En vivo en Argentina (1991)
Gato Barbieri - BlueArt

Acaba de ser exhumada una grabación –otra– de los sorprendentes archivos del especialista en sonido Carlos Melero. El registro corresponde al concierto que dio el Gato Barbieri en el Gran Rex el 8 de noviembre de 1991 y fue editado por BlueArt, el prestigioso sello independiente de jazz de Rosario, la ciudad natal del saxofonista. En aquel 91, Barbieri tenía 59 años y cargaba una leyenda hermosa, en la que se mezclaba el free jazz junto con Don Cherry, el toque latino que fue, al fin, su gran invención, las mitologías alrededor de El último tango en París y mucho más. Al frente de su quinteto, el comienzo es deslumbrante: bases rítmicas hipnóticas y el saxo improvisando poderosos solos sobre dos canciones enlazadas, «Canción del llamero» (Anastasio Quiroga) y «Viva Emiliano Zapata», con citas a «El arriero», de Yupanqui, una de sus naves insignias. El quinteto lo completaba el pianista colombiano Edy Martínez, Robbie González en batería, Nilson Matta en bajo y Guillermo Franco en percusiones. En perspectiva, a casi 30 años, se entiende más nítidamente la revolución que encarnó Barbieri (la que, como suele ocurrir, el mercado se encargó de etiquetar y neutralizar). Su soplido tenía un vigor infrecuente para la escena jazzística, las arengas vocales funcionaban como comentarios pasionales y la música nunca perdía un sentido melódico. Se puede pensar que Barbieri fue al jazz lo que Santana al rock: un aporte sensual y caudaloso al mismo tiempo, con climas calientes y mántricos. La latinización que aportó el argentino no fue ajena al pensamiento político que tapizó a la región en los años 60 y 70, que se puede condensar en su disco Tercer mundo, de 1971.El final es, como no podía ser de otra manera, con «El último tango en París»: son once minutos que zarpan de un solo en clave íntima para mutar en un suave funk que se escucha pop. En vivo en Argentina (1991) es el documento notable de un abordaje artístico que integró lenguajes y embelesó a un público jazzero y no tanto.

Mariano del Mazo