El cooperativismo después de la pandemia
Edgardo Form/Presidente del IMFC

La celebración del Día Internacional de las Cooperativas será este año diferente. No se realizarán actos presenciales y, a lo sumo, tendrán lugar encuentros virtuales a través de las redes sociales y los soportes informáticos. Las conmemoraciones de esta fecha distintiva del movimiento cooperativo, fijada en los calendarios de todo el mundo para el primer sábado de julio, tendrán lugar en un contexto inédito, el de una grave crisis sanitaria provocada por el COVID-19, con millones de contagiados y decenas de miles de muertos. Una pandemia que, más allá de los métodos de diagnóstico para la detección eficaz de la enfermedad, aún no tiene vacuna preventiva y solo es posible combatir sus consecuencias mediante tratamientos sintomáticos con los recursos médicos disponibles hasta el momento.  
Nadie puede pronosticar cuándo finalizará esta tragedia y mucho menos cómo será el futuro a partir del día después.
«Es muy probable que el orden global cambie a partir de ahora», expresó en una reciente declaración el presidente de la Alianza Cooperativa Internacional, nuestro compatriota Ariel Guarco, y agregó: «La profunda crisis sanitaria, pero también económica, financiera, social y en muchos casos política, derivará en nuevos caminos para el desarrollo de nuestras sociedades. Cómo será ese desarrollo es el debate central que debemos encarar».
En efecto, este es uno de los principales desafíos del cooperativismo en el tiempo que nos toca vivir.
«La humanidad está envuelta en una tremenda pandemia con un altísimo costo en vidas humanas. Y ha llegado a esta instancia en condiciones de suma fragilidad por la enorme desigualdad imperante y el profundo desequilibrio ambiental que la acción humana está provocando», continúa diciendo el presidente de la ACI.
«Un puñado de personas detenta un patrimonio equivalente a la mitad de la población planetaria. La deuda mundial (soberana, de hogares y empresas) es equivalente a más de tres veces el producto bruto mundial. Un modo de producción y consumo lineal, sin frenos, nos llevará a puntos de no retorno en apenas una década», expresa el documento. Y sostiene más adelante: «Pero la cultura del descarte muestra hoy sus límites. La pandemia desnuda nuestra fragilidad, nos señala que aún estamos muy lejos del desarrollo económico, social y ambientalmente sostenible que acordamos buscar en la Agenda 2030. La pregunta es: ¿hasta dónde seremos capaces de torcer nuestro rumbo como civilización?».
A modo de aproximación a las respuestas posibles, resulta oportuno transcribir algunos de los conceptos expresados por el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos en las declaraciones emitidas con motivo de la celebración que nos ocupa.
En junio de 2012, bajo el título «90° Día Internacional de las Cooperativas - Tiempo de cambios», el IMFC recordó que «el cooperativismo nació como respuesta crítica al capitalismo. Ese fue el sentido profundo de la extraordinaria creación que inmortalizó a los Pioneros de Rochdale. Porque en 1844, los fundadores de la primera cooperativa de consumo llevaron a la práctica un modelo de organización económica y social basado en la solidaridad. Y lo hicieron, precisamente, en un contexto de crisis provocada por un sistema que privilegiaba la máxima ganancia como fin principal y último». La Revolución Industrial de entonces multiplicó la producción de bienes, pero el conflicto esencial del sistema capitalista, consistente en el carácter social de la producción y el carácter privado de la apropiación de la riqueza, comenzó a eclosionar a través de las crisis cíclicas.
En esa misma declaración, el Instituto Movilizador destacaba que «más allá de los logros del cooperativismo en la creación y distribución de bienes y servicios, hay un aporte de vital importancia y trascendencia en la coyuntura histórica que vive la humanidad. Se trata del ideario cooperativo, cuya vigencia es indudable frente a la crisis económica, política, social, cultural y civilizatoria contemporánea».
La batalla cultural de nuestros días encuentra en la doctrina y la práctica de la cooperación un aporte formidable para contribuir a transformar la realidad. Por eso auguro –como afirma Ariel Guarco–, a pesar del dolor y la incertidumbre que hoy nos atraviesan, que seremos capaces de forjar una nueva era global, un destino común con valores y principios cooperativos.


(Bibiana Fulchieri)