Hacerse visibles
Córdoba
Diez familias de Villa Cura Brochero conformaron Integrados, proyecto de trabajo asociativo para sus hijos con síndrome de Down. La idea fue de una psicopedagoga del lugar interesada en crear, más allá de un espacio de contención, una salida laboral.
Texto y foto: Bibiana Fulchieri

Entre todos. Los asociados generan gran sentido de responsabilidad y pertenencia.

Qué van a hacer de sus vidas?”, me preguntaba. Y siempre surgía la idea de un taller protegido, pero sentía que terminan siendo como un depósito. Hasta que se me ocurrió el armado de un proyecto laboral». Así recuerda Andrea Díaz los inicios de Integrados, cooperativa de Villa Cura Brochero, una pintoresca localidad en el Valle de Traslasierra, Córdoba. Los asociados son, en su mayoría, personas con síndrome de Down.
«Queremos que nos vean, porque existimos hace nueve años pero parece que somos invisibles», continúa Díaz, presidenta de la entidad, mientras ingresa a la sala donde los asociados se encuentran fabricando bolsas de distintos tipos: para cubrir bidones de agua, especiales para compost y para arena de corralón. «Primero se pone el rollo de plástico y enchufo la máquina, al calentarse empiezo a sellar y así salen las bolsas según el tamaño que decidimos; cortamos y las vamos apilando», cuenta Marco Ferrito, muy concentrado. «Cuando se amontonan yo las doblo una por una y armo los paquetes», agrega Macarena Moyano. Miriam Tapia, en tanto, cuenta: «Al terminar la escuela especial quería hacer algo, entonces mi hermano me trajo acá. Lo que más me gusta es que nos llevamos muy bien entre todos».
«Vine a Integrados a buscar alguna ocupación para Rodrigo Bustos,  mi hijo, y al verlo tan entusiasmado decidimos asociarnos», cuenta María del Carmen Merlo, secretaria de la entidad. Y agrega: «Siente un gran orgullo cuando se pone el buzo de la cooperativa, se sabe útil, tiene su dinero y lo maneja muy bien. Nos dimos cuenta de que como padres lo reteníamos en casa y lo que él necesitaba era esto, trabajar en grupo, afrontar responsabilidades».

Desde cero
Andrea Díaz es psicopedagoga. Dejó la provincia de Buenos Aires buscando una mejor calidad de vida en el Valle de Traslasierra y formar una cooperativa de trabajo desde cero se convirtió en el motor de su vida. «Conocí a estos chicos como maestra integradora y cuando egresaron llamé a sus padres, con los cuales había ya un vínculo de años, para preguntarles qué hacían estos adolescentes en sus casas. Todos me dijeron que solo veían televisión. Les propuse armar una cooperativa con diez familias asociadas, donde todos nos sintiéramos dueños y repartiéramos ganancias». No fue fácil, pero pudieron cumplir con todos los pasos requeridos por la ley: se capacitaron a través de la Secretaría de Cooperativas y Mutuales de Córdoba, hicieron el depósito inicial de las primeras cuotas de los asociados en el Banco Credicoop y cumplimentaron los trámites ante el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social.
Hoy fabrican 1.000 bolsas por semana. En una zona fuertemente turística, fueron clave para ubicar las bolsas  los hoteles, restaurantes y comercios. Pero la gran oportunidad la generó Manolito, empresa regional dedicada a la elaboración y distribución de agua y soda, que les compra bolsas para cubrir bidones. «Este cliente es quien incentivó muchísimo el sentido de responsabilidad a los chicos, porque sabían que si no había bolsas, el camión no salía a repartir», dice Díaz. Luego vinieron más clientes: los municipios de Cura Brochero y Mina Clavero y también la cooperativa eléctrica y la de agua de esa ciudad.  
La entidad no queda afuera, sin embargo, de la realidad que atraviesa la economía social en todo el país. «Estamos muy satisfechos con nuestro crecimiento y los productos que hacemos –dice la presidenta–, pero en estos momentos la situación económica es cruel: aumentaron los insumos,  los fletes, al alquiler lo tenemos que pagar en cuotas. Sería más sencillo dejar de trabajar pero en cambio trataremos de acceder a un microcrédito para comprar materia prima y producir para más clientes. Integrados –concluye– abrió las puertas a una vida mejor y ahora ya no pueden cerrarse».