Hacedor de futuro
Floreal Gorini (1922-2004)
Dueño de una convicción militante que sostuvo hasta los últimos días de su vida, fue parte fundamental de la historia del movimiento nucleado en el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos. Semblanza a 15 años de su fallecimiento.
Cora Giordana

Referente. Gorini tuvo una gran capacidad para marcar el camino en momentos cruciales. (Archivo Acción)

Esta inauguración significa para el Instituto poner en práctica, de una nueva forma, su constante preocupación para contribuir a que los sectores populares puedan reforzar su lucha por un mundo mejor. Otro mundo es posible. Debemos hacerlo entre todos, y es imprescindible comenzarlo ya», dijo Floreal Gorini en 2002, al inaugurar el imponente edificio del Centro Cultural de la Cooperación que hoy lleva su nombre. Es evidente que la consigna no quedó en el aire: la actividad del CCC trascendió rápidamente la Ciudad de Buenos Aires y hoy es uno de los mayores exponentes de Latinoamérica en cuanto a difusión del arte, las ciencias sociales y el pensamiento crítico. Fue el corolario de la incansable actividad de Gorini dentro del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos. Desde ese espacio defendió el cooperativismo con visión transformadora, con gran conciencia de la importancia de convocar a la juventud para que continuara el legado heredado de los pioneros de Rochdale.  
Gorini nació en Buenos Aires en 1922, en el seno de una familia de militantes, donde ya se respiraban los ideales de lucha por el cambio social. En 1945 ingresó como trabajador al Banco Industrial y a la par se comprometió con la actividad sindical: llegó a ser secretario general adjunto de la Asociación Bancaria y uno de los líderes de las históricas huelgas convocadas por ese gremio entre 1958 y 1959. Esto le valió el despido, como a otros miles de trabajadores. Sin embargo, gracias a esa trayectoria social y a sus conocimientos de la actividad bancaria, en 1960 el IMFC lo convocó cuando se decidió crear la filial Buenos Aires. En 1973 asumió como gerente general del IMFC y, luego de jubilarse, en 1992, pasó a formar parte del Consejo de Administración del Instituto, cuya presidencia asumió en 1998. «En nuestro movimiento sostenemos la idea de la gestión integral, de que el dirigente debe participar en la gestión y viceversa, y creo que Gorini expresó esto en la práctica. Fue durante más tiempo parte de la gestión, pero claramente, desde los inicios de esa trayectoria, ya era también un dirigente», afirma Daniel Plotinsky, director del Archivo Histórico del Cooperativismo de Crédito.
En 1966 se llegó a instancias decisivas cuando la dictadura de Juan Carlos Onganía intentó coartar la actividad de las cajas de crédito cooperativas mediante normas restrictivas para su operatoria. «Ya en ese momento, la figura de Gorini aparece como central, particularmente en el 66. Todos los testimonios lo ponen en un lugar determinante en un momento muy duro, cuando se debatía qué hacer con las cajas de crédito frente a los ataques de la dictadura de Onganía. Fue fundamental en ese momento y en muchas otras instancias cruciales», afirma Plotinsky. Gorini tenía claro que había que defender lo logrado hasta el momento por el movimiento y logró convencer a los dirigentes de entonces, que lo recuerdan con una gran capacidad para ordenar las ideas y marcar el rumbo a seguir. Así lo hizo también en otro momento de extrema complejidad, la dictadura cívico-militar de 1976, cuando las cajas debieron transformarse en bancos cooperativos. Lo guió siempre su visión del cooperativismo transformador, orientado a la búsqueda de un sistema económico y político más justo y equitativo.

Volver a los orígenes
Esa perspectiva, heredada de los pioneros de Rochdale, fue la que imprimió al cooperativismo nucleado en el IMFC; un carácter distintivo, que fue clave en la década de 1990, cuando conceptos como globalización, posmodernidad y muerte de las ideologías conformaban el discurso dominante. Allí, Gorini marcó nuevamente una diferencia, dándole énfasis al concepto de batalla cultural y recordando cuáles eran las ideas que dieron origen al IMFC. «Ya desde su fundación y desde su declaración de principios, el Instituto plantea que su objeto social va más allá de difundir la cooperación, entendiendo que para alcanzar las soluciones que nuestro país requiere en lo político, en lo económico, en lo social y en lo cultural es necesario la concurrencia de los distintos sectores que componen la sociedad, la necesidad de desarrollar un proyecto, un modelo, una propuesta de país que unifique a las grandes mayorías», afirmaba Gorini en 2003, durante una de sus últimas entrevistas. Y agregaba: «Hay un campo llamado popular que representa en primer lugar a los trabajadores, los sectores medios, los pequeños empresarios, la intelectualidad, los jóvenes estudiantes y trabajadores, que vienen siendo marginados, se reduce su incorporación a una participación en el ingreso económico». Por esto, consideraba vital aliarse con otros movimientos sociales, de trabajadores, de derechos humanos y desocupados, para torcer el rumbo de un sistema donde se incrementaban la exclusión, la marginación y la pobreza.



Luna Park, 1974. Discurso en el Día Internacional de las Cooperativas. (Archivo Acción)

Con esas ideas como bandera, ocupó entre 1995 y 1997 una banca en el Congreso de la Nación. Su actividad legislativa fue intensa: formó un grupo de colaboradores que se nuclearon en la Casa de la Solidaridad e impulsó 5 proyectos de ley, 81 de resolución y 97 de declaración. Todos vinculados a los derechos humanos y a reivindicaciones de los trabajadores: reducción de la jornada de trabajo sin quita salarial, participación y control de la sociedad en las políticas sociales, derogación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, regulación de los servicios de radiodifusión y la derogación de la Ley Federal de Educación, entre otros.
Quienes lo conocieron lo recuerdan como alguien en formación constante, apasionado por el conocimiento, desde la historia y la política hasta el teatro, otra de sus grandes aficiones. También se lo describe como un líder modesto, sobrio, que sabía escuchar a sus compañeros, con gran capacidad de análisis pero también de acción. «La batalla cultural, por ejemplo, se podría haber quedado en la concepción ideológica, pero más allá de esa visión, él sabía bajar las cosas a la práctica, no quedarse en el planteo por el planteo mismo. Un gran estratega que sabía cómo llegar a esos lugares, cóomo ejecutar esas decisiones», dice Plotinsky.

Teoría y acción
La cumbre de ese pensamiento y acción militante fue la inauguración, en 2002, de la sede del Centro Cultural de la Cooperación, proyecto que ya venía funcionando en otros espacios hasta que logró tener, en el imponente edificio de Corrientes 1543, un lugar acorde con sus desafíos. «Las ciencias sociales no son neutras, dependen de visiones del mundo, de intereses. Nuestra intención es aportar al desarrollo de las mismas desde la óptica de los dominados, desde la óptica de los oprimidos. Los grupos de investigación son el lugar central del CCC, ellos deberán conformar la teoría. Nos ayudarán a formar intelectuales y a generar nuestra propia identidad», decía en el discurso inaugural respecto de una de las principales actividades del CCC: el fomento a la labor de jóvenes investigadores en ramas que van desde educación, economía y política hasta salud y comunicación. También es un espacio de referencia ineludible en el ámbito artístico, con una cartelera teatral de gran calidad y prestigio. «El sentido del CCC –remarcaba Gorini en otro tramo de su memorable discurso– será hacer su aporte a la fundación de una cultura solidaria, emancipadora. Unidos a las luchas populares y a otras fuerzas sociales y políticas, construyamos todos una alternativa; estamos convencidos de que esa será la manera de ser verdaderamente libres». Gorini dejó de existir el 3 de octubre de 2004, apenas dos años después de aquel gran acto. Su mensaje, sus ideas y sus palabras, sin embargo, continúan más vigentes que nunca.