Enseñar la solidaridad
Reynaldo Pettinari
El presidente de Fundación Idelcoop y secretario de Educación del Banco Credicoop destaca la importancia de promover la formación y capacitación en torno a los principios cooperativos como una forma valiosa de contribuir a la construcción de una sociedad más justa y democrática.
Silvia Porritelli - Fotos: Jorge Aloy

Reynaldo Pettinari se vinculó con el movimiento cooperativo de crédito en 1980, como integrante de la Comisión de Asociados de la filial Tribunales del Banco Credicoop. Su primera responsabilidad fue la de secretario de actas en esa comisión. Posteriormente, cumplió distintas funciones institucionales. Si bien es publicista, pronto comenzó a involucrarse en el área de formación: fue responsable de Educación Cooperativa de la zona 21 y secretario de Educación Cooperativa del Banco, tarea que aún desempeña. Por su vasta trayectoria en el plano educativo cooperativo, recientemente fue designado como presidente de la Fundación de Educación Cooperativa Idelcoop, perteneciente al Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos.
«Quienes creemos que la participación es la herramienta esencial para aportar de manera conjunta a la construcción de una sociedad mejor, canalizamos esa participación de acuerdo con las circunstancias y nuestras posibilidades. Puede ser en una o más organizaciones de la vida civil. Un club de barrio, una sociedad de fomento, una cooperadora escolar, un movimiento social, un partido político, una cooperativa», afirma el dirigente sobre su acercamiento al movimiento solidario. Y remarca que lo que lo convocó fue el posicionamiento del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, con el que tenía afinidades ideológicas. «Sabía de su concepción por un cooperativismo transformador. Por eso, al compartir los mismos valores y la misma visión transformadora, no necesité adaptarme a sus particularidades, fue una integración natural».
–¿Cómo se inició su participación en el ámbito cooperativo?
–Inicialmente formé parte de la Comisión de Asociados de la filial Tribunales porque quedaba muy cerca de mi oficina. Posteriormente, en virtud de mudanzas de mi lugar de trabajo, participé en la filial Plaza y por último en la filial Catedral, a la que actualmente pertenezco. Respecto a esta última, es interesante contar por qué es una filial del Credicoop: cuando el Banco Central liquidó el Mercobank, decidió distribuir sus sucursales entre diversos bancos. Nuestra entidad se hizo cargo de algunas de sus sucursales, entre las que se encontraba la actual filial Catedral. Relato esto porque es importante destacar que el Central convocó al Credicoop, al igual que en otras oportunidades donde intervenía entidades bancarias en crisis, porque consideraba que nuestra entidad era seria, prestigiosa, solvente, consolidada y estaba en condiciones de garantizar una adecuada continuidad de su operatoria.
–¿Por qué una entidad bancaria tiene un secretario de Educación?
–Nuestro banco se preocupa y ocupa para que sus dirigentes, funcionarios y empleados se formen y capaciten institucionalmente de acuerdo con los siete principios cooperativos que rigen y orientan a todas las cooperativas del mundo. En nuestro caso en particular, sumamos el Modelo Integral de Gestión, columna vertebral de la gestión institucional, administrativa y comercial de nuestra entidad. Por ello, la existencia de una figura como el secretario de Educación. Ahora, cuando hablamos de educación no debe asimilarse exclusivamente a la formación escolar o académica sino a una formación y capacitación que lleve a reproducir el modelo de la solidaridad, la ayuda mutua, la participación y la democracia.
–¿De qué manera se llega a este objetivo?
–El banco tiene una preocupación especial vinculada con la formación institucional de los que ingresan a trabajar como empleados o de quienes se integran como dirigentes a una Comisión de Asociados. Esta actitud demuestra la relevancia que le da Credicoop a la educación cooperativa, que también está reflejada por la estructura institucional educativa dentro del organigrama de la organización. Por eso tiene un responsable de Educación Cooperativa por cada una de las 22 zonas del banco y un secretario de Educación en cada una de las comisiones de asociados de cada filial. Junto con la gestión comercial, y más allá de las múltiples actividades que realiza cada Comisión de Asociados con los asociados y en la comunidad que está inserta, tenemos como obligación primaria la difusión hacia los asociados del Banco de la doctrina cooperativa.
–¿Cómo tomó su designación como presidente de Idelcoop?
–Como un nuevo desafío y una gran responsabilidad. Desafío por lo que significa Idelcoop para el movimiento cooperativo vinculado con el Instituto Movilizador, la entidad madre, y también para el Banco. La responsabilidad es aún mayor después de la gestión de Ángel Petriella como presidente y Pablo Imen como director. Ellos han hecho una excelente tarea al frente de la Fundación. La han posicionado en un alto grado de excelencia. Este nivel alcanzado me pone en un desafío aún mayor. Pero tengo el beneficio de estar acompañado por un gran equipo de trabajo; un grupo de profesionales sumamente capacitados para atender las diferentes cuestiones académicas que atiende la Fundación. Sin este equipo humano, liderado por Daniel Plotinsky, actual director de Idelcoop, sería imposible mantener esa excelencia con eficiencia y eficacia.
Recordemos que Idelcoop, creado en 1973 por el Instituto Movilizador, es una herramienta importante para el logro de los objetivos planteados por el movimiento. La Fundación tiene una muy rica y fructífera trayectoria que abarca actividades muy variadas. Cuenta con un área editorial, brinda capacitación y educación, realiza estudios e investigaciones, además de difundir y promover la doctrina cooperativa. Todas estas actividades están pensadas para ofrecer asistencia técnica y asesoramiento a entidades de carácter social y a la secretaría de Educación del banco. Por otro lado, Idelcoop articula con los programas de fortalecimiento de las comisiones de asociados, brinda cursos, charlas sobre temas cooperativos y desarrolla proyectos socioeducativos. También edita una revista de análisis, investigación y difusión. Esta publicación es muy reconocida y es material de consulta más allá del ámbito vinculado con el Instituto, incluso a nivel internacional. En diferentes planos, Idelcoop se ha relacionado con distintos organismos de carácter académico, cooperativo y llevó adelante diversas iniciativas con el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES) y con la Confederación Argentina de Cooperativas de la República Argentina (COOPERAR), entre otras entidades. También desarrolla, junto con el Programa Latinoamericano de Educación a Distancia (PLED), una propuesta pedagógica dirigida a los miembros de las entidades nucleadas en torno al IMFC. Se trata de una oferta de cursos virtuales vinculados al cooperativismo, la economía social, la política internacional, la economía política, entre otros temas.
–¿Es en este marco que surge la idea de crear el Instituto Universitario de la Cooperación?
–El IUCOOP surge como respuesta del movimiento cooperativo a la necesidad de contar con una institución de educación superior dedicada a la producción y circulación de conocimiento y saberes teórico-prácticos en torno al cooperativismo y la economía social, tanto para el desarrollo de organizaciones productivas, comunitarias, sociales y educativas como para la promoción de políticas públicas en ámbitos locales, nacionales e internacionales. El Instituto Universitario es un eslabón más que se suma a la rica historia que tiene el movimiento cooperativo de crédito iniciada en 1918, cuando se creó la Primera Caja Mercantil en el barrio de Villa Crespo y que continúa hasta el día de hoy con hitos sumamente importantes como la creación del Instituto Movilizador en 1958, la lucha que llevaron adelante las cajas de crédito para enfrentar al golpe de 1966, la pelea que se debió dar para sobrevivir a la embestida de la dictadura cívico-militar de 1976, la creación de Idelcoop y también del Centro Cultural de la Cooperación. Nuestras realizaciones tienen que ver con en esa preocupación permanente que tiene el movimiento por la construcción de una sociedad más justa, más solidaria, más equitativa. Por promover un cooperativismo transformador. Y en esa batalla cultural que planteaba Floreal Gorini, quien sostenía que era la más importante de todas las batallas, también se inscribe, como un paso más, la creación del IUCOOP. Es un nuevo hito de mucha relevancia destinado a la formación de las generaciones futuras, no solo vinculadas específicamente con nuestro movimiento, sino para la sociedad en su conjunto. En este mundo, en el que prevalece el capitalismo salvaje, el movimiento cooperativo está llamado a cumplir un rol relevante para la transformación progresista, solidaria y equitativa de la sociedad. Y en ese sentido, creo que el aporte del IUCOOP puede llegar a ser muy significativo.

–¿Hay comprensión y conocimiento de la incidencia que tiene el cooperativismo en los diferentes ámbitos de la sociedad?  
–Esto tiene que ver con la circulación de la información, la educación como herramienta del conocimiento y, fundamentalmente, con los condicionantes o no que ejerce quien detenta el poder. El poder es información, es comunicación, es educación. El que detenta el poder informa de acuerdo con sus intereses y sus objetivos, y el cooperativismo muchas veces también es víctima de ese poder. En la década del 90 quedó relegado en su rol y se lo presentaba como la rueda de auxilio o la ambulancia que andaba recogiendo a los desposeídos que el sistema provocaba. Pero el cooperativismo no es eso. A nivel mundial, el cooperativismo es una fuerza extraordinaria, de gran importancia, desde todo punto de vista. Desde lo económico y también desde lo social: hay 1.200 millones de personas adheridas a cooperativas. El cooperativismo da trabajo a 300 millones de  personas, lo que representa el 10% del trabajo registrado que hay en el mundo. Las cooperativas, en sus distintas ramas, facturan más de 2,5 billones de dólares por año. En la Argentina, el movimiento cooperativo tiene un desarrollo extraordinario: unas 10 millones de personas están vinculadas a entidades cooperativas. Por eso no se puede asociar al cooperativismo solo con las experiencias relacionadas con la emergencia social. Somos una fuerza, en conjunto, extraordinaria, tanto a nivel nacional como internacional. Si esto se conociera y ejercitara más, seguramente comenzaríamos a construir un mundo con otras características y valores.
–Algunas cooperativas se quejan de la falta de reconocimiento. ¿Qué opina sobre esto?
–No puedo opinar sobre otros sectores. Puedo comentar lo que pasa con nuestro movimiento, con el banco, porque lo conozco de cerca. Nosotros siempre nos preocupamos de mantener un adecuado vínculo con nuestros asociados y la comunidad. Tanto en lo informativo, en lo comunicacional, como en la difusión del ideario cooperativo y respecto a nuestra visión y análisis de la realidad por la que nos toca transitar. Cuando hubo situaciones difíciles, el banco siempre sostuvo que lo más importante era hablar con nuestros asociados para explicarles por qué pasaba lo que pasaba, reivindicando, fundamentalmente, nuestra identidad cooperativa. El accionar de movimiento cooperativo de crédito nucleado en torno al IMFC siempre fue de cara al asociado y nuestra preocupación permanente es que el asociado se integre a la vida institucional, que participe en la gestión a través de las comisiones de asociados. Esto se pudo ver claramente en 2001, porque mientras los otros bancos tapiaban sus frentes y sus vidrieras, Credicoop puso un cartel en la puerta de cada filial informándoles a sus asociados que había una Comisión de Asociados que estaba para atenderlos y explicarles cuál era la situación. Les decíamos que el banco no era responsable de lo que estaba pasando y les comentábamos que nosotros veníamos advirtiendo acerca de las consecuencias que iban a acarrear las medidas económicas neoliberales que estaba aplicando el Gobierno de ese momento. Si nosotros no hubiésemos tenido esa política, que ya venía de las cajas de crédito, la de vincularnos fuertemente con nuestros asociados y la comunidad, hubiésemos traicionado nuestro mandato histórico. Por eso, tenemos una preocupación permanente por la comunicación, la información y la educación. En los planes de gestión del banco uno de los objetivos que se plantea es el del crecimiento de las comisiones de asociados. La idea es incrementar la cantidad de asociados que asuman la responsabilidad de la gestión en la entidad. Los planes de educación que desarrollamos y llevamos adelante, desde la Secretaría de Educación, junto con Idelcoop y el Programa de Fortalecimiento Institucional de la Gerencia de Recursos Humanos, apuntan a la consolidación de nuestro Modelo Integral de Gestión y la difusión de la doctrina cooperativa. Las charlas que se dan en las filiales, en la que intervienen los investigadores del CCC, de Idelcoop, además de dirigentes y funcionarios del banco, tienen que ver con eso. Nosotros tenemos el desafío permanente de que nuestros asociados sepan que no solamente operan con una entidad bancaria sino que son parte de una cooperativa, de un movimiento social. Lamentablemente la legislación argentina no diferencia tajantemente a las entidades sin fines de lucro de las lucrativas, nos pone muchas veces a todos en la misma bolsa, siendo que no somos iguales. Nuestra entidad tiene características absolutamente diferentes. Somos una cooperativa genuina, no tenemos fines de lucro.