El regreso de la medialuna
En el bar
Rudy

En el episodio anterior, Rebequita le reprochaba amargamente a Tobías porque él, a su vez, le reprochaba a ella que había pedido seis medialunas para el café con leche…

–Tobías de mis satélites malvendidos al exterior, ¡me reprochás porque pedí medialunas y ahora te las estás comiendo vos!
–Rebequita de mis reformas impositivas, el mío es un acto de amor, de compañerismo, de solidaridad clasista, de militancia saludable, ¡no me estoy comiendo tus medialunas, las estoy compartiendo, coparticipando, volviéndolas un acto colectivo! Estoy actuando en nombre de los intereses de tus adipositos sobrecargados de trabajo que demandan menor carga laboral y pago por sus horas extras.
–Ay, Tobías de mis sueños malinterpretados, ¿lo estás haciendo por mí? ¿Estás sacrificando tus propios valores pequeñohamburgueses, tu gloriosa lucha contra el triglicérido, para que yo no luzca fuera de los valores socialmente aceptados por los laboratorios en la próxima temporada de chequeo?
–Así es, bella Rebequita de mis amores perros, lo hago por ti, para que no bajes tus banderas, ni las debas cambiar por otras de mayor talle.
–¿Sabés una cosa, Tobías de mis entrañas con salsa criolla? ¡No te creo nada! Decís eso porque en el fondo ¡me querés light! Pretendés que yo acepte esos argumentos falaces y voraces, pero detrás de eso se esconde tu propio apetito impertinente e insaciable. En lugar de pedir y hacerte cargo de tus propias medialunas, necesitás aprovecharte de las mías.
–Pero Rebequita de mis riñones a la provenzal, no me espetes semejante oración más digna de una secta que de una bella y querible partenaire en la vida. No es mi intención hacerte daño, ni mucho menos expoliarte.
–¿Spoilearme? ¿Pero quién habló de contar el final de una película? No entiendo nada, Tobías de mis sístoles, mis diástoles y mis apóstoles. ¿Me estás diciendo que este es el final? ¿Me querés dejar porque no soy lo suficientemente light para vos? ¿Me querés despedir sin indemnización, horas extras ni aguinaldo, por una medialuna?
–Rebequita de mis correos no deseados, yo te quiero, y si me lo pedís, ¡te traigo la luna!
–Ay, ¿en serio, Tobías de mis lentejas? ¿Me traerías la luna? ¡Bueno, entonces traeme otra media docena de medialunas.