Escenario de verano
Centro Cultural de la Cooperacion
Convertidos en clásicos de la cartelera teatral estival, el Festival del Amor y el Ciclo de Títeres y Objetos volvieron a convocar a cientos de espectadores en el complejo de la avenida Corrientes. Diversidad de propuestas estéticas, géneros y directores.
Pablo De Micheli y Jorge Freidemberg - Fotos: Prensa del CCC

Muñeca brava. Parte del ciclo dedicado al amor, que superó los 2.000 espectadores.

Como cada año, febrero fue el mes de inicio de la temporada teatral en el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, actividad que tiene desde hace años dos festivales que sobresalen en la cartelera porteña de verano: el Ciclo de Teatro de Títeres y Objetos, que desde hace once años ofrece propuestas para niños, jóvenes y adultos; y el Festival del Amor, que está a punto de cumplir una década de vida.
La propuesta del festival de títeres y objetos fue muy variada en cuanto a la diversidad de propuestas estéticas. Se presentaron cinco obras para los más chicos y cuatro obras para el público adulto. Aleluya erótica, versión de Luis Rivera López basada en Amor de Perlimplín, de García Lorca; llevada adelante por el Grupo Libertablas, abrió la programación nocturna. El mismo elenco presentó también Acerca de Discépolo, que retoma escenas y personajes de Mateo, Cremona y Stefano, obra del creador del grotesco criollo. En Coghlan, la premiada obra escrita y dirigida por Sergio Mercurio e interpretada por Teresa Orella, una niña parte del dibujo de su cuadra para hilvanar una historia que atraviesa todo el país. La sombra diabla, de Ada Dorrego y Marisa Taboadela, apela al teatro de sombras para hacer contrastar mágicamente la luz y oscuridad del carnaval andino.
En cuanto al público infantil, se pudo ver Con esta lluvia, un clásico de Silvina Reinaudi y Carlos Martínez, que pone en escena, con humor, la tensión entre los cuidados parentales y las ansias de autonomía de los pequeños, a través de la rebeldía de un títere frente a los titiriteros. Evitácora, de Ana Alvarado y con dirección de Carolina Ruy y Javier Swedzky, traza, apelando a diversas técnicas, una reconstrucción del personaje de Evita desde una mirada infantil. Chocolate por la noticia, escrita y dirigida por Mariano Cossa, va en busca de otros relatos de mujeres, menos conocidas, de la historia argentina, a partir del diálogo de una niña con su abuela. LIeBRE, de Daniela Fiorentino y Carlos Peláez, es, en tanto, una historia con toques de fábula. Paseo para títeres y orquesta es un cruce del Cuarteto Polok y la Compañía de Títeres Pole Pole, que pone en escena la suite para piano «Cuadros de una exposición», de Modest Mussorgski: los músicos interpretan la obra rodeando las pinturas puestas en su marco por los títeres. Un abanico tan amplio como rico. «El hacer con los títeres, los muñecos, el objeto en función dramática está incorporado definitivamente al teatro, a la historia del teatro. Son parte ineludible del hacer teatral, el títere como personaje, los titiriteros como actores. Y la posibilidad de llevar adelante festivales como este hace, justamente, a una tradición ya fundacional en nuestro centro cultural», afirmó Juano Villafañe, director artístico del CCC.  Por otra parte, dijo: «Nos agrada muchísimo que la calidad, la diversidad de poéticas, de técnicas, en el teatro de títeres pueda estar presente en este espacio que es uno de los pocos lugares que tiene una continuidad y una sistematización en el hacer de este arte». A su vez, Antoaneta Madjarova, directora del Departamento de Títeres del CCC, destacó: «Creo que el teatro para niños, al igual que el teatro para adultos, en primer lugar debe estar bien hecho, con criterio, responsabilidad y respeto. Les niñes en la platea deben disfrutar, pero también aprender. Puede haber varias lecturas y mensajes que ellos perciben más allá de los propósitos del director y del guionista. El principal efecto es disfrutar, emocionarse, también conocer a los autores y los textos, comprender el fenómeno teatral en su complejidad». Y recordó que en noviembre de este año se realizará la 5º edición de los Premios Javier Villafañe para teatro de títeres y objetos, con una ampliación de los rubros y que además va a contar con la entrega de importantes reconocimientos a los creadores en este arte. También hizo hincapié en el hecho de que en 2020 continúa el Programa Arte en la Escuela, que convoca alumnos de todas las edades de las escuelas públicas y un cupo especial para alumnos de zonas vulnerables, que pueden concurrir en forma gratuita. Y agregó que van a editar también un libro sumamente importante para la dramaturgia titiritesca en el país: Títeres en palabras 3, una antología de nueve piezas para teatro de títeres de autores nacionales.

Cuatro de corazones
Con gran éxito de convocatoria (estimada en más de 2.000 espectadores), por noveno año consecutivo la sala Osvaldo Pugliese del ccc Floreal Gorini cobijó una nueva edición del Festival del Amor. En esta oportunidad, el ciclo, producido por Pablo Silva, puso en escena 4 obras, que fueron presentadas por sus actores y directores. Así, Fernando Del Gener y Macarena Trigo (actor y directora de Esas cosas que se dicen y son tan extrañas); Santiago Serrano y Gina Picciarilli (autor y directora de Dinosaurios); Enrique Papatino y Enrique Dacal (autor y director de La catedral sumergida); y Gabriela Groppa (actriz de Muñeca brava) encabezaron la apertura del festival. Presentó la actividad Virginia Lombardo (directora de Muñeca Brava) y concluyó Juano Villafañe, director artístico del ccc. También integró la mesa Pablo Rodríguez Albi, director y autor de la performance Ema, ensayo de amor y muerte, que interpretaron, en el cierre de la velada, Paula Rozenwurcel (voz) y Krystal Ariana Cornejo (chelo).  



Variedad. Algunas de las obras presentadas.

«Creo que estamos vivos por el amor, que seguimos vivos por el amor mismo. Dedicarnos al arte es un acto de amor y que, intrínsecamente, el amor está tomado de la mano de la muerte, porque la muerte es una parte más de la vida», señaló Rodríguez Albi. En La catedral sumergida, un hombre busca consolidar un ilusorio estado de cosas, sin preguntarse si la eternidad pertenece a la gloria o al espanto, y alguien llega a su vida para postular desafíos inesperados. «Es una vuelta de tuerca más a una historia que es evidentemente fundamental para lo que es la condición humana. El amor es la gran pasión desde donde se puede entender el mundo», aseguró Dacal. «Supongo –agregó Papatino– que el gran asunto del amor es que no tenemos ninguna posibilidad literaria ni humana de definirlo, sino que ocurre más allá de las palabras». Trigo habló sobre el argumento de Esas cosas que se dicen…, una experiencia teatral íntima para el espectador, quien se transforma en testigo y confidente de un vínculo amoroso enredado. El personaje principal «es una poeta que está enamorada de él. Él es actor y tiene la desgracia o la gracia de convertirse en su muso, así que ella escribe sobre, por y para él con la esperanza, quizás, de que él actúe algún día algo que ella escribe». Serrano reflexionó sobre la poca propensión del ser humano a «encontrarse». Justamente, la obra Dinosaurios habla de una cita entre dos desconocidos a la noche en una estación de tren. «Es una historia de amor, me encanta que se encuentren esos personajes y lo que pasa entre ellos es muy profundo, muy tierno y dan ganas de encontrarse», reconoció Picciarilli.
«Este es un festival que ya se ha transformado en clásico, como es clásico el amor en el teatro», dijo, por su parte, Villafañe. Y luego de hacer referencia al Siglo de Oro Español y al teatro de William Shakespeare,  propuso «no olvidar el fenómeno modernista, el movimiento modernista en América Latina, una experiencia de reapropiación amorosa del lenguaje».   
Desde sus inicios en el año 2011, por el Festival del Amor pasaron autores, directores y actores de gran relevancia en la escena nacional. En ese fecundo recorrido se destacaron Amorar, de Eloísa Tarruella, dramaturga y directora; Chau Misterix (de Mauricio Kartún), dirigida por Virginia Lombardo; Quiero decir te amo (de Mariano Tenconi Blanco); Poeta en Nueva York (de Mariano Dossena); A lo mejor sería feliz (de Valeria Ambrosio); y Rotos de amor (de Rafael Bruza). El Festival creció apostando también a la poesía argentina, de la mano de Hugo Urquijo, con Manual de los amantes; y Te quiero hasta la luna, de Matías Puricelli. Griselda Gambaro, Patricia Suárez y Gabriela Itzcovich fueron otras autoras que dejaron su impronta. También lo hizo Eduardo Tato Pavlovsky, con La muerte de Marguerite Duras; y Anahí Ribeiro, con La fragilidad del cielo. Una rica historia que, seguramente, seguirá sumando escenas memorables por muchos años más.