Fruitlands
Louisa May Alcott - Impedimenta - 128 páginas

Pocos ignoran de qué hablamos cuando hablamos de Mujercitas, pero casi nadie sabe que en la infancia su autora se pasó una temporada en un retiro trascendentalista en Massachusetts, muriéndose de frío y hambre, fregando cuando no estaba recibiendo sermoneos. Allí no estaba permitido usar calzado de cuero, comer carne o azúcar ni esperar ayuda de los animales para trabajar la tierra. La familia entera se sometía a la más estricta libertad del espíritu con incontables reglas que a Louisa y sus hermanas enseñaban en largas lecciones, tan confusas que les hacían doler la cabeza. Lo sabemos porque la pequeña escritora llenaba un diario cada noche, bajo control de su madre. «He leído un libro de Plutarco. He escrito unos versos sobre la puesta del sol», apuntaba en septiembre de 1843. Los manuscritos fueron hallados recientemente y ahora integran Fruitlands. Una experiencia trascendental, libro que el sello español Impedimenta publicó agregándole la nouvelle que Alcott completó años después a partir de esa experiencia temprana. Es la historia de un fracaso y de una resignación familiar. «El mundo aún no estaba preparado para la Utopía», leemos allí, y solo después de conocer que la escritora se mudó más de veinte veces en 30 años. Su padre, Amos Bronson Alcott, fue un educador y filósofo resuelto a formar a sus hijas con sus propios métodos y también con la ayuda de sus amigos. Eran intelectuales entre los que se contaban Henry David Thoreau, Ralph Waldo Emerson o Nathaniel Hawthorne, y junto a los que Louisa sería enterrada en 1888, dos días después de la muerte de su padre, con quien se pasó toda la vida compartiendo fecha de cumpleaños.

Valeria Tentoni