Estos tiempos
Santiago Varela

(Ilustración: Pablo Blasberg)

Reconozco que hay cosas que me sacan. La queja, el lamento, el capricho. La gente a la que no hay picaporte que le venga bien. El problema hoy es el calor. ¡Me derrito! Y para colmo seguro que en agosto me muero de frío. ¡Me congelo! Así no se puede vivir. Y no solo con el calor y el frío pasa esto. Que no me quiero vacunar. A ver che, ¿que por qué no me vacunan?, ¡manga de inútiles! Con la rusa jamás, pero ojo, ni se les ocurra darme la china. Yo la rusa o nada. Nada en realidad no, si es del sur de China podría ser. En una de esas. La de la India tampoco. Yo puedo esperar, pero es mejor que se apuren, porque si espero pierdo tiempo y el tiempo es plata. Especialmente para los plomeros que te cobran un dineral por media hora rompiendo azulejos. Siempre y cuando te vengan. Y si no vienen mejor. Ahorro. ¡Cuatro veces lo llamé! ¡Y me tiene esperando aquí como un idiota! Pero yo no soy ningún idiota. Yo la tengo clara. Hay que hacerle caso al que dice la verdad. Tal cual. ¿Alguien sabe quién dice la verdad? Seguro: dice la verdad el que no miente. Posta. Eso es muy difícil, mejor buscar quien mintió y quien no mintió. Es más seguro. El problema es que para eso hay que laburar. Buscar, leer. Mucho trabajo. Con el celu hay que ser rápido. Muy rápido. Te parás y te lo afanan. Primero puteas, después salís a comprar otro. Barato. Los hay… afanados. Te lo comprás, te parás, te lo afanan. Y así, per secula seculorum. Eso hace andar la economía. Los chorros tienen un rol social. Pero deberían estar todos en cana. Sin embargo están sueltos. Y los jueces también. ¿Qué es más peligroso un juez o un chorro suelto? Depende, todo depende. Lo dice Jarabedepalo. «Que el blanco sea blanco/ Que el negro sea negro/ Que uno y uno sean dos». Depende. Un chorro de celus es un ladrón de gallinas moderno. Las gallinas deberían tener una app para poder usar WhatsApp e Instagram. Si bajás videítos con una bataraza, vas a ver como se acaban los chorros de celus. Pero quedan los jueces sueltos. Esos no tienen nada que ver con los ladrones de gallinas G5, esos están en otra. ¿Qué hacemos? Para veranear tranquilo en un paraíso fiscal hay que tener una toga cerca. Puede ser nacional o importada. Todo depende. La culpa es de la inflación. Entonces remarco, aumento, me cubro. ¡Maldita inflación! Seguro que la culpa es de otro. A seguro también se lo llevaron en cana y le están dando para que tenga y reparta. Les dije. Es importante la toga. Les avisé. Cuando pienso que con la razón alcanza, mi otro yo se muere de risa. Ha llegado a reírse cuatro días seguidos. Menos mal que era otro yo, no yo. Reconozco que este encierro, este virus, esta pandemia, me está enredando el moño. Pero… ¿Qué hacemos con la toga?