El camino cordobés
Juan Schiaretti
Cultor de una suerte de tercera vía, en la campaña electoral fue el único gobernador peronista que no acompañó la fórmula del Frente de Todos y mantiene esa postura: no sumó sus diputados al oficialismo y se posicionó en el interbloque Federal.
Carlos Romero

Contracara. Ganó los comicios locales con el justicialismo y fue prescindente en lo nacional. (Télam)

El gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, interpreta con eficacia el particular paladar político de sus comprovincianos, como quedó reflejado a lo largo de este año electoral. Es lo que otro experto en la materia, el ya fallecido José Manuel de la Sota, llamó «cordobesismo»: una suerte de tercera posición respecto de la esfera nacional, que le permitió al PJ hacer pie y mantenerse en un distrito donde siempre mandó la UCR.
Peronista en una provincia antes radical y ahora macrista, Schiaretti hizo de la autodeterminación de Córdoba su manual de estilo. De hecho, de todos los mandatarios del PJ, fue el único que el 27 de octubre se presentó con boleta corta, sin apoyar a Alberto Fernández. Mauricio Macri –viejo amigo del cordobés– superó el 61% en la provincia mientras que en el reparto de diputados Schiaretti, si bien celebró la performance de su sello, Hacemos por Córdoba, solo obtuvo una banca. El Frente de Todos logró dos, y el macrismo se llevó seis. Así, el «cordobesismo» tiene en el Congreso cuatro diputados propios, que no se sumaron al flamante oficialismo, sino que, con lavagnistas y socialistas, armaron el llamado interbloque Federal.
«No es posible que para alguien sea lo mismo la Argentina de Macri que la que proponemos», había lanzado Fernández antes de los comicios. Y ya como presidente electo, insistió: «Siempre han tenido una posición muy reactiva. Por muchos años, gobernó el radicalismo menos progresista. Y el mismo peronismo oculta mucho su condición».
Schiaretti le respondió a su manera. En dos encuentros con las patronales chacareras, llamó a «cuidar al campo», lo ubicó en el corazón de las economías regionales y pidió «darle herramientas para que pueda producir más y mejor». Sus dichos, celebrados por la Sociedad Rural, se montaron sobre rumores de una suba a las retenciones por parte del nuevo Ejecutivo nacional. Justamente, en 2008, el conflicto con el campo había marcado la ruptura entre el gobernador y el kirchnerismo.

Experiencia fallida
Pero si bien el último juicio electoral de la tierra del cuarteto fue un soplo de optimismo para Macri, antes le había dado un duro golpe. En mayo, después de que Marcos Peña, desde la Casa Rosada, digitara al candidato radical para Córdoba, la UCR fue dividida y Cambiemos perdió por paliza ante Schiaretti, que logró la reelección. Ganó con el 57%, un récord histórico, y le sacó 35 puntos al radical PRO Mario Negri. Era la octava y más contundente derrota para Cambiemos, pero ya en ese momento el cordobés se desmarcó de sus pares peronistas, que empezaban a actuar en conjunto, esperando la emergencia de una síntesis que luego sería Fernández. «Córdoba ha demostrado que puede votar un intendente, un gobernador o un presidente de partidos distintos», sostuvo, con acierto, la noche misma de su victoria. Cuando las distintas vertientes del PJ comenzaban a articularse, la provincia mediterránea mantenía su aislamiento.
Schiaretti llevó el espaldarazo de su reelección a un frente hecho a su medida: Alternativa Federal, un armado variopinto que reunió para la foto al denominado peronismo «blanco», con Sergio Massa, Juan Manuel Urtubey, Miguel Ángel Pichetto y, a la distancia, Roberto Lavagna. Fue una experiencia fallida, supuestamente nacida para romper la polarización, pero que terminó con todos sus integrantes en proyectos disímiles, salvo por el gobernador, que volvió al confort del «cordobesismo».
Egresado del liceo militar, contador, dirigente estudiantil en el Cordobazo, funcionario de Ricardo Obregón Cano y amenazado por la Triple A, en los 70 Schiaretti se exilió en Brasil, donde fue gerente de Fiat y se vinculó a los Macri, dueños de Sevel Argentina. En democracia y apadrinado por Domingo Cavallo, fue secretario de Industria y Comercio del menemismo e interventor en Santiago del Estero. Rival y luego socio de De la Sota, gobernó por primera vez en 2007, y ahora, con 70 años, llegó a su tercer mandato. En todo ese tiempo, aprendió que el peronismo cordobés es más cordobés que peronismo.