Fútbol de género
Festival en Buenos Aires
«Mi juego, mi revolución» es el nombre del torneo que reúne a mujeres de toda América Latina para luchar por sus derechos desde la cancha. Durante cuatro días, en la localidad de Caseros, jóvenes y veteranas compartieron partidos, talleres y debates.
Verónica Engler

Mirada. Siguiendo el modelo de un grupo alemán, las organizadoras consideran el fútbol como una herramienta para combatir estereotipos. (Dana Roesiger)

 

El pasado 25 de noviembre, día significativo si los hay (cuando en el mundo se clama por la eliminación de la violencia contra las mujeres), en un rincón del Conurbano bonaerense decenas de mujeres de la Argentina, de otros países de la región y también de tierras de ultramar festejaban el comienzo del Primer Festival Latinoamericano de Fútbol Femenino y Derechos de las Mujeres «Mi juego, mi revolución», organizado por la Asociación Civil La Nuestra en alianza con Discover Football de Alemania. «Ni una menos en las canchas», incitaba durante la apertura del evento Mónica Santino, jugadora, directora técnica y pionera del fútbol femenino en la Argentina.
Santino es integrante de la Asociación Civil La Nuestra y trabaja desde esa organización con chicas de la Villa 31 de la Ciudad de Buenos Aires y de Villa Martelli, en el partido de Vicente López. «La idea surge después de haber participado el año pasado en el festival de fútbol de mujeres en Berlín, Alemania, organizado por Discover Football, que es un grupo alemán de activistas feministas que pelean por los derechos de las mujeres en el fútbol con nuestra misma mirada», rememoraba Santino. «Volvimos a la Argentina reconociendo que como región enfrentamos una matriz patriarcal de iguales características en nuestros países y decidimos que era una muy buena iniciativa tratar de reunirnos, jugar al fútbol y pensarnos en función de diagramar estrategias conjuntas para visibilizar el fútbol de mujeres desde una perspectiva de género».
A su turno, Pia Mann, de Discover Football, invitaba: «El fútbol puede ser una oportunidad de encuentro y también una herramienta contra la discriminación y para empoderarnos, para combatir los estereotipos de género que no nos dejan desempeñarnos ni en el fútbol ni en otros espacios sociales».
Además de la legión de mujeres voluntarias que organizaron la logística, que jugaron y que ofrecieron lo mejor de sí durante los cuatro días que duró el festival, el encuentro también contó con el apoyo de la Subsecretaria de Género y Diversidad Sexual de la provincia de Buenos Aires, el Municipio de Tres de Febrero, la embajada de Estados Unidos, Guerreiras Project de Brasil y Friedrich Ebert Stiftung de Alemania. Todas las actividades, partidos de fútbol y talleres (como los de Autodefensa y Empoderamiento o la Clínica de Fútbol para niñas, por ejemplo), se desarrollaron en el Centro Deportivo Municipal N°1 de la localidad de Caseros, partido de Tres de Febrero.

 

Por goleada
Con más de 30 grados de calor y un sol picante, el partido que dio inicio al Festival fue el disputado entre Las Viajeras (un combinado de jugadoras de Guerreiras Project de Brasil, Discover Football de Alemania, una jugadora de Chile de la Universidad Católica, y dos estadounidenses) y el P&Z Plus de Colombia. Ganaron las colombianas ocho a cero. Es que las chicas de Bogotá y Medellín conforman un aceitadísimo equipo que viene jugando y entrenando desde hace más de siete años. «El fútbol femenino ha crecido mucho en nuestro país», contaba Paula Botero, la capitana del grupo colombiano. Botero, junto con sus compañeras, reconoce que para ellas, treintañeras incipientes, el camino recorrido en las canchas seguramente ha sido un tanto más arduo que para las nuevas generaciones. «Las niñas de ahora son privilegiadas, tienen menos obstáculos para jugar al fútbol. De hecho, a partir del 2017 todos los clubes de fútbol de nuestro país deberán tener sus equipos de mujeres. Lo que nosotras queremos es poder vivir del fútbol, como lo hacen muchos hombres que juegan profesionalmente».
Se sabe, el fútbol, como cualquier otro hecho sociocultural, está atravesado por los estereotipos de género, por lo que la posibilidad de jugar para hombres y mujeres es diferencial. «Mientras los hombres tienen habilitado y validado socialmente el derecho a jugar fútbol, las mujeres ven restringido su acceso a practicarlo, como actividad de disfrute y placer, y también profesionalmente», señalaba Juliana Román Lozano, jugadora, directora técnica y antropóloga. Román Lozano es colombiana, pero vive en la Argentina desde hace nueve años, cuando se integró a La Nuestra. Para ella, que dirige el equipo de la Villa 31 de la Ciudad de Buenos Aires, el fútbol brinda una «muy buena oportunidad para descolonizar nuestros cuerpos», y llevarlos más allá de lo que una sociedad patriarcal puede proponer a las mujeres: ser dóciles –incluso sumisas–, mostrarse femeninas (de acuerdo con un estereotipo), querer ser madres o la posibilidad preferencial del amor heterosexual, entre muchísimas otras cuestiones. Las organizadoras del festival coinciden en que este orden de cosas no solo obstaculiza el ejercicio del derecho a jugar, sino también acota las ofertas que incentiven a niñas, jóvenes y adultas a practicar fútbol, tanto en la Argentina como en Latinoamérica. «Aquellas mujeres que logran jugar a pesar de estos condicionamientos, son generalmente descalificadas y cuestionadas como mujeres y como jugadoras, practicando el deporte elegido bajo circunstancias muy difíciles y en condiciones injustas», puntualizaba Santino.
«El fútbol es un escenario donde los conceptos de feminidad y masculinidad son puestos en tensión y pueden ser trascendidos, porque brinda una gran plataforma para romper la categorización binaria de identidades», reflexionaba Román Lozano.

 

Pelota y baile
Las chicas de General Lamadrid –provincia de Buenos Aires–, todas subveinte, disputaron su primer contienda en el Festival contra el equipo de Zárate –también bonaerenses y de la misma categoría–, que venía acompañado por Hilda Martínez, su directora técnica. Martínez, una mujer de más de 70 años, se recibió en 2004 con título de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) y se la ve dichosa de ejercer, aunque sea ad honorem, esa vocación que encontró de adulta, cuando ya había terminado de criar a sus hijos.
Las mujeres de La Nuestra trabajaron cuatro días, jugando, entrenando, atendiendo a sus invitadas como excelentes anfitrionas que no dejan ningún detalle librado al azar. Por sus remeras se las identificaba en cualquier lugar del predio deportivo de Caseros, llevaban estampada una frase que las distingue, que es su lema: «Me paro en la cancha como en la vida».
El primer puesto se lo llevaron las colombianas de P&Z Plus, el segundo correspondió al combinado de Las Viajeras, el tercero fue para las chicas de Defensores del Chaco y el cuarto lugar lo ocupó el combinado de Córdoba capital, que ganó el premio Fair Play. Karen, una joven del equipo de la Villa 31 sintetizaba entusiasmada: «Estos cuatro días estuvieron increíbles, la pasamos genial, conocimos muchas personas, y los partidos fueron difíciles, por eso estuvo muy bueno». Ahora la idea es poder darle continuidad al festival y replicarlo en Colombia y en Brasil.
El cierre del encuentro fue a puro baile, al ritmo de la hiphopera local Karen Pastrana, ex Actitud María Marta. Alegría, sonrisas, abrazos, cambios de camisetas y mucho más. Cuatro días en las vidas de estas niñas, jóvenes y adultas que hacen su juego y su revolución adentro y afuera de la cancha.