Eduardo Rovira: la otra vanguardia
Sónico - Independiente/Pianofabriek

Eduardo Rovira (1925-1980) fue un músico y compositor de tango que tensó esta música y buscó llevarla más allá de los límites. No solo fue contemporáneo de Piazzolla: compartieron búsquedas por la renovación del género. Su obra fue ubicada, casi siempre, como la contracara y por ello, un poco a la sombra del gigante. Hay crónicas de aquella época que los ubican compartiendo el escenario de Gotán. Durante estos años ciertos músicos se le animaron a algunas piezas suyas. Sueltas, como chispazos. Hasta hoy, que el quinteto Sónico –Stephen Meyer (violín), Anke Steenbeke (piano), Lysandre Donoso (bandoneón) y los argentinos Camilo Córdoba (guitarra) y Ariel Eberstein (contrabajo)– acaba de editar Eduardo Rovira, la otra vanguardia, un disco de una belleza extrema. Hay tres piezas ajenas pero arregladas por Rovira («El motivo», de J. J. Cobián; «Esquina», de Rodolfo Alchourrón; y «La cumparsita», de Matos Rodríguez). En el resto, el quinteto echa mano a obras propias del bandoneonista. Majo Majú, Sanateando, Sónico, Taplala, son algunas de esas gemas que estaban como ocultas y que, aquí, estallan. Y rozan las esquirlas: la música clásica, la atonal, la electricidad instrumental. Todo sigue el haz de luz. Obras que, inalterables y como talladas en piedra y en casi una hora de justicia poética y musical, cruzan el mar del tiempo y llenan el aire de tanguidad: hermosa y roviriana.

Nacho Babino