El enigma de la habitación 622
Joel Dicker - Alfaguara - 620 páginas

Con títulos como La verdad sobre el caso Harry Quebert (transpuesto en una miniserie), El libro de los Baltimore y La desaparición de Stephanie Mailer, el joven autor Joël Dicker se consolidó como un número fijo en las listas de bestsellers. La receta es conocida: borrar las marcas locales lo suficiente como para consolidar el relato en otras latitudes o, al menos, darles el toque pintoresco necesario para que el lector encuentre gracia en las descripciones (ya sean de bosques sórdidos o de ciudades más o menos identificables); generar una trama pródiga en revelaciones; establecer un sistema de información que opere como un rompecabezas cuyas piezas quedarán bien encajadas recién en las últimas páginas. Su última obra, El enigma de la habitación 622, introduce una singularidad que supieron emplear con mayor éxito escritores contemporáneos como Paul Auster. Se trata de la inclusión del propio Dicker como un personaje más de la novela. Luego de la muerte de su editor (el célebre Bernard de Fallois) y de una ruptura amorosa, la historia comienza con el autor dispuesto a pasar unas merecidas vacaciones en los Alpes suizos. Tiempo de ocio que una lectora convertirá en un proyecto de escritura, a partir de una investigación que gira en torno al crimen cometido en la habitación 622 del lujoso hotel donde ambos se encuentran. Desde entonces, el relato se desdoblará en dos tiempos (el del asesinato y el de la búsqueda de su resolución) y quedará un tanto resentido su impacto a causa de la falta de fluidez narrativa, la excesiva distensión de algunos hechos nodales y, sobre todo, del trazo grueso con el que el escritor delinea a la mayoría de sus personajes.

Ezequiel Obregón