«El protagonista es el libro»
Juan Sasturain
Reconocido escritor y periodista, el flamante titular de la Biblioteca Nacional tiene como objetivo principal recuperar los espacios y los programas de actividades culturales y talleres recortados durante el macrismo. El nombramiento le llegó cuando trabajaba en una nueva novela.
Rubén H. Ríos


Nombrado recientemente director de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, en reemplazo de Elsa Barber, el escritor y periodista Juan Sasturain, nacido en el pueblo bonaerense Adolfo Gonzáles Chaves, es conocido por los lectores de Página/12, Clarín y La Opinión. En televisión, condujo el programa sobre literatura Ver para leer, en Telefe, Continuará..., por Encuentro, sobre historieta argentina, y Disparos en la biblioteca, por la TV Pública, sobre el género policial argentino. Sasturain dirigió Fierro, una de las revistas de historietas míticas de la Argentina. El año pasado, ganó el premio Dashiell Hammett de la Semana Negra de Dijón (Francia) a la mejor novela negra escrita en castellano por El último Hammett. Además, es autor de Manual de perdedores 1 y 2, La mujer ducha, Brooklyn y medio, Pagaría por no verte, Buscados vivos y Dudoso Noriega, entre otros libros. También fue guionista de los cuatro tomos de la celebrada novela gráfica Perramus, de Alberto Breccia, ganadora del premio Amnesty Internacional en 1988. Durante la entrevista, donde se mostró afable y espontáneo, muy atento a las preguntas, Sasturain elogió varias veces la gestión de Horacio González en la Biblioteca Nacional entre 2005 y 2015.  
–Considerando que asumiste hace poco tiempo, ¿cuál es, en general, la situación de la Biblioteca Nacional?
–Buena, porque los factores más importantes, el capital intelectual y humano, el capital material y cultural, podríamos decir, están intactos, pero subejecutados. Hay una gran cantidad de personal con experiencia y mucha capacidad que, por las circunstancias dadas, trabajan todavía a media máquina, tanto por falta de presupuesto como por falta de planeamiento y desarrollo, por ejemplo, en lo cultural. En los últimos cuatro años hubo una tendencia a reducir las actividades culturales. Entonces es cuestión de reactivar la Biblioteca. Por eso soy muy optimista, en cuanto a que potencialmente, más allá que materialmente se trabaja y se trabaja mucho, podemos hacer mucho más.
–¿Ese potencial se ha conservado pese a los despidos de la administración anterior?
–Hubo despedidos, pero algunos se repusieron en la gestión anterior, y quedó un remanente que analizaremos. Lo que ocurrió durante el Gobierno de Macri es que se desactivaron, por desplazamiento de personal o por supresión de las actividades, algunas zonas que se consideraban, en el fondo, impertinentes. Los casos más flagrantes son el Museo del Libro y de la Lengua y el Centro Borges de la calle México, que fueron cerrados. Quedaron algunas personas ocupando un rol simbólico, pero el espacio fue abandonado, tanto es así que cuando se rompió algo de la estructura directamente no se atendió, porque eran lugares que no se usaban. En el organigrama, el Museo funcionaba como una sala de lectura de la Biblioteca, pero en la práctica no era así. Lo mismo pasó con la editorial, que en una década publicó 400 títulos, en una gestión brillante de Horacio González que llevó adelante personalmente. La editorial de la Biblioteca se eliminó de inmediato y no se publicó ningún libro más. Todo esto tiene sus fundamentos teóricos, una concepción de lo que tiene que ser una biblioteca nacional.
–¿Una decisión de Alberto Manguel?
–Evidentemente fue una decisión de Manguel.
–¿Y ahora, cuál es la situación del Museo del Libro, del Centro Borges y de la editorial?
–Bueno, son desafíos para nosotros porque pretendemos la reactivación inmediata. Estamos exactamente en esa tarea, con el propósito de retomar lo que se interrumpió. El hecho de la designación de María Moreno al frente del Museo del Libro es la reafirmación de esa voluntad. Cuando se publique esta entrevista ya se estarán realizando las primeras actividades en el Museo, que equivale a volver al escenario cultural de la Ciudad, con el perfil, obviamente, que le dará María.
–¿Y en cuanto al Centro Borges?
–También estamos emprendiendo una tarea de recuperación del patrimonio borgeano y de la gente que trabaja con eso. Actualmente están a cargo Laura Rosatti y Germán Álvarez, que hace nueve años que están allí. Cuando González creó el Centro Borges, en la antigua Biblioteca Nacional, se comenzaron ciertas investigaciones que el Gobierno de Macri frenó, pero que los investigadores continuaron por su cuenta trabajando con la colección Borges y una colección que entró hace unos años de la biblioteca de Bioy Casares y Silvina Ocampo. El proyecto es que en el Centro Borges se concentre todo lo vinculado con él como el núcleo borgeano de la Ciudad y de la Argentina. Explícitamente tenemos el apoyo del ministro para llevar a cabo este proyecto. Eso significa reparar el edificio, que está dañado por el abandono. A mediano plazo hay una puesta en valor arquitectónica del edificio y un plan de desarrollo a dos años del reacondicionamiento interno, desde los sótanos hasta las salas.
–¿Cuáles son los proyectos para la editorial?
–Fue la editorial del Estado argentino más activa y poderosa durante toda una década, y pretendemos recuperar esa actividad, con la revisión lógica del perfil de publicación, porque los tiempos han cambiado también. Pero estamos muy contentos ya que Horacio González, quien fue realmente el creador de la editorial de la Biblioteca, que tuvo una función extraordinaria, retoma el control, obviamente ad honorem, como le gusta decir a Horacio. Las ediciones facsímiles que realizó, durante su gestión, son memorables. Después la colección Los Raros se ocupaba de autores que habían quedado olvidados y desatendidos.
–¿Algún interés especial respecto de las próximas ediciones?
–A mí me interesa particularmente que se desarrollen, y eso lo tenemos que coordinar con Horacio, algunos aspectos de la literatura popular que tuvieron como soporte publicaciones periódicas, por ejemplo, la narrativa policial y de misterio, de ciencia ficción o del género fantástico. Para darte un ejemplo cualquiera, hay toda una zona de la literatura policial argentina, publicada de mediados de los años 30 hasta bien avanzados los 50 del siglo pasado, que prácticamente no ha sido reeditada en libros, como lo que apareció en los folletines de diarios como Crítica o Noticias gráficas, en las colecciones populares de novelas policiales, como Rastros, donde muchos escritores usaban seudónimos, algunos eran conocidos y otros desconocidos, y a otros solo los conocemos por sus seudónimos. Son obras leídas masivamente que están en la memoria colectiva, pero que no están datadas, y que al reeditarlas se reconstruye el sentido de todo un sistema literario. Lo mismo en el campo del humor gráfico o el costumbrismo de esas épocas, donde hay piezas artísticamente valiosas, como, por ejemplo, los primeros dibujos de Copi.
–¿La revisión incluye la historieta?
–Por supuesto. Hay que tener en cuenta que en la Biblioteca existe desde hace muchos años el centro de investigaciones de historietas, que es el más importante del país y que, además de las publicaciones, realiza exposiciones y muestras. En este momento hay una exposición sobre Oesterheld. También es un lugar de recepción y de donación de materiales invalorables. Ahora mismo está llegando gran parte del reservorio original que tenía Robin Wood, en Paraguay, de sus historietas para Editorial Columba. Eso constituye un testimonio importantísimo y nada menos que de Robin Wood, uno de los narradores más populares de este país.
–Con respecto a la Biblioteca Nacional como tal, ¿cuáles son tus planes?
–La idea es volver al perfil que se generó durante la gestión de Horacio. Lógicamente los tiempos han cambiado, el momento político y social es otro, y los responsables somos otros. En lo económico es también otro momento, porque ya no disponemos de los recursos que tuvimos. Pero la Biblioteca Nacional es un epifenómeno dentro de una situación general. Nuestra idea es que la Biblioteca sea de todos. En lo ideológico estamos abiertos a todas las expresiones, más allá de aquellos que se automarginen o que defiendan lo indefendible.


–¿Qué proyectos hay en marcha?
–La prioridad es reactivar los talleres, que ahora están bajo la dirección de Guillermo David, que fueron interrumpidos o se llevaron adelante en dosis homeopáticas. Después abrir otro tipo de actividades mayoritarias, como debates, conferencias o coloquios, siempre en torno al libro. El protagonista es el libro. A la Biblioteca venimos a leer y a estudiar lo que leemos. Los talleres de literatura son básicamente talleres de lectura, no de escritura. Hoy en día es más fácil encontrar gente que escribe que lectores. Así que empecemos por estimular la lectura. Además, los talleres son abiertos y gratuitos para el público, y los talleristas son rentados. Por el momento, tenemos que equilibrar las finanzas. El presupuesto de 2020 no fue aprobado y el de 2019 era un 30% menor que el anterior y estaba subejecutado o no ejecutado casi en su totalidad porque se dieron de baja un montón de actividades. Es así como se construyen los llamados «ñoquis» del Estado, en lo cual el neoliberalismo es especialista, a la inversa de lo que ellos dicen. Incluso desde el punto de vista de la eficacia del Estado, desmantelaron áreas fundamentales en lo bibliotecológico, por ejemplo, todo lo relacionado con la cadena de catalogación del archivo del diario Crónica, y desafectaron personal. Lo que pasa es que uno de los objetivos de Macri era desmantelar la Biblioteca Nacional porque había sido un emblema del Gobierno anterior.
–¿Cuáles son tus próximos pasos?
–Lo que tenemos que hacer ahora es empezar a ejecutar el presupuesto en tiempo y forma y solicitar dinero al Ministerio de Cultura para financiar cosas puntuales, como, por ejemplo, decidí que la Biblioteca vuelva a la Feria del Libro, porque la Biblioteca hace cuatro años que no participa de la Feria. Pero esos 877 millones no llegan a nosotros de una vez, sino divididos en entregas trimestrales. En el Gobierno de Macri lo que hacían era no enviar el dinero cada tres meses y entonces en el presupuesto aparecía como subejecutado o no ejecutado. Es decir, disponían de los fondos nominalmente, pero no realmente. Recién hoy pudimos reorganizar todas las firmas digitales que van encriptadas en el Ministerio de Economía y ahí nos enteramos de que no se envió el dinero del último trimestre del 2019. De modo que no ejecutaron 100 millones, que se perdieron. Hasta que se sancione la nueva Ley de Presupuesto Nacional estamos dependiendo de salvavidas financieros.
–Supongo que tienen prioridades para solicitar refuerzos del magro presupuesto que manejan.
–Las prioridades son primero la gente que trabaja en la Biblioteca y las condiciones de trabajo. No vamos a llevar adelante proyectos si los ascensores no andan. Uno no funciona, pero ya lo están reparando. Nuestras actividades culturales requieren de ciertas condiciones materiales que debemos garantizar. La buena noticia es que nos otorgaron un préstamo de 7 millones de dólares para equipamiento y digitalización del Fondo Financiero para el Desarrollo de los Países de la Cuenca del Plata, conocido como Fonplata, que es un organismo financiero multilateral conformado por Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay. Eso lo consiguió la gestión anterior y lo administra Economía, y lo cancelan ellos, no nosotros.  
–¿Consideraron recurrir a ese tipo de apoyo financiero?  
–La idea es mantenerse abierto a las diversas fuentes de financiación posibles. Por el momento, estamos trabajando en conseguir auspiciantes, que las actividades no nos resulten onerosas, buscar la manera de conseguir socios para coeditar, para financiar algunas áreas. En eso estamos muy abiertos. Hemos reactivado la relación con la Asociación Amigos de la Biblioteca, con gente que puede ayudarnos.
–¿Te sorprendió el nombramiento?
–Me cayó muy bien. Me sorprendió, me halagó y me responsabilizó vertiginosamente. Primero me fueron tanteando algunos amigos históricos, de distintos lugares. Hubo una semana de incertidumbre, porque había varios candidatos. Dudaba tanto de que la propuesta se concretase como también de mi grado de disposición. Yo estaba jubilado y hacía vida de jubilado, leía y escribía, de hecho, estaba escribiendo una novela que interrumpí. Pero, te repito, soy optimista. En la Biblioteca hay gente muy capacitada, que sabe qué hacer. El único paracaidista acá soy yo. Por el momento, la estrategia es sobrevivir.
–¿Te queda tiempo para escribir?
–Bueno, cambiaron las prioridades. Ya buscaré mi tiempo para volver a escribir. Estaba escribiendo una novela nueva sobre Etchenique, el policía retirado de mis novelas policiales, que dejé en suspenso. Además, uno escribe cuando puede, no cuando quiere. No depende de la voluntad. Uno no escribe cuando tiene tiempo libre, en una isla ideal. Eso no existe. Lo que existe es una determinada tensión que te lleva a escribir en cualquier circunstancia. Así que cuando la tensión aparezca, escribiré, no lo dudes. Mientras tanto, todas mis energías son para la Biblioteca Nacional.


Fotos: 3Estudio/Juan Quiles