Divino amore
A. Arias y R. de Ceccatty

Pelucas, coronas, estrafalarios tocados, ampulosas capas, guantes e implantes son el remate hiperhistriónico, no sin elegancia, que el diseñador de modas Pablo Ramírez aporta a Divino amore, el espectáculo de Alfredo Arias y René de Ceccatty estrenado en París, en 2007, que ahora Arias remoza en Buenos Aires. La actual versión es interpretada por cuatro artistas que actúan, cantan, bailan, tienen personalísimo estilo y a la vez se saben plegar a la estética exquisita y delirante del director argentino radicado en Francia: Alejandra Radano, María Merlino, Carlos Casella y Marcos Montes. El hilo argumental de esta pieza de teatro musical parte de la anécdota de una compañía de teatro religioso que Arias conoció en los 70, en Roma. Los personajes y sus parlamentos ironizan sobre la liturgia cristiana, a partir de una teatralidad que coquetea con lo kitsch y lo decadente. Mientras una madre y su hija se pierden y se reencuentran, surgen otros personajes que exhiben su dudoso talento. La resolución de los intérpretes convocados por Arias es impecable. Casella, en particular, canta con su voz cada vez más depurada y, respondiendo a lo que le demandan sus roles, se pavonea orgullosamente por el escenario. (Teatro de la Ribera)

Analía Melgar