernadores de algunas provincias como San Juan, Catamarca y Tucumán, por citar unos ejemplos, ya están delineando escenarios y analizan la posibilidad de desdoblar las elecciones nacionales de las provinciales. El devenir de la economía en los próximos meses será clave para tomar esa determinación, que no puede demorarse mucho dadas las urgencias del calendario electoral. En el gobierno, los más optimistas aseguran que para marzo comenzarán los primeros signos de recuperación económica, algo que los escépticos se niegan a creer. Mientras el peronismo intenta reagruparse, ¿qué sucede en el oficialismo?

Malestares
A los enojos de la diputada y cofundadora de Cambiemos, Elisa Carrió, y de la UCR, que empezó a reforzar sus diferencias con el PRO, se hizo trascender por los medios de comunicación que la gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, también se molestó con el presidente.
Una de las figuras políticas del Gabinete bonaerense, el ministro de Gobierno y exintendente de San Miguel, el peronista Joaquín De la Torre, criticó a Frigerio en una entrevista con el diario La Capital, de Mar del Plata, por la forma en que negoció el Presupuesto 2019 con los gobernadores en desmedro de la Provincia. La crítica, por elevación, estaba destinada al jefe de Estado. De la Torre consideró «un error político dejar a la Provincia con menos dinero del que corresponde» y lamentó que «la mayoría de la plata que pagan los bonaerenses» se vaya al resto de las provincias. Al día siguiente, el ministro bonaerense buscó bajarle el tono a sus dichos y hasta Vidal compartió un acto con Frigerio, pero el rumor sobre el descontento de la gobernadora con Macri ya se había hecho rodar.
¿La pelea fue real o forma parte de una estrategia de distanciamiento «en clave 2019», diseñada en el búnker macrista, que a la hora de hacer andar su maquinaria electoral no deja nada atado al azar? La gobernadora de Buenos Aires comenzó a caer en las encuestas, siguiendo la tendencia de Macri, cuya imagen positiva se hunde desde diciembre de 2017, lo que enciende las alarmas en el equipo amarillo. Con varios meses de recesión por delante, el oficialismo deberá agudizar sus tácticas políticas para evitar que la crisis impacte en sus principales dirigentes. En este contexto, no faltan quienes creen que el cruce que se difundió en los medios no tiene más efecto que el de comenzar a despegar a las máximas figuras de Cambiemos para evitar un «efecto contagio» si el presidente no repunta en los sondeos de opinión. Otros, claro, sostienen que el malestar de la mandataria bonaerense, cuya imagen negativa ya supera a la positiva, es verdadero. Lo cierto es que a Vidal no le faltan motivos para estar molesta. Y Macri lo sabe. El peronismo también.