En la salud y en la enfermedad
Escuelas hospitalarias
En todo el país existen 396 unidades educativas que asisten a niños y adolescentes internados. La posibilidad de aprender, jugar y tomar decisiones los ayuda a enfrentar situaciones difíciles y alivianar el peso de intervenciones, estudios y tratamientos.
Verónica Engler

Un aula propia. Las clases se dan en hospitales y también en casas particulares. (Norma Plaszenczuk/Primera Edición Misiones)

Enseñar y aprender, de eso se trata. La educación como una forma de potenciar el presente y una apuesta a futuro, como un derecho de niños y jóvenes en cualquier situación. Por eso, la escuela puede extenderse mucho más allá de sus muros. Sin lugar a dudas, esto forma parte de una experiencia vivida en muchos hogares de Argentina desde que comenzó el aislamiento social preventivo y obligatorio. Pero antes de la pandemia por COVID-19 la escolaridad llegaba a muchos hospitales y casas en donde hay estudiantes que, por razones de salud, no pueden asistir a la escuela. Según el registro del Ministerio de Educación de la Nación, en la Argentina existen 396 unidades educativas que brindan enseñanza a niños y jóvenes en esta situación. El servicio se ofrece en hospitales, pero también en los domicilios particulares cuando es necesario. «La escuela hospitalaria devuelve al niño y adolescente su condición de estudiante capaz de tomar decisiones, de jugar, de recrear el presente y generar aprendizajes significativos», señala María Bellísimo, directora recientemente jubilada de la Escuela de Educación Especial (EEE) Nº501, Doña Marta Ramos Mexia de Güemes, de Haedo. «Es como un oasis en el contexto de la internación, donde el niño es un paciente sobre el cual intervienen los médicos y enfermeros realizando estudios y tratamientos muchas veces invasivos y dolorosos».
La EEE Nº501 es una de las más antiguas en su tipo en la provincia de Buenos Aires. De ella depende la escuela hospitalaria del Hospital Posadas (El Palomar, partido de Morón), que funciona desde fines de la década del 40 del siglo pasado, cuando todavía había escasas posibilidades de estudiar para quienes se hallaban internados/as en Argentina. En 1939 fue creada la primera escuela hospitalaria del país, en el Hospital Emilio Civit de la ciudad de Mendoza. Pero fue recién en 2006 que se reconoció legalmente la entidad de esta modalidad educativa, expresada en la Ley de Educación Nacional.
En la actualidad, en el Hospital Posadas, uno de los más grandes de la provincia, cursan aproximadamente 100 estudiantes por año, a partir del quinto día de internación y hasta el momento en que reciben el alta. Por otra parte, este hospital cuenta en su mismo predio con un hogar de tránsito, Casa Posadas, que brinda alojamiento, alimento y contención a pacientes o acompañantes de personas internadas o bajo tratamiento que residen en zonas alejadas del nosocomio. Allí también se alojan niños/as en tratamiento, a los cuales las maestras y los maestros hospitalarios les dan clases.
La metodología de trabajo en el hospital consiste en visitar las salas y asistir a los niños pedagógicamente en su lugar de internación. Los docentes trabajan al pie de la cama con cada estudiante de acuerdo con sus necesidades y posibilidades. En muchos casos el armado de la clase está determinado por cuestiones extracurriculares. «Depende mucho de cómo se encuentra el niño en el momento en que una se acerca a la cama», cuenta Nuria Picone, maestra en Educación Especial, especializada en discapacidad intelectual. «A veces están con las defensas bajas, o si tuvieron una peritonitis o una operación están con dolores, y los tenés que esperar hasta que se recuperen». Picone se desempeña por la mañana en el Hospital y en Casa Posadas. Por la tarde, concurre a domicilio a dar clases a niños y niñas que se encuentran con internación domiciliaria.



(Norma Plaszenczuk/Primera Edición Misiones)

Entre las muchas tareas que realizan, los docentes deben contactar a la escuela de nivel a la que acudían los chicos antes de ser internados. De esta manera, los estudiantes quedan matriculados en ambas instituciones y una vez que termina su internación pueden regresar como alumnos regulares a su escuela de origen. Por eso resulta indispensable que la escuela de nivel envíe a través de diferentes medios disponibles (llamados telefónicos, email, WhatsApp) las actividades, trabajos prácticos y planificaciones para que los chicos realicen durante el tiempo de internación.
Desde que se inició la cuarentena, la modalidad educativa en el hospital se realiza a distancia, con ayuda de computadoras o celulares para que los estudiantes puedan comunicarse con las docentes y hacer las tareas.

Juntos a la par
«En lo profesional, trabajar en el Hospital Posadas fue lo más hermoso que me pasó en mi carrera docente, porque viví muchas emociones, cosas tristes como ver el fallecimiento de un alumno o estar en situaciones muy difíciles como el momento del diagnóstico», rememora Analía Barrios, profesora en discapacidad intelectual con postítulo en atención temprana en desarrollo infantil. «También el sentirme tan útil, que un niño esté con ansias por hacer la tarea, que te digan “te extrañé” después de un fin de semana, o ver una sonrisa cuando se les lleva un libro o un juego, eso es algo indescriptible e impagable». En 2005, Barrios se convirtió en la primera maestra hospitalaria titular nombrada en la provincia de Buenos Aires. Si bien existían maestras domiciliarias que iban a dar clases a los hospitales, hasta ese momento no estaba oficializado el cargo. Durante nueve años concurrió al hospital a dictar clases. Cuando inició su tarea, y durante dos años, era la única docente en el hospital, luego fueron incorporándose, poco a poco, otros docentes, hasta llegar a ser cinco en la actualidad (además de Picone, el equipo docente del hospital está integrado por Marina Maldonado y Paula Méndez; y las materias artísticas son dictadas por Matías Ulrich y Daniel Crudo). Al comienzo, parte del trabajo que realizaba Barrios implicaba visibilizar la escuela entre los profesionales de la salud, divulgar el servicio educativo, para que también se les informara a las docentes cada vez que se internaban niños y jóvenes, y de esa manera poder acercarles la escuela en el hospital.
En la actualidad, Picone visita los días martes a los jefes de cada sector de internación, para enterarse de cuáles serán los pacientes que estarán más de cinco días. Con esa información arman el organigrama de la escuela junto con sus compañeros, se reparten los alumnos y organizan el trabajo con las escuelas de nivel de cada paciente. También dictan clases en sectores de aislamiento donde, por ejemplo, hay niños con enfermedades oncológicas o con una bacteria muy resistente. Allí no se puede entrar a la habitación con ningún objeto del exterior. «Les mando las actividades vía WhatsApp, incluso con imágenes, y después trabajo adentro del aislamiento con el celular de ellos», detalla Picone.
Además de los objetivos curriculares, los docentes hospitalarios suelen realizar tareas de cuidado y acompañamiento propias del contexto en el que trabajan. «Ser maestra hospitalaria para mí también es saber acompañar a una madre en el dolor cuando su hijo fue recién diagnosticado, o en el dolor de saber que el tratamiento no está funcionando; y acompañar al niño en ese duelo de lo que perdió y ayudarlo a transitar todo eso que le pasa», sintetiza Barrios.