Financiamiento productivo
Mesocréditos
Luego de una auspiciosa experiencia con el otorgamiento de microcréditos, el Instituto Movilizador comenzó a gestionar préstamos de mayor envergadura y plazos de pago más extensos. Están destinados a potenciar la actividad comercial y de servicios.
Silvia Porritelli

Patricia Arpe. «Esta nueva modalidad nos permitió alcanzar una cobertura más federal». (Jorge Aloy)

En septiembre de 2018 recibimos 5 millones de pesos para otorgar mesocréditos en todo el país. En tan solo cinco meses entregamos 54 créditos por más de 6 millones de pesos», dice la directora del departamento de Proyectos del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos (IMFC), Patricia Arpe.  Fue en el 2009 cuando el Instituto fue convocado por la Comisión Nacional de Microcréditos (CONAMI) para actuar como entidad administradora de los fondos del Ministerio de Desarrollo Social y también para formar redes en calidad de organización ejecutora. «Desde esa fecha recibimos más de 8.700.000 pesos que fueron distribuidos en las seis redes que tiene el IMFC en todo el país (Formosa, Tucumán, Rosario, Buenos Aires, Mar del Plata y Córdoba). Se entregaron 4.348 microcréditos por un total de casi 32.000 millones de pesos. Esto significa que los fondos recibidos rotaron alrededor de 4 veces», explica Juan Manuel Pico, coordinador de la Red de microcréditos del IMFC. «Dados los muy buenos resultados que obtuvimos con los microcréditos, lanzamos una nueva línea de préstamos, denominados mesocréditos, destinados a grupos asociativos autogestionados que realizan actividades productivas o de comercialización de bienes y servicios», agrega Arpe. También con fondos de la CONAMI, esta modalidad prevé el otorgamiento de mayores montos, con plazos de pago más extendidos.   


Círculo virtuoso
A diferencia de los microcréditos, que entregan hasta 60.000 pesos a una tasa del 12% anual, los mesocréditos otorgan préstamos por un monto de hasta diez salarios mínimos, vitales y móviles, a una tasa del 20%, además de que son más flexibles en cuanto a plazos de pago y modo de cancelación de la deuda. «Por otro lado, en este último caso, el Instituto actúa como única entidad ejecutora, sin limitación de redes, lo que nos permite llegar de manera directa a todo el territorio nacional, con una cobertura más federal –destaca la directora del Departamento de Proyectos–. En ese marco, abrimos esta posibilidad a los requerimientos de todas las cooperativas asociadas del IMFC y, por ejemplo, desde la comisiones de asociados de las filiales del Banco Credicoop, recibimos muchas consultas y ya se han otorgado varios créditos», agrega.
También se amplió la cantidad de personas que trabajan en el proyecto, lo que facilita una mayor movilización de los fondos y son más las entidades que se benefician. «Es un círculo virtuoso, porque cuando nos devuelven el dinero, podemos volver a dar nuevos mesocréditos», dice Arpe. «Esa relación virtuosa también se da con las entidades, federaciones y organizaciones que lo solicitan para sus asociados, y que cumplen un rol estratégico en cuanto a identificar y acompañar a los emprendimientos de sus comunidades», añade Pico.
El objetivo principal de esta herramienta financiera es la promoción de las actividades productivas y de servicios, mediante la adquisición de herramientas, equipamientos, maquinarias e insumos. «Este no es un momento de grandes inversiones –señala Arpe–. Por eso algunas cooperativas también utilizan los préstamos para acumular stock y protegerse de la inflación. Estamos muy conformes con el manejo que les hemos dado a los mesocréditos –concluye– porque en poco meses hemos entregado más fondos que los que nos fueron otorgados, lo que nos permite seguir financiando a más emprendimientos asociativos».