Enemigos íntimos
Política y vida cotidiana
En las redes sociales, pero también entre amigos o en lugares de trabajo, el diálogo entre quienes piensan distinto se vuelve cada vez más difícil. ¿Vivimos en una sociedad dividida o la idea de la «grieta» es solo una consigna mediática? Testimonios y análisis.
Carolina Keve
(Foto: Mauro Torres)
Lunes. Son las diez y media de la noche. Todavía siguen sonando los ecos por el caso de Santiago Maldonado. Como hay momentos en los que las redes aparecen gobernadas por el enojo o el duelo, por el estupor o el abatimiento, o días en los que no pasa nada, esta noche parecen ceder al insomnio y la discusión.
«Muy a mi pesar, tuve que borrar y bloquear contactos/gente a la cual aún le tengo mucho cariño», arriesga Marcela en Facebook.
«Me tiene harto la concepción de «enemigo» y más aplicada a algo tan imbécil e insignificante como un posteo», comenta Eduardo en su propio perfil, con un lenguaje que ya nos resulta familiar. Enemigo, bandos, fanatismo, grieta… Palabras que sin dudas significaban algo distinto años atrás y hoy nos hablan de un fenómeno que aún resulta difícil definir. ¿En qué consiste esta polarización? ¿Realmente es reciente? ¿Cómo nos afecta? ¿Se puede hablar de una sociedad dividida o es tan solo una consigna mediática?
«Me acuerdo de la primera navidad tras el triunfo de Macri, pegada a las elecciones, cuando me sentí cien por ciento acorralada por el pensamiento –a mi criterio facho– de mis familiares. Más adelante tuve una fuerte discusión con mi mamá. De un lado, ella; del otro, mi hermana y yo. Fue muy ardua y terminamos agotadas». Cecilia Alemano es comunicadora, tiene 36 años y una familia en Mar del Plata. La distancia, sin embargo, no parece acallar las peleas, que se vuelven interminables. «A mamá la interpelamos porque ella tiene una jubilación sin haber hecho aportes, es anti K total, es pro Macri total, y le parece bien que este gobierno haya quitado esa posibilidad de moratoria a amas de casa y otras personas sin aportes».

En primera persona
Las historias se repiten. Todos las hemos escuchado o, en la mayoría de los casos, las hemos vivido. Pero ¿de qué se trata esto de la grieta? Cualquier sociólogo apelaría a una explicación que trasciende los límites partidarios. Pero entre amigos, colegas o la misma familia, todo hoy parece reducirse a dos nombres. «Yo la grieta la sufro a diario. Con mi familia, sobre todo mi madre, que es claramente oficialista. Mi hermano me borró de Facebook en enero de 2016, después de que tuvimos un entredicho porque yo estaba en desacuerdo con la designación por decreto de los jueces de la Corte Suprema», comparte Florencia Poletto.
Luis tiene 34 años. Hoy milita en el radicalismo y no esconde su fervor antiperonista. «Cuando empecé a incursionar en la militancia, la política pasó a ser el tema central de la familia».
–¿Y qué es lo que más te molesta de quienes piensan distinto?
–No me molesta que otra persona tenga un pensamiento diferente al mío. Lo único que me desagrada es el fanatismo, porque no permite el diálogo o el debate de ideas. Ellos se encierran en un concepto y si decís que no estás de acuerdo o remarcás alguna falencia, te agravian o intentan desacreditarte.
–¿Quiénes son «ellos»?
–Los ultrakirchneristas. Pero ojo, no solo ellos. También estoy empezando a ver ese fanatismo que describía en los ultradefensores de Cambiemos. Ya tuve algunos cruces feos con algunos fanáticos.
En la casa de Ana Monasterio, la discusión es más multicolor. «Mi hijo de 15 años piensa que Macri está bien porque mira a futuro. Mis hijas son del Polo Obrero. Mi suegra es radical. Para mi marido todo es lo mismo, nadie hace nada. Y yo apoyo a Cristina». Ana es empleada doméstica y vive en González Catán. Los días se hacen largos. Tal vez por eso, porque las cenas se vuelven cortas, en la mesa se habla poco. Pero cada tanto aparece una discusión. «Mi suegra dice que fue de Alfonsín toda la vida. Y ahora tira por Macri, porque no le gusta Cristina. Pero para ella todo es igual, todos siguen sin hacer nada».
–¿Y tu hijo? ¿Te cuenta por qué le gusta Macri?
–Por esto que te digo, que dice que mira a futuro. Él lee mucho, pero todo por Internet.
–¿Las noticias?
–No, lee esos libros como Secretos de millonario. Dice que cuando sea grande va a ser gerente y va a tener mucha plata.

Desunidos o dominados
Por lo pronto, el término grieta, aunque cuestionable, arbitrario o especulativo, para muchos parece decir algo, lo cual habla de un hecho que, por lo menos, resulta innegable. Pero la duda persiste. Formulémosla en otros términos. ¿Es la grieta producto del kirchnerismo? ¿Puede ser considerada como un espejo de la política de los últimos años?
La cosa no parece ser tan fácil. Convencidos de que el concepto resulta falaz, un equipo de sociólogos del Instituto Gino Germani realizó un relevamiento en agosto de 2016 entre 121 asalariados de distintas ramas laborales. Entre las conclusiones, destacan que, en efecto, el 86% de los encuestados considera que los argentinos estamos desunidos. Solo un 30% evalúa que esta división existe desde la conformación del Estado, mientras que el otro 31% vincula las causas al período kirchnerista y un 12% al gobierno macrista. En esta misma dirección, un relevamiento de Management & FIT publicado en abril, realizado sobre 2000 personas entre 16 y 75 años, arrojó que un 40% de las personas consultadas considera que la confrontación se profundizó durante el último año.
(Foto: Jorge Aloy)
Laura Pico y Renata Cermelo son psicoanalistas, miembros del Equipo de Pareja y Familia del Centro de Salud Mental Dr. Arturo Ameghino. Hace un tiempo decidieron ver y pensar cómo estas diferencias sociales se presentan en el vínculo, sobre todo de parejas. Para ello realizaron dos encuestas, una dirigida a colegas y otra, a posibles pacientes. En total, relevaron 115 y 234 casos. La mayoría coincidió (en un 61% los profesionales y en un 64% los posibles pacientes) en que las consultas se han incrementado. Entre los factores que explicarían este aumento, se menciona el malestar atribuido a las transformaciones sociales. Los psicólogos lo ubican en primer lugar, el resto, en el segundo. «La diferencia es estructural, no hay manera de que no exista. El amor justamente se trata de soportar la diferencia. Ahora hay mucho de “a solas con uno mismo”. Es decir, en lugar de trabajar con la diferencia, se termina con el “no te veo más”», analiza Pico. En este sentido, si bien en su opinión se trata de algo que forma parte de nuestra propia naturaleza social, es cierto que hoy asoma notablemente: «Hace 15 años este no era el problema. Creo que acá hay que ver cómo impacta lo mediático, delineando un campo de problemas determinado».
Al respecto, resulta interesante detenerse en otros contextos, donde tal vez cierta falta de nitidez en estas divisiones permite problematizar la cuestión desde otros sentidos. Por ejemplo, ¿qué pasa con los más chicos? «Recuerdo un alumno, no estaba de acuerdo con (casi) nada de lo que se planteaba. En la materia Justicia y Derechos Humanos, llegó a levantarse de la clase donde se hablaba de derechos y garantías. En marzo se presentó a dar final y, cuando terminó, dijo que ahora entendía muchas cosas, que la materia le había ayudado a entender la realidad social desde otro lugar», recuerda India Molina, directora de una escuela terciaria de Periodismo. En su opinión, la educación es clave frente a la coyuntura actual: «Creo profundamente en el poder de la educación en ese sentido, en abrir cabezas, en convivir con esa diferencia hasta transformarla».
–¿Transformarla es la salida?
–Creo que el aula es más fácil que otros ámbitos. Creo que en el aula se puede transformar... Es decir, contextualizar esa diferencia. Creo que de eso se trata, de poder al menos contextualizarla.
¿Existe la grieta, entonces? Todo parece indicar que sí. Voces que opinan, confrontan, se lamentan, hablan al menos de una fractura cuyo origen resulta incomprobable y cuyo futuro parece ser aún más incierto. ¿Es posible superar la división? Resulta arriesgado asumir una conclusión, los jóvenes parecen ofrecernos al menos una clave: convivencia y capacidad de transformación. Ana lo resume con sencilla sabiduría: «Para mí la grieta significa algo abierto, que no se termina de cerrar. En la política, que unos están de un lado y otros, del otro, y mientras se sigan peleando, no va a cerrarse nunca».