El juicio de los 7 de Chicago
Aaron Sorkin

Netflix estrena la primera de sus producciones con chances para la próxima temporada de premios y lo hace en plena campaña para las elecciones presidenciales en Estados Unidos. No es casual, por ende, que se trate de una historia real: la del juicio que siguió a los disturbios ocurridos entre la policía y los manifestantes en Chicago mientras se desarrollaba la Convención Nacional Demócrata de 1968. El guionista de Red social y la serie The West Wing, dirige su segunda película (la primera fue Apuesta maestra) en un claro paralelo con los tiempos de Trump, en los que los conflictos luego del asesinato de George Floyd son moneda corriente. Con el contexto de la guerra de Vietnam, las Panteras Negras en auge y la previa a los comicios en los que triunfaría Nixon, la película cuenta la historia del arresto del afroamericano Bobby Seale (Yahya Abdul-Mateen II), los hippies Abbie Hoffman (Sacha Baron Cohen) y Jerry Rubin (Jeremy Strong) y el militante demócrata Tom Hayden (Eddie Redmayne), entre otros. La desmedida acusación de conspirar contra el Gobierno de los Estados Unidos es impulsada por un inexperto fiscal Richard Schultz (Joseph Gordon-Levitt), en un juicio comandado por el nefasto juez Julius J. Hoffman (impecable Frank Langela). Dentro del género de juicios y sus tópicos habituales, Sorkin crea un guion preciso que mantiene la tensión de principio a fin, empatiza con la causa de los manifestantes y desnuda las injusticias cometidas en el estrado. El relato comienza con el proceso legal, mientras que los acontecimientos previos que llevaron a los acusados al banquillo son recreados a través de un montaje que intercala la versión de los testigos. Este recurso establece los distintos puntos de vista, el oficial y el verídico, para echar luz sobre lo sucedido. Pero la película cobra relevancia al asociar los convulsionados años 60 con los tiempos actuales: la mayoría de las situaciones reconstruidas parecen, por desgracia, haber sucedido hoy mismo.

Emiliano Basile