Ganar tiempo
Presupuesto y FMI
La ley de leyes 2019 sigue a pie juntillas el programa del organismo internacional de crédito que aun en sus pronósticos más optimistas prevé un empeoramiento de las principales variables económicas. Descenso de la producción automotriz.
Diego Rubinzal

Loa buitres primero. El Fondo presiona al país por un ajuste que asegure los pagos de su deuda. (Mark Kanning/Alamy Stock Photo)

El apoyo del peronismo «racional» resultó vital para la sanción de la Ley de Presupuesto, que, como es sabido, incorpora todos y cada uno de los compromisos asumidos con el Fondo Monetario Internacional (FMI). En el proyecto del Ejecutivo quedó en evidencia que el recorte del gasto público –en pos del déficit cero– incluirá conceptos tales como subsidios, obra pública y transferencias a las provincias. «La Argentina demuestra una clara disciplina para acelerar el ajuste fiscal y llevar las cuentas públicas a un nivel de equilibrio primario en 2019», elogió la titular del Fondo, Christine Lagarde.
Sin embargo, el respaldo del directorio del Fondo Monetario solo permite ganar algo de tiempo. Aunque el refuerzo de las reservas logre estabilizar el frente financiero, sacudido en abril por la corrida cambiaria, las recetas fondomonetaristas profundizarán la crisis económica. La historia argentina y mundial es pródiga en lecciones al respecto. En su reciente libro, Globalizations and its discontents revisited, el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz repasa los resultados de la actuación del FMI en las crisis de Tailandia y el sudeste asiático (1997), Rusia (1998), la crisis financiera (2008) y Grecia (2010), entre otras. La conclusión a la que arriba el Nobel es que la intervención del «bombero» avivó el incendio, ya que en todos los casos, las políticas de ajuste profundizaron los problemas preexistentes. Por ejemplo, la tasa de desempleo se triplicó en Tailandia, se cuadriplicó en Corea y fue diez veces más alta en Indonesia.


Los términos del stand by firmado por Argentina replican esas viejas recetas de ajuste fiscal (déficit primario cero en 2019, superávit del 1% del PIB en 2020), monetario (congelamiento de la base monetaria hasta junio de 2019, altas tasas de interés), libre flotación del tipo de cambio y reformas estructurales (la Carta de Intención establece también el compromiso de «comenzar a evaluar una reforma del sistema de pensiones muy necesaria»).


Reacciones
El FMI es consciente de que esas políticas agravarán el cuadro económico-social. El informe técnico del Fondo (staff report) detalla, incluso, que el recorte fiscal es muy ambicioso «en relación a situaciones similares en otros países» porque se inscribe dentro del 5% más «duro» de todos los stand by otorgados por el organismo internacional de crédito. El Fondo, en sus proyecciones para 2019 –en el escenario más optimista–, pronostica una caída del PIB del 1,7%, una inflación del 32,5% y una relación deuda/PIB del 72%. Y este es el optimista. Mientras que en el pesimista, los números crecen exponencialmente: el PIB desciende un 6,3%; la inflación alcanza el 50% y la relación deuda/PIB llega al 116%.
En ese contexto, la burocracia fondomonetarista analiza en su informe las reacciones sociales al plan de ajuste. El staff report plantea que «a pesar de una situación económica complicada y una historia difícil con los préstamos del FMI, la oposición social al programa ha sido más moderada que la esperada». El mismo reporte destaca, además, el acompañamiento del senador Miguel Ángel Pichetto y un grupo de gobernadores peronistas. «Existe una amplia comprensión de algunos gobernadores que acompañaron el plan fiscal y además hubo declaraciones del presidente del bloque del Partido Justicialista del Senado que indican su respaldo», puntualiza el informe.
Aun así, la pregunta que flota en el ambiente es cómo responderán «los ajustados». Este es un tema que preocupa al Fondo. Y se pone en evidencia en el staff report, donde se sostiene que «es probable que sea difícil mantener el apoyo social y político para el ajuste propuesto por las autoridades, especialmente cuando la desaceleración económica se profundice. Este riesgo se ve agravado aún más por el hecho de que habrá elecciones nacionales en octubre de 2019».