En busca del alfajor perdido
Facundo Calabró - Planeta - 287 páginas

Desde el siglo X en el norte de África hasta las fábricas desparramadas por la pampa argentina y más allá; desde monstruos industriales en la costa bonaerense hasta pasillos que llevan a empresas familiares en Mataderos o Quilmes. Así de indómita es la historia de la golosina más popular del país, esa «ostia» envuelta y mundana, policlasista, dulce: el alfajor. Pericia narrativa y periodística, también ritmo, riqueza informativa y cierta comicidad, así se hunde Facundo Calabró en un trabajo fascinante. Marcas conocidas como Guaymallén, Havanna, Jorgito, Capitán del Espacio, Fantoche, Cachafaz; instrucciones que permiten catar un alfajor y su relleno; la publicidad vernácula en torno a él. El autor se ocupa de los mitos, de los relatos verosímiles y no tanto que circulan alrededor de la golosina más típica del país. El derrotero local incluye a Sarmiento, los inmigrantes y ciertas monjas de clausura; el desarrollo y la expansión del ferrocarril; fútbol, boxeo y automovilismo; peronismo, dictadura, primavera democrática, crisis menemista y privatizadora; amores y traiciones; catadores no videntes –que, por ejemplo, tienen que llegar saciados al momento de la evaluación–, fórmulas secretas. Lo dicho hacia el comienzo de En busca del alfajor perdido: la golosina en cuestión como un palimpsesto a través del cual puede leerse, en cierta forma, la historia del país. Audaz, profundo, claro, bizarro por momentos, Calabró construyó un relato original. Buscó y encontró huellas, postas en el desarrollo de una de las costumbres argentinas más reconocibles: siempre hay alguna persona que, en algún momento del día, come un alfajor.

Juan Ignacio Babino