Expectativas de inflación
Darío Carbón
Economista

El relevamiento de expectativas realizado por el BCRA en mayo arrojó una inflación esperada para 2019 del 40,5%. Pareciera, a priori, que las expectativas se estuvieran disociando de los fundamentos macroeconómicos en tanto –a modo enumerativo– el tipo de cambio ha permanecido estable durante los últimos dos meses, el consumo ha caído drásticamente y el déficit fiscal primario se ha reducido visiblemente. Sin embargo, las expectativas incorporan más información de la que nos pueden brindar estos indicadores. Ante todo, los formadores de expectativas incorporan información pasada. Esto quiere decir que no se dejan llevar solo por algunos meses de tranquilidad cambiaria o de equilibrio fiscal primario, sino que ponen en la balanza las recurrentes devaluaciones o la casi automática financiación del déficit fiscal con emisión monetaria. Por más que estas variables muestren una mejora transitoria, estos agentes intuyen que la situación puede empeorar en un abrir y cerrar de ojos, y esto se ve reflejado en los datos relevados por el BCRA.
En cuanto a la caída del consumo, si los mercados fueran competitivos se debería observar una baja en los precios reales ante la menor demanda. Sin embargo, la oferta en Argentina suele estar excesivamente concentrada y los grandes empresarios privilegian mantener precios elevados en lugar de sostener la producción a precios accesibles. Así, el mercado se va ubicando sucesivamente en nuevos puntos de equilibrio con menores cantidades y mayor desempleo, pero no así con precios más bajos.
En conclusión, los formadores de expectativas en Argentina tienen la suficiente práctica en materia inflacionaria como para omitir todas estas cuestiones, por lo que difícilmente disminuyan sus proyecciones de aumentos de precios hasta tanto no se comiencen a resolver los problemas de fondo.