El sandwiche
En el bar
Rudy

Tobías y Rebequita disfrutan una tardecita de abril. En verdad ya es mayo, pero la mayoría de los argentinos aún no llegó a fin de mes de abril, para no hablar de los que todavía están en julio de 2018.
–Rebequita, ¿querés algo, llamo al mozo? –Tobías rompe el silencio, y ya se sabe que «quien rompe, paga».
–Tobías, ángel de mi alma escéptica, héroe de mis epopeyas transgenéricas o transgénicas, coequiper de mi autopercepción imaginaria, ¿cómo podés cometer tantas burradas, con perdón de los asnos y las jamelgas, en una sola oración interrogatoria directa? ¿Quién te ha transmitido los conocimientos lingüísticos necesarios para expresarte de manera tan vilipendiabla, ya que no vilipendiosa, irrumpiendo en errores de género, número y especie en simultaneidad consecuente?
–Pero ¡Rebequita de mis neuronas empáticas en reparación! Solamente te pregunté si querías algo, así llamo al mozo.
–¡Y seguís sin darte cuenta de tus errores históricos! O sea que vos, buen burgués, solamente llamás al mozo, o sea, a la clase trabajadora, cuando la necesitás, sin tener el menor registro de sus necesidades históricas y actuales… El mozo puede tener hambre, puede querer algo; ¿y qué hace el mozo?, ¿te llama a vos?
–No, Rebequita de mi costilla a la riojana… pero él es quien está trabajando acá.
–Justamente, Tobías de mis yacimientos histéricos fiscales, justamente. Él, que es quien está trabajando, no te puede llamar a vos. Vos, que estás en pleno ocio, sí lo llamás para satisfacer tus deseos… ¡Qué vergüenza!
–Pero yo te pregunté a vos si querías algo.
–¡Peor, peor, mil ochocientas treinta y cinco veces peor! Tobías de mi mesclum de verdades sin radicheta. Me querés hacer cómplice a mí, que soy mujer, frágil, sorora, sonora y soñadora, de tus bajos impulsos machirraules o machitobías. Me colocás en un plano de igualdad con tus insaciabilidades faliformes. Y aparte, siempre en el marco de tus prejuicios cavernícolas, das por sentado que es un mozo, varón. ¿Cómo sabes que no es una moza, un moce, un mozu? Estás haciendo discriminación vocaliforme.
–¡Es que lo vi!
–Ay, Tobías de mis potencialidades resistenciales, ¡lo vi, lo vi! ¡Lo esencial es invisible a los ojos y a las hojas! Por ver al mozo, te estás perdiendo de ver lo más importante, lo que da sentido a tu bienestar social, individual y colectivo.
– ¿Y eso que es?
–«Eso» no, Tobías, «esa», «esa»… ¡Soy yo! Mirá, tanto prejuicio de tu parte me dio hambre. ¿No le pedís al moce un sandwichito vegetariano de jamón y queso?
Buen provecho.