Enaguas blancas
María Eugenia Seijó
María Eugenia Seijó sostiene con elegante esfuerzo su exigente solo Enaguas blancas, en una sucesión de escenas en las que teje fragmentos de poesía y ensayo, proyección de ilustraciones y fotografías y, sobre todo, una danza enérgica y refinada. Esta bailarina, que domina el flamenco y otras danzas folclóricas españolas como la jota, la muñeira y el bolero, es también una sensible intérprete con matices actorales. Esto le permite representar el contraste entre etapas en la vida –niñez, adultez y vejez– de una mujer. La historia, que no se pretende lineal o concluyente, es una revisión de lugares comunes sobre el universo femenino, al que aspira a liberar. Esto ocurriría, con dos acciones simbólicas, en el cierre: quitarse las numerosas capas de ropa y proyectar dos pequeñas alas sobre la pared de fondo. Seijó recorre momentos, crisis y euforias, aprovechando sencillos y significativos objetos: un balde de aluminio, un bastón, un abanico, un par de guantes. Todo lo demás lo construye con su imaginación, con el ritmo de las castañuelas y con su suave y preciso zapateo. (La Lunares)
Analía Melgar