Élite
Netflix

¿Élite es un absurdo o una genialidad? ¿Seduce con los caprichos de sus «chavales» o con sus intensos picos policiales? Las dos cosas. La serie de Carlos Montero y Darío Madrona logró varios hitos por fuera de su agresivo aparato de marketing: desnudar cómo los clichés burgueses se replican en adolescentes trepadores, hartos de su soledad. Un mal de clase que no distingue sexualidades. Hay un matrimonio de lesbianas con un hijo asesino; unos financistas con una hija traicionera; otra muy bizarra junto a su madre dealer; y hasta la pusilánime directora de la escuela Las Encinas con un hijo gay. Élite esquiva los mensajes trillados y el melodrama culposo de otras ficciones hispánicas. Aquí, la relación entre los que dominan y los dominados es dialéctica. Hasta quienes llegaron becados a Las Encinas tienen su cuota de idiotez. Esta tercera temporada vuelve a tirar los dados para revelar por qué sigue sin ir preso el autor de la muerte de Marina Nunier (María Pedraza). Ofrece sorpresas estratégicas a buen ritmo de electrónica, para sostener la tensión hasta el final. Élite jamás se cae porque hace reír, indigna, magnetiza con sus actuaciones y le da al espectador las claves justas para creerse parte, aunque nunca desee ser amigo de los herederos y excluidos de esta terrible clase.

Patricio Féminis