Gambito de dama
Netflix

¿Hay algún deporte menos atractivo para una ficción audiovisual que el ajedrez? Probablemente no, pero Gambito de dama se sobrepone a cualquier prejuicio y se perfila como una de las mejores series del año. Creada por Scott Frank (nominado dos veces al Oscar por sus guiones adaptados de Un romance peligroso y Logan), esta ficción de siete capítulos está basada en una novela de Walter Tevis y tiene una estrella indiscutible: Anna Taylor-Joy, una actriz de apenas 24 años nacida en Miami que vivió en la Argentina en su infancia y tiene un desempeño realmente formidable en el papel de Beth Harmon, huérfana solitaria y de temperamento díscolo transformada en prodigio del ajedrez. Pero el relato no pone el foco exclusivamente en la capacidad que tiene la chica para hilvanar un jaque mate detrás de otro. También se ocupa de su afición por los tranquilizantes, su conducta errática y esquiva, sus zigzagueos amorosos, sus traumas, su lucha contra sus propios demonios y su indiscutible carisma, la fuente de energía principal de esta exitosa apuesta de Netflix. En términos de estilo, Gambito de dama usa muchos de los recursos y las tonalidades del melodrama. Pero le suma una oportuna impronta feminista y una gran sagacidad para contar con gracia y frescura los profundos cambios de costumbres que se produjeron en la cultura occidental entre los 50 y los 60. La recreación de época es ejemplar, de un nivel parecido al que encumbró a Mad Men. Como bien dijo Frank en una entrevista con la revista Entertainment Weekly, «Beth Harmon es la protagonista y la antagonista de esta serie». Por ella, efectivamente, pasan todas las líneas argumentales de Gambito de dama, las alegrías y las tristezas, los logros y los fracasos. En una época tan especial para las mujeres como la que vivimos, esta heroína sugestiva y singular llega justo a tiempo para la consagración: la inefable Beth patea el tablero y grita bien fuerte que llegó para quedarse un buen rato instalada en nuestra memoria. 

Alejandro Lingenti