G20
Santiago Varela


(Pablo Blasberg)

Finalmente, el G20 llegó a su fin. Todos los presidentes pudieron regresar sanos y salvos a sus países, todos se fueron con una sonrisa, no reventó ninguna limusina, no se derribó ningún avión. Nada de nada. Ellos se saludaron, charlaron, roscaron… normal. Todo chiche bombón. Que a nosotros nos haya costado más de 7.500 millones de pesos es un dato sin importancia. Sobre todo porque varios de ellos, si bien no vinieron por el choripán que se les dio, aprovecharon esta escapadita al cul du monde para huir de los bolonquis que tenían en sus países de origen. Y si no que se lo pregunten a Macrón que tuvo que llevarse una manguera porque los chalecos amarillos le estaban quemando el Arco del Triunfo.
Pero aquí todo tranqui. ¿El secreto? Muy simple, consiste en poner en las calles no clausuradas más fuerzas de seguridad que gente. Paralelamente a los infiltrados de siempre se los manda a disfrutar del feriado largo y chau. Y si además a los habitantes de la ciudad ni les va ni les viene esto del G20, habrá una reunión sin ningún sobresalto.
Párrafo aparte merece la presencia de Xi Jinping. A él lo recibimos con banda y granaderos. A mi me emocionó. Eso sí, la cara de póker que tiene ese señor es impresionante. Pueden llover tortugas Ninja del cielo o haber un terremoto que le haga temblar el jopo a Trump, que el hombre seguirá con la misma cara. La misma cara que luego usó para firmar 30 acuerdos con nuestro país y ratificar que nos darían 9.000 millones de dólares en swaps. Y si bien casi nadie sabe en qué consisten los swaps, resulta que son los mismos que Macri criticó agriamente cuando los negoció Cristina.
Pero bueno, son detalles, como fue un detalle de color escuchar a Michetti hablando en francés y en italiano… o algo parecido. Falta que hable en tibetano y cartón lleno.
Respecto a Trump, no hay mucho que decir. Trump es Trump aquí y en Júpiter. Dicen que además de fumar la pipa de la paz con China, vino porque quiere quedarse con la Patagonia, no con toda, sino solamente con la parte de abajo, donde está el petróleo. Pero son chimentos. Y que aquí estarían dispuestos a dársela, también son chimentos de la gente que es mala y comenta.
El caso es que tuvimos nuestro circo. Si bien solamente pusimos la carpa, un par de monos y toda la guita para que los poderosos hicieran sus roscas, sus tranzas y sus runflas, el hecho es que por un día Argentina estuvo en las tapas de todos los diarios. Para algunos esto significa que nosotros estamos en el mundo, lo cual debería ser obvio, porque si no estuviésemos, ¿cómo harían los usureros de siempre para cobrarnos, si no trabajan con extraterrestres?  
Es una pregunta.