El cazador
Marcos Berger

El prolífico Marcos Berger estrena su última película en el programa del INCAA destinado a los films argentinos afectados por el cierre de salas ocasionado por la pandemia, que encuentran en la señal de televisión CINE.AR TV y la plataforma digital CINE.AR PLAY la posibilidad de llegar al público. El realizador de Plan B, Ausente y Un rubio utiliza en esta oportunidad elementos del thriller para contar la atracción sexual de Ezequiel (debut de Juan Pablo Cestaro) hacia el Mono (Lautaro Rodríguez, protagonista de Mi mejor amigo), un chico mayor que él, que lo vincula a una red de pornografía infantil. Berger trasmite en sus películas la tensión sexual implícita entre los amantes. Los cuerpos masculinos son erotizados por la mirada de uno hacia otro y construidos como objetos de deseo, pero también como presas a poseer y/o devorar. La presión en El cazador se acrecienta con la puja de dos fuerzas antagónicas que se debaten en el interior del protagonista: el deseo propio del despertar sexual adolescente y el miedo a experimentar lo socialmente prohibido. Una constante en el cine de Berger, que aquí aparece exacerbada por la explícita amenaza que implica involucrarse en la organización delictiva. Pero el conflicto no es legal sino moral, porque aquello que se pone en jaque es la corrupción de menores, en un interesante juego con el título del film. El espectador cuenta con menos información que los personajes, un recurso que obliga a seguir las acciones e intentar dilucidar si Ezequiel reproducirá el daño al relacionarse con Patricio, un menor de edad al que conoce en la pista de skate, o si tendrá la capacidad de revertir la cadena de abusos. Una serie de alegorías visuales cierran la idea de manera inteligente en esta película presentada en el Festival de Rotterdam, que se anima a exponer sin maniqueísmo un tema escabroso y poco retratado en el cine nacional.

Emiliano Basile